Bosco Gallardo: «La Macarena me prestó la pluma de su saya para escribirle los hexámetros»
–Usted es cuchichí del barrio de San Miguel y por sus venas corre sangre de la aristocracia gitana y de burgueses vinateros.
–Correcto. Desciendo de grandes del cante como el señor Manuel Molina, primo de los Agujetas y los Parrillas y soy hijo de Antonio Gallardo Molina, uno de los letristas más requeridos por el mundillo. Por parte gachí tengo familiares vinateros.
–Curiosamente usted se define como el más gachó de su familia, ¿por qué?
–Porque no tengo ningún compás y mis gustos son muy internacionales
–Lo de la integración entre gachós y gitanos en Jerez viene de mucho antes de que se interesara por eso Asuntos Sociales…
–La cultura jerezana no se entiende sin la aportación gitana y nunca hubo rechazos étnicos. Yo te puedo servir de ejemplo.
–Lo suyo no es muy frecuente en el ambiente: admira a Woody Allen, le gusta el jazz, lee a San Juan de la Cruz, Juan Ramón Jiménez, Thomas Mann y tiene un hándicap 8 en el golf.
–(Risas) Como gitano soy un fracaso. Pero soy un perfecto gachó.
–¿Cómo se le dan las bulerías?
–Catastrófico. En Estocolmo la bailan mejor que yo.
–¿Pero se le hace un mundo dar una pataita en una zambomba?
–Se me hacen varias galaxias. Soy absolutamente incapaz de levantarme de la silla y dejar de disimular llevando el compás con los nudillos en la mesa.
–Curioso porque a usted casi lo bautizan con vino. Entre los recuerdos más bonitos que tiene de su infancia está la bodega de su tío…
–Me bautizaron en la pila de la parroquia de San Miguel, la de los grandes del cante. Y mi segundo bautizo jerezano fue en la bodega de mi tío Fernando, donde me dieron con cinco años un «torito». Una mezcla de oloroso seco con dulce. Vi la bodega dar vueltas a mi alrededor y yo me sentí panteísta con los olores y colores que me rodeaban.
–Tampoco son menos bonitos los recuerdos que tiene de su primo Miguel Loreto. ¿Nos cuenta alguno de éstos?
–Miguel era la felicidad. Para mí y para mis hermanos. Era la risa, la alegría de vivir, el ángel. Le encantaba colarse en los clubs privados de Jerez. Y además triunfaba.
–Qué pedazo de navidades se van a pegar en el cielo Miguel Loreto y Luis León…
–Van a cerrar todas las tabernas de la calle Parras y con el punto en lo alto querrán empezar los ensayos y hacer la igualá.
–Cuando usted se viene a Sevilla a estudiar Historia del Arte ya se siente macareno y le dice a la Virgen que tenía que cuidarlo porque Ella era su familia…
–En mi habitación tenía un retrato grande de la Esperanza y mis libros de EGB estaban llenos de estampitas de la Virgen que me regalaba Miguel Loreto. Cuando vine a Sevilla me fui a ver a la Virgen. Yo estaba regular. Y le dije: yo aquí soy tu familia y tienes que cuidar de mí. Y me hizo caso.
–En mi habitación tenía un retrato grande de la Esperanza y mis libros de EGB estaban llenos de estampitas de la Virgen que me regalaba Miguel Loreto. Cuando vine a Sevilla me fui a ver a la Virgen. Yo estaba regular. Y le dije: yo aquí soy tu familia y tienes que cuidar de mí. Y me hizo caso.
–Es una necesidad intima, personal, pero también un canto coral, familiar, puesto que la Virgen es nuestra madre.
–En ese libro usted elige caminos llenos de dificultades de arquitectura literaria. Porque además de prosa se atreve con soleares, hexámetros clásicos y sonetos shakesperianos. ¿Nunca le pesó mucho el costal de esa trabajadera?
–Sí, claro. Los hexámetros me llevaron meses de trabajo. Y es el grado de dificultad más grande que tuvo el libro. Pero la Virgen me prestó la pluma de su saya y con ella compuse del tirón algunos sonetos. Por ejemplo, el de Joselito El Gallo.
–Entiendo que tras esa prueba tan dificultosa se atreverá, como hizo su padre, con algún pregón…
–Ni soy capillita, ni soy pregonero. Soy macareno y jerezano por los cuatro costados. En mi vida se me ocurriría limpiar la plata. Pero sí la he limpiado con el otro libro: «Patrimonio inmaterial macareno».
–Ni soy capillita, ni soy pregonero. Soy macareno y jerezano por los cuatro costados. En mi vida se me ocurriría limpiar la plata. Pero sí la he limpiado con el otro libro: «Patrimonio inmaterial macareno».
–Porque en mi corazón solo está la Virgen de la Esperanza. Por más que lo intente sería incapaz de escribirle un romance a la Virgen Blanca de Vitoria.
–Qué es lo más incontrovertible que se le ha escrito a la Esperanza.
–La inscripción de Arco: Esperanza única de los mortales…