Tomás Pina (Villarta de San Juan, 1987), de profesión futbolista, contaba en China que «había pasado dos veces el coronavirus y se quedaban alucinados. Me preguntaban: '¿Has sobrevivido?' Porque entonces había mucho desconocimiento, allí nadie lo había tenido». Habla desde Castellón, donde ahora aguarda noticias del Henan Songshan Longmen , el club por el que fichó el pasado verano y al que está vinculado por contrato hasta final de este 2023. Eso sí, reconoce que no tiene ni idea de su futuro más inmediato debido a los vaivenes que el gigante asiático ha dado en la gestión de la pandemia. Ha sido testigo de un país que pasó de presumir de su política de covid cero, plagado de medidas delirantes para evitar los contagios, a eliminar todas las restricciones «de repente, de la noche a la mañana». «La idea es rescindir, pero puede pasar de todo. Al principio pensaba que me dejarían salir. Luego me dijeron que iban a cambiar las cosas y que podría ir mi familia. Y en los últimos días hay problemas con el presupuesto y pretenden hacer un reajuste de salarios», explica. El centrocampista manchego se doctoró en el Mallorca, subió un escalón en el Villarreal y estuvo «cinco años muy buenos» en el Alavés, «aunque es verdad que el último fue un poco más difícil por el descenso». En suma, más de 300 partidos en Primera división . Sin embargo, «quería un cambio de aires y era una decisión que más o menos tenía tomada. Había desgaste. Estaba abierto a probar en el extranjero, a algo diferente. A mí me habría gustado Japón. Apareció lo de China y decidí irme. Que el entrenador, Javier Pereira, fuera español, me llamara y me explicara cómo era la situación resultó fundamental», afirma. Aterrizó en agosto y, de entrada, hizo la cuarentena obligatoria en Pekín. «En el aeropuerto te montan en un autobús, te llevan a un hotel y te meten en una habitación diez días. Todo estaba forrado de plástico, asomabas un poco la cabeza y venían con el traje de astronauta. Una locura», recuerda. A continuación, «vino una persona del club a recogerme y nos fuimos a Zhengzhou (la ciudad del Henan Songshan Longmen)». «La experiencia fue bastante buena los dos primeros meses», admite. La gente iba con mascarilla, «pero tampoco se la veía asustada». Los restaurantes estaban abiertos, había vida en la calle e incluso permitían «un 30 ó 40 por ciento» de aforo en los estadios. Para moverse era imprescindible hacerse un test diario y poder enseñar el código verde en el móvil, lo que «te complicaba la vida un poco». Exiliados en una isla Aquella realidad pegó un volantazo radical cuando se registraron algunos casos positivos. Poquísimos. «A lo mejor había 60 entre una población de 10 millones, que en España sería de risa, pero se empezó a rumorear que cerrarían la ciudad y, efectivamente, la cerraron », relata. El confinamiento en China ha funcionado por provincias. El club de Tomás Pina se trasladó de Zhengzhou a la isla de Hainan, al sur del país, cerca de Vietnam, porque la Superliga no paró la competición y los equipos tuvieron que buscarse la vida. «Vivíamos en un hotel. Para los partidos de fuera dependía de si la ciudad estaba o no confinada. A veces estábamos en un aeropuerto cinco o seis horas esperando el resultado de un test. Otra vez veníamos de una ciudad que acababa de cerrar y no nos dejaban entrar en la siguiente, por lo que estuvimos dos o tres horas parados en la carretera». Y añade: «La madre, la mujer y el bebé de un compañero vinieron como diez días antes de que cerrara nuestra ciudad, él se tuvo que marchar y su familia se quedó. Al final, mejor que la mía no viajara conmigo». Entre medias se celebró el XX Congreso Nacional del Partido Comunista , donde el presidente Xi Jinping consiguió el aval para afianzarse en el poder, superando el límite de dos mandatos de sus predecesores. «El congreso para ellos es un acto superimportante y durante esa semana la gente no trabajó», expresa. El fútbol, en cambio, es un asunto menor pese a la ingente cantidad de dinero con el que logran atraer a los extranjeros. El jugador manchego, de 35 años, ha ganado en China el salario «más alto» de su carrera . El momento en el que se levantaron las restricciones coincidió con el final de la competición. A la última jornada llegaron el Wuhan Three Towns y el Shandong Taishan empatados a puntos. Ocurrió que los rivales de ambos tenían una mayoría de contagiados por covid, los dos partidos se cancelaron y el Wuhan, entrenado por el español Pedro Morilla, fue proclamado campeón por una mayor diferencia de goles. Un desenlace parecido en España entre el Real Madrid y el Barça sería... imposible. Pina fue captado por el filial del Mallorca cuando jugaba con el Móstoles en Tercera ABC El curioso caso del niño que no estuvo en ninguna cantera La trayectoria de Tomás Pina desmonta unos cuantos tópicos. Sí, se puede llegar a la élite sin haber pasado por la cantera de ningún club poderoso. Y sí, se puede tener un amplio currículum en Primera pese a no asentarse hasta los 24 años. El manchego refiere que «cuando tenía 13 ó 14 años y estaba en el Gimnástico de Alcázar , el Atleti se llevó a un par de compañeros». A él ni caso. Así que creció en el pueblo, se vino a Madrid a estudiar Periodismo y ya con 20 años el filial del Mallorca lo rescató del Móstoles, entonces en Tercera. Gregorio Manzano le dio la alternativa y el resto es historia. En Wikipedia aparece relatada, no sin guasa: «Partido a partido, don Tomás Pina ha demostrado la magia con la que maneja el esférico en la medular».