Han pasado cuatro meses desde su última aparición y la selección sigue refrescante y atrevida, fina y certera. En Villarreal aplicó una sesión de buen fútbol, juego abierto y profundo, ante un sparring sin mucho pedigrí, la Serbia de Paunovic, el ex del Oviedo. Es la última ventana antes del Mundial y el pronóstico es alentador, porque da igual quien juegue. A falta de otras maravillas arquitectónicas o singulares, el estadio del Villarreal emerge en el corazón de la ciudad de 40.000 habitantes como un monumento. La Cerámica se levanta en imponente amarillo mezclado con casas, edificios, parcelas, tiendas... Cuelga de ellas, les da sombra en la calle Blasco Ibáñez, en el Molí Bisbal, apenas diez metros separan la cubierta este de la calle Benicassim. Un recinto de fútbol integrado en una ciudad al cien por cien. No hay atascos en la llegada al lugar donde hoy juega la selección española, se aparca en un descampado vigilado a cincuenta metros del estadio, la gente se acerca ordenada por las calles aledañas, toma sus cervezas sin euforia violenta, hay partido grande y la afición aterriza desde la comarca de la cerámica, allí donde el Villarreal levantó un imperio desde la nada. La selección corresponde al público entusiasta en una puesta en escena de Luis de la Fuente que no deja muchas dudas. Unai Simon en la portería, por si había alguna incertidumbre, la exuberancia física de Llorente por la derecha, Rodri en el eje dirigiendo el tráfico, Fermín como enganche para premiar a un jugador que lo tiene todo: potencia, velocidad, desborde, gol. Álex Baena en la izquierda, a la espera de Nico Williams y su pubalgia y, naturalmente, el delantero con el que España espera hacer algo grande en el Mundial, Mikel Oyarzabal. Una alineación que suena a titular. El equipo que en función del rendimiento de los internacionales elegidos por De la Fuente, representaría a España si hoy empezase el Mundial en Atlanta. Un grupo que tarda en sacarse la carbonilla de encima, pesado en la circulación hasta que engranan las piezas. Cuatro meses sin memorizar caras, movimientos y sensaciones dejan un comienzo de partido algo plano que solo tarda 15 minutos en desperezarse. Oyarzabal zarandea al público y los televisores en una jugada magnífica de Lamine a Fermín, el pase sin tocarla de Baena y el zurdazo del capitán de la Real Sociedad, que mantiene su idilio con la selección. España es desde ese momento la maquinaria conocida del buen gusto. El grupo que se adentra en el rival con el balón, presiona alto, toca suave, gira rápido y defiende hacia adelante. Lamine chuta al palo, Baena empuja con fútbol y buenos tiros lo que no consigue en su club, Rodri mezcla con enorme elegancia y la arrancada de Fermín explica por qué Dani Olmo empieza en el banquillo. El equipo de siempre que se gusta y juega, se activa y encara, el campeón de Europa en el precioso estadio del Villarreal. Serbia apenas lanza una contra, la velocidad de Marcos Llorente cancela las demás y la selección se siente segura. Convencida de lo que hace, con esa seguridad apabullante en la posesión del balón llega el segundo gol. Pleno de confianza, Oyarzabal la pega duro como el pedernal desde fuera del área. Segundo del delantero titular. Es un amistoso y falta esa tensión del fuego real, la incertidumbre que procura el resultado, los alicientes en el enigma de lo desconocido. No hay tarjetas porque nadie hace una falta. Pero la selección juega intensa, sin contemplaciones, los futbolistas están ventilando su presencia en un Mundial y la competencia es severa. De la Fuente renueva la atmósfera con Ferran, Olmo y Víctor Muñoz. Y el aire fresco también le sienta bien a la selección, porque los nuevos muerden, defienden su candidatura y quieren su cuota. El tercer gol es una maravilla que fabrican los tres que entraron. Olmo en profundidad para Ferran, el taconazo estiloso del controvertido delantero y el remate con el exterior de Víctor Muñoz, que ha ocupado el territorio de Lamine Yamal. Una jugada estupenda que refrenda el proverbio conocido: da igual quien juegue en la selección, las bases son robustas y el equipo siempre se atreve.