Cien recetas contra la lacra incendiaria
En síntesis, el documento, estructurado en cuatro partes, propone atacar los incendios desde la raíz. Esto es: desde sus causas estructurales. Por ello, propone a las autoridades actuar no solo sobre los dispositivos de extinción y prevención, sino desde la ordenación y planificación de los usos del monte, y principalmente desde su puesta en valor.
Una de las recomendaciones sustanciales del dictamen pasa por reformar las funciones de la Axencia Galega de Desenvolvemento Rural (AGADER), dotándola de capacidad para comprar y vender tierras, o intermediar entre los inversores que quieran apostar en el rural. Sería el caso, por ejemplo, de la creación de los polígonos forestales: un terreno en el que situar toda la capacidad productiva de una zona, más alla de ejecutar operaciones de concentración parcelaria. Incluso, el dictamen deja la puerta abierta a que la AGADER se haga con el control de las tierras de propietario desconocido, una medida que la Xunta ya incluyó —aunque a través del Banco de Terras— en el decálogo de actuaciones pactado con la Fegamp.
La invisibilidad en el catastro es desde hace años un viejo enemigo del rural y se antoja como una de las razones por las que no acaban de cuajar las iniciativas planteadas desde la administración. El razonamiento es sencillo: para concienciar al propietario de sus obligaciones, primero hay que identificarlo. Al final, dos tercios del monte (1,3 millones de hectáreas) están en manos de pequeños propietarios, y algunos comparecientes llegaron a estimar que solo ejercen como tales un escasísimo 3%.
Grupo de control
Cuestiones de propiedad al margen, el texto entra de lleno a valorar la ordenación, para la que aconseja seguir la senda marcada por el Plan Forestal para la ordenación de especies, la creación de un certificado de sostenibilidad, el impulso un inventario propio en Galicia o la simplificación normativa.
Pero el epígrafe más esperado es el de la extinción y prevención de los incendios. En primer lugar, la comisión señala la necesidad de centralizar bajo un solo ente dependiente de la Xunta la coordinación de las tareas, además de la prestar asesoramiento a los concellos. Junto a ello, apuesta por fundar un grupo compuesto por 6 expertos, a elección de los grupos parlamentarios, y dirigidos por el Jefe de Servicio de Extinción de Incendios. Se encargaría de pulir las carencias que cada año presenta el dispositivo y trasladarlas a la comisión del Parlamento antes de que dé comienzo la temporada de máximo riesgo.
Por lo demás, la comisión hace hincapié en el refuerzo de las comunidadades de montes y los espacios protegidos, el apoyo a la investigación policial y el empleo de nuevas tecnologías en prevención, o la aplicación de incentivos económicos y fiscales que generen riqueza en el rural:la clave de bóveda para paliar la despoblación, y con ella, favorecer el cuidado natural del monte.
Batalla política
Esas son las aportaciones del dictamen. La política, mientras, sigue su propia lógica. Ayer, los grupos se enzarzaron sobre la utilidad final del docmento y algunos minaron su utilidad bajo el pretexto de ser «el dictamen del PP». Una acusación que rehusó el diputado popular, José González, para quien todavía queda tiempo para sellar un consenso. Al menos, hasta que el «valiente» texto, como lo calificó durante su intervención, sea sometido al pleno del Parlamento, en el que previsiblemente será aprobado con los votos a favor del PP y PSdeG.
Los socialistas van en la misma línea. Para su portavoz en O Hórreo, Xoaquín Fernández Leiceaga la comisión ha servido para poner encima de la mesa «cambios de relevancia» y no para someter al PP a un «juicio», pese a que considera el informe como «una rectificación» a la política forestal de la Xunta y a la estrategia de ordenación de tierras, que no «funcionó como debía funcionar».
Desde En Marea, el diputado Davide Rodríguez lamentó las «carencias importantes» del dictamen, cuyas aportaciones cree que no van «al fondo»de la cuestión. Rodríguez llegó a acusar al PP de «arrasar» la voluntad de consenso con la que la confluencia había iniciado los trabajos. Por el bando nacionalista, Xosé Luis Rivas ‘Mini’ denunció que la comisión no hubiese servido para depurar «responsabilidades políticas» en el Gobierno autonómico y rechazó el texto final por no dar «el giro de 180 grados» que, en opinión del parlamentario del BNG, se necesita para finiquitar de una vez la plaga de los incendios en Galicia.
Las claves
La evolución positiva
El dictamen se extiende, al margen de aportar recomendaciones, en hacer un análisis de la evolución histórica de los incendios, en los que detecta una tendencia positiva. En el periodo comprendido entre 2006 y 2017, se registraron un total de 43.815 incendios, que calcinaron 310.106 hectáreas. Entre 2012 y 2017, se quemaron 7.000 hectáreas.
Las causas
El informe sentencia que tres de cada cuatro incendiso en Galicia son provocados, además de recoger la facilidad con que el rural acudía al fuego para generar pastos o eliminar rastrojo. A mediados de siglo XX, el monte arbolado suponía una cuarta parte de la superficie forestal. En 1975, con el éxodo rural, pasó a ser la mitad.
Refuerzo de la AGADER
El dictamen propone convertir la Axencia Galega de DesenvolvementoRural en un ente de compra y venta de tierras y de intermediación. Los polígonos forestales, otra propuesta paar generar valor.
Más ordenación
Ordenar las especies de acuerdo con el Plan Forestal, crear un inventario en Galicia, impulsar un certificado de sostenibilidad, o llevar a cabo la simplificación normativa, otra de las propuestas.
Centralización
El dictamen recomienda la creación de un grupo de expertos para detectar errores en el dispositivo de extinción, y la centralización de las tareas en la Xunta, mediante un ente instrumental.