Lo que advierte esta experta judicial antes de financiar un coche y nadie quiere escuchar
El auge de la financiación en tiempos de inflación
La inflación ha empujado a miles de ciudadanos a financiar gastos cotidianos que antes eran impensables: desde la cesta de la compra hasta unas vacaciones. En este contexto, financiar la compra de un coche se ha convertido en una práctica común, aunque altamente peligrosa según algunos expertos.
La AEMET ha alertado sobre fenómenos extremos, pero las tormentas financieras también merecen atención. Según Fernández, el problema no está solo en el vehículo, sino en el contrato que lo acompaña.
Diana Fernández: "Es la peor operación que puedes hacer"
“Tengo clientes que viven en el coche”, advierte Diana Fernández. No se trata de una metáfora. Algunos consumidores, según la perito judicial, terminan hipotecando su bienestar por adquirir un automóvil que no pueden pagar, ignorando alternativas más asequibles.
El ejemplo es claro: un coche que cuesta 20.000 euros y se financia a plazos puede acabar costando 40.000 euros tras una década. Y al final de ese periodo, el valor real del vehículo puede haberse reducido a 10.000 euros o menos.
Una operación financiera insostenible
“Estás pagando el doble por algo que pierde valor cada año”, insiste Fernández. Este sobrecoste se debe a los altos intereses, comisiones de apertura y condiciones poco transparentes que suelen incluir los contratos de financiación vehicular. Todo ello, dice, roza la usura.
La perito recuerda que muchos contratos incluyen cláusulas abusivas difíciles de detectar a simple vista: cuadro de amortización opaco, intereses variables y gastos añadidos que inflan el coste total.
Lo que nunca debes hacer si vas a comprar un coche
El consejo de Fernández es rotundo: nunca financies un coche. “Es mejor uno de 3.000 euros al contado que uno de 20.000 financiado”, sentencia. La clave, dice, es ajustar la compra a la capacidad real de pago del consumidor, evitando endeudamientos que pueden volverse crónicos.
Además, pagar al contado permite negociar mejores condiciones y evita la trampa de los intereses compuestos que se acumulan con el tiempo.
¿Qué alternativas existen?
Optar por vehículos de segunda mano, compartir coche o usar transporte público son opciones más racionales para quienes no pueden asumir grandes desembolsos. Además, plataformas de movilidad compartida y alquiler por horas se están consolidando como soluciones urbanas eficientes.
Una cultura de consumo responsable
El problema, según Fernández, es también cultural: muchas personas compran por impulso o por imagen, no por necesidad. La falta de educación financiera y la presión social empujan a decisiones irracionales que afectan durante años.
“Lo importante no es el coche, sino tu estabilidad financiera”, concluye la experta.