La crisis migratoria se dispara con la salida de medio millón de venezolanos en tan solo cuatro meses
Una cifra alarmante para un país que como menciona el coordinador de la crisis migratoria venezolana en la OEA, David Smolansky, no atraviesa por una guerra ni una catástrofe natural. Según los últimos datos recabados por la OEA, el país que más acoge venezolanos es Colombia con 1.600.000, seguido por Perú 900.000, Estados Unidos 422.000, Chile 400.000, Ecuador 350.000, Brasil 170.000 y Argentina 150.000. En menor medida, Panamá con 100.000 y México 70.000.
Otros países de Latinamérica y el Caribe donde han llegado los venezolanos son: República Dominicana 40.000, Guyana 36.000, Costa Rica 30.000, Curazao 26.000, Canadá 22.000, Aruba 16.000, Uruguay 10.000 y Bolivia 10.000. España, por su parte, es el país con la comunidad más grande de venezolanos fuera del continente, con al menos 300.000.
Para frenar este éxodo descalabrado de venezolanos, nueve países de la región han colocado restricciones para entrar a su territorio. Desde la tenencia de un pasaporte en vigor hasta un visado de entrada que puede costar entre 50 a 100 dólares. Algo impensable para una población donde el salario mínimo ronda apenas los 3 dólares. Ante este tipo de medidas, son muchos los que arriesgan su vida cruzando pasos fronterizos ilegales.
Ecuador, Perú, Chile, Trinidad y Tobago, Guatemala, El Salvador, Honduras y Panamá solicitan visa y, en unos meses. se sumarían Aruba, Curacao y Bonaire por petición explícita de Países Bajos.
Si Europa en algún momento se desbordó por la crisis de refugiados sirios (que alcanzó los 6,3 millones), en América no se dan abasto para seguir recibiendo venezolanos que cruzan fronteras caminando por la falta de alimentos, medicinas y oportunidades. Diariamente 5.000 venezolanos atraviesan a pie la frontera colombovenezolana y desde allí continúan su recorrido hasta Perú, Ecuador o Chile.
A penas 1,8 millones de venezolanos disfrutan de protección temporal con acceso a la salud, educación y oportunidades en los mercados laborales. El restante se encuentra en situación irregular en los países de acogida.

