Oprah Winfrey se hunde en la taquilla con su alegato multicultural de «Un pliegue en el tiempo»
El filme, un compendio de buenos sentimientos infantiles apoyados en la multiculturalidad y la diversidad, y con una mezcla de «alta astrofísica con ideas dignas de una secta espiritualista o cienciologista», solo ha recaudado 33 millones en su primer fin de semana en pantalla. Una cantidad incluso inferior a la conseguida por «Black Panther» en su cuarta semana en cartel. De esta manera, no parece que vaya a hacer rentable una producción que en total costó 103 millones de dólares sin contar con los gastos de promoción y que en el mercado internacional está pasando desapercibida.
Dirigida por Ava DuVernay y con Oprah Winfrey y Reese Witherspoon en su elenco, cuenta la historia de una adolescente que recorre el universo en busca de su padre, un extraordinario físico que descubre un pliegue en el espacio-tiempo a través del cual el viaje intergaláctico es posible.
Las críticas no fueron positivas desde el estreno. De hecho, el crítico de ABC Antonio Weinrichter la puntuó con dos estrellas sobre cinco con frases como «hay fuegos de artificio, pero no hay chispa. Visitamos planetas ignotos, desiertos se trocan en bosques animados y aparece un trío de hadas madrinas estupendas, pero ni por esas». Sin embargo, lo que peor parece que le está funcionando es el boca a oreja, con puntuaciones en las redes sociales realmente bajas (3,1 en FilmAffinity y 4,1 en IMBD).
Crítica de Un pliegue en el tiempo, por A. Weinrichter
La Disney que de un pequeño estudio independiente ha pasado a ser emblema del actual Hollywood corporativo ilustra aquí sus peores defectos. Es una adaptación, dicen, de un conocido libro infantil y la directora subraya que es una obra para espectadores de 8 a 11 años; o para que conectemos con ese niño que aún llevamos dentro. Pero creo que es una excusa: ningún ejercicio de introspección, ningún proceso freudiano de regreso a la infancia le daría sentido a esta fantasía inane que mezcla conceptos de alta astrofísica con ideas dignas de una secta espiritualista o cienciologista. Pero esa mezcla de arrugas cósmicas y del amor familiar como combustible para el hiperespacio no es lo peor; ha habido premisas peores y hay películas de culto como «Los 5000 dedos del Dr. T» que seducen pese a navegar por similares coordenadas.
El problema es que la sobredosis de efectos visuales y una incesante banda sonora que trata de cubrir los bostezos del propio relato no producen asombro ni sentido de lo maravilloso. Hay fuegos de artificio, pero no hay chispa. Visitamos planetas ignotos, desiertos se trocan en bosques animados (como en el primer corto Disney nominado al Oscar) y aparece un trío de hadas madrinas estupendas (más chez Disney) pero ni por esas. La única virtud apreciable es que el reparto integra mujeres y personas de color (aunque la gran Oprah aquí parece Divine, el travesti de John Waters); pero eso es un consuelo en Norteamérica, donde se fijan mucho en esas cosas. Aquí preferiríamos algo más parecido a «Bitelchús».