Las malas hierbas toman Europa
El Viejo Continente es apetecible. Cientos de miles de personas buscan en él seguridad, derechos humanos y saciar su hambre. Y no son los únicos. Cada año Europa es destino de distintas especies foráneas que buscan crecer y multiplicarse en situaciones –muchas veces– mucho menos adversas que en su continente de origen. La lista negra de las especies invasoras vegetales en España, publicada por el Ministerio de Medio Ambiente, es de lo más variada. Del ailanto o árbol de cielo asiático, introducido por su interés ornamental, y que se puede ver en las cunetas de media España, al llamado «plumero» o «hierba de las Pampas», que ha crecido sin control por todo el país, pasando por plantas como el jacinto de agua, una planta acuática perenne, propia de ambientes tropicales de América del sur y de carácter muy invasivo, a la uña de gato, planta de origen surafricano que llegó a España en el siglo XIX. Esta última es frecuente en ambientes litorales, donde forma tapices ininterrumpidos que evitan el crecimiento de otras plantas, tiene un potencial colonizador y constituye una amenaza para las especies autóctonas. Bueno, esto último es algo que tienen muchas de ellas en común. Demasiado en común. De hecho, las especies exóticas invasoras son un problema significativo –y creciente– en toda la Unión Europea. Son una importante causa de pérdida de biodiversidad y ocasionan pérdidas económicas y sociales que cuestan más de 12.000 millones de euros al año a la economía europea.

