Kiko Hernández deja Melilla con una carta en la que promete más guerra al gobierno
Kiko Hernández ha visto cómo su propia vida y la de su
marido corría peligro en Melilla. No solo por declararse en huelga de hambre y
no comer ni beber absolutamente durante días. Lo hacían por una buena causa y prometían llegar hasta el final. Lo que les ha impedido conseguir su objetivo y
reclamar la justicia que tanto se echa en falta en su caso, es el hecho de
haber sufrido una agresión en plena noche. Dice que los agresores fueron
contratados por altos mandatarios de la ciudad y ha dado jaque al Gobierno de
Melