Hace unos días habría vuelto a competir. Pero la manipulación de unos billetes de avión duplicó su sanción por dopaje y Mohamed Katir no podrá ponerse un dorsal de competición hasta febrero de 2028. En el atletismo, donde cada zancada se mide con precisión milimétrica y cada decisión puede alterar el curso de una carrera, Katir sigue siendo un enigma envuelto en controversia. El atleta 'muleño', que hace apenas unos años irrumpía en la élite mundial con marcas estratosféricas y medallas relucientes, permanece ahora en el limbo de una sanción que se ha extendido hasta alcanzar los cuatro años de duración. Su caso, un cóctel de incumplimientos, no sólo ha empañado su trayectoria, sino que plantea interrogantes profundos sobre su verdadero valor en la pista. ¿Llevaba años dopándose? ¿Es todo el resultado de sus despistes, como afirmaba su representante? ¿Será capaz de retornar en 2028 a lo más alto de la élite mundial? Tres incógnitas que el tiempo resolverá. A sus recién cumplidos 28 años, Katir aún tendrá años de alto rendimiento por delante, ya no tanto en 1.500 pero sí en 5.000 y 10.000 metros. Desde Murcia la noticia que llega es que Katir sigue entrenándose con una sola cosa en la cabeza: los Juegos de Los Ángeles. Miguel Mostaza, su representante, confirma a ABC que el atleta de origen marroquí «continúa corriendo y llevando a cabo su plan de preparación. También hace ciclismo para mantener la forma». Es el momento de preguntar a sus rivales. ¿Cómo valoran la situación de Katir los que se han medido con él en la pista? Nacho Fontes, uno de los mejores corredores españoles de 1.500 metros en la actualidad, no oculta su enfado. «Preferiría no volver a verlo competir» sentencia el granadino. «No me gusta ver en las pistas a nadie que haya sido sancionado por dopaje. Tolerancia cero. Ése es mi lema». Más drástico es Chema Martínez, campeón europeo de 10.000 metros: «Yo no me centro sólo en Katir sino en cualquier atleta que entra en el mundo del dopaje. Hay que ser más drástico con estos infractores, tiene que haber sanciones más ejemplarizantes, hay que ir más allá para que los jóvenes vean que no hay que entrar en el dopaje. Tal y como están las cosas, así no vamos a ningún lado, porque terminas poniendo todos los récords en cuarentena». Arturo Casado, campeón europeo de 1.500 metros, indica que «mediante el programa de localización se logra identificar a muchos atletas tramposos que roban éxitos a los deportistas honestos. Es una norma eficaz que ha permitido que atletas como Katir, que tanto daño han causado a muchos e sus rivales y a la credibilidad de nuestro deporte, pongan fin a una actividad deshonesta y fraudulenta en el atletismo». José Luis González, subcampeón mundial de 1.500 metros, desea «que cumpla su sanción entera. Y si quiere reivindicar su nombre y sus marcas, que vuelva y sea capaz de hacernos creer que esas marcas estaban hechas sin ayuda: eso sería bueno para él y para el atletismo español, que a veces se da mucha prisa en nacionalizar atletas con posibilidades de engordar el medallero». El mediofondista toledano, que llegó a batir 23 récords de España, añade que «después de muchos años en el atletismo y haber visto correr a muchos mediofondistas, no dejaban de sorprenderme las marcas y las carreras que estaba haciendo Katir. Eso es así». Gregorio Parra, la voz más autorizada en el atletismo tras varias décadas como comentarista en Televisión Española, opina: «Katir nos asombró con sus marcas, batió el récord de Europa y siguió logrando registros estupendos… pero luego supimos que no atendió a las normas antidopaje y su figura se desvaneció. Como consecuencia de los éxitos de Aouita y El Guerrouj, llegaron a nuestro atletismo los corredores de Marruecos. ¿Son todos tramposos? No, seguro que no. La realidad es que lograr grandes registros siendo limpio es mucho más difícil, ¿verdad, Eufemiano?» Chema aporta otro matiz: «Los positivos de Kenia, y en general toda la situación actual del dopaje, me da mucha pena, porque hace mucho daño a los valores del deporte. Yo creo que las sanciones de por vida, o algo similar, deben llegar, para mantener la credibilidad