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El lendakari Imanol Pradales ha reactivado una de las reivindicaciones culturales y políticas más persistentes del País Vasco: que el ‘Guernica’ de Pablo Picasso viaje por primera vez a Euskadi.
Tras reunirse con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el dirigente vasco defendió que el traslado temporal del lienzo sería un acto de “memoria histórica” y “reparación simbólica” hacia el pueblo vasco, además de un mensaje internacional sobre la barbarie de la guerra y el impacto devastador de las dictaduras.
La propuesta llega en un momento especialmente significativo. Pradales plantea que la obra se exhiba en el Museo Guggenheim Bilbao entre el 1 de octubre de 2026 y el 30 de junio de 2027, coincidiendo con el 90 aniversario del primer Gobierno Vasco y del bombardeo de Gernika, el ataque que inspiró a Picasso a pintar su obra más universal.
Para el lendakari, permitir que el cuadro viaje a la tierra cuyo sufrimiento retrata sería un gesto histórico: “un reconocimiento en este momento geopolítico de lo que supone una guerra y la atrocidad que deriva de las dictaduras”.
La reivindicación no es nueva. El Gobierno vasco ya solicitó el traslado en 1997, coincidiendo con la inauguración del Guggenheim, y volvió a hacerlo en 2006.
En ambas ocasiones, el Ejecutivo central rechazó la petición alegando motivos de conservación: la fragilidad del lienzo, su monumental tamaño y la complejidad técnica de cualquier desplazamiento.
Pero Pradales considera que, casi tres décadas después, es necesario volver a abrir el debate y estudiar si existen condiciones técnicas que permitan un traslado seguro.
Para ello, la vicelehendakari y consejera de Cultura, Ibone Bengoetxea, se reunió esta semana con el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, con el objetivo de solicitar un estudio técnico que determine cómo podría realizarse el traslado, qué condiciones serían necesarias y qué costes implicaría.
Pradales ha aclarado que no se ha pedido un informe de conservación como el que hizo público recientemente el Museo Reina Sofía, sino un análisis específico sobre la viabilidad logística y técnica del movimiento.
Un traslado con enorme carga política y emocional en el 90 aniversario del bombardeo de Gernika
El lendakari insiste en que cerrar la puerta a esta posibilidad sería “un error político”, y recuerda que la petición no es caprichosa ni improvisada: ha sido un reclamo constante de los distintos gobiernos vascos desde los años noventa. Su objetivo, subraya, no es solo traer el cuadro, sino trasladar una lección al presente: que el horror que Picasso plasmó en 1937 no vuelva a repetirse.
Las negociaciones continuarán después de Semana Santa, cuando ambos gobiernos volverán a reunirse para avanzar en los estudios y valorar si el traslado puede realizarse sin comprometer la integridad de la obra.
Hasta entonces, el futuro del ‘Guernica’ seguirá dependiendo de informes técnicos, decisiones políticas y de un debate que, casi un siglo después del bombardeo, continúa cargado de memoria, sensibilidad y significado histórico.