del deporte. Hay récords de España actuales que pertenecen a atletas sancionados por dopaje. Y creo que estos deportistas deben ser vetados para estar en la selección española. Ésa es mi visión, aunque quizá se pueda decir que esto podría ser discutible legalmente. No sé, pero hay que hacer algo, hay que ser más duro con el dopaje». Respecto a la vuelta a la competición de los atletas sancionados, Martínez tiene una opinión particular. «Yo creo que muchas veces estos atletas vuelven a competir porque ven que fuera el deporte no es fácil ganarse la vida, no es tan sencillo salir adelante, por eso retornan a las pistas». Recordemos los hechos, porque en el atletismo, como en la vida, la memoria es el mejor antídoto contra la repetición de errores. En febrero de 2024, Katir aceptó una sanción de dos años impuesta por la Unidad de Integridad del Atletismo (AIU) por no haber estado presente en tres ocasiones para que le realizaran los controles antidopaje. Un descuido que, en el argot del deporte limpio, equivale a jugar con fuego en un polvorín porque los atletas van siendo informados de cada fallo de localización. Saber que llevas dos faltas seguidas supone jugar a la ruleta rusa. Aquella suspensión, que iba a expirar formalmente el pasado 6 de febrero, parecía el final de un capítulo amargo. Pero no lo fue. La AIU, con su habitual tenacidad, investigó más allá y decretó que Katir había alterado intencionadamente documentos de viaje para justificar uno de esos fallos. El resultado: una segunda infracción por manipulación de pruebas, que sumó otros dos años de castigo. El Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), en una decisión emitida en noviembre de 2025, desestimó las apelaciones del atleta y confirmó la sanción de cuatro años, un golpe tremendo para un atleta. Katir, sin embargo, conserva sus resultados y premios previos, un matiz que no mitiga el mazazo para el atletismo español. Esta resolución, que llegó tras un proceso exhaustivo, subraya sin embargo la seriedad del sistema antidopaje: no hay atajos para un atleta que batió récords europeos en 3.000 y 5.000 metros. En diciembre, Katir rompió su silencio con un vídeo en Instagram en el que mostraba sus zapatillas Asics y se le veía corriendo en la cinta. «Entreno cada día y mi objetivo es claro: Los Ángeles 2028», declaró, proyectando una imagen de resiliencia. El mediofondista señalaba que aspira a regresar «con una mentalidad más madura y profesional», reconociendo así los errores del pasado. Era un mensaje que, en el contexto de su sanción, sonaba a redención. Pero en el tartán, las palabras se miden por tiempos, no por intenciones. Este martes Katir cumple 28 años —tendrá 30 en los Juegos de Los Ángeles— por lo que aún tiene margen para reinventarse. Sin embargo, el atletismo no espera: sus rivales seguirán evolucionando, y las zapatillas con placa de carbono seguirán batiendo récords y no perdonarán el tiempo perdido. El 'caso Katir', que ha sacudido el deporte murciano, trasciende lo individual. Para el atletismo español, que intenta un renacimiento bajo la presidencia de Raúl Chapado, la sombra del mediofondista sancionado es un recordatorio incómodo. ¿Cómo reconciliar el orgullo por sus logros —plata mundial en 5.000 metros en 2023, bronce en 1.500 en 2022— con la decepción de sus infracciones? La Federación española ha mantenido un perfil bajo, pero la lección es clara: la lucha contra el dopaje, o en este caso contra las formas de eludir un control, es implacable. No en vano, España vio caer en la época del presidente Odriozola por dopaje a ídolos como Marta Domínguez , Paquillo Fernández o Alberto García. Mientras tanto, Katir se entrena en la discreción de Murcia, lejos de los focos que un día lo iluminaron. Su regreso, si se produce, será escrutado con lupa. ¿Podrá recuperar el vuelo que lo llevó a desafiar récords de Europa? ¿volverá, pero a un nivel más bajo? El atletismo, ese deporte implacable donde manda el cronómetro y una zancada puede ser eterna o efímera, dictará sentencia. Por ahora, sólo queda la espera, y la esperanza de que, esta vez, la integridad prevalezca sobre la ambición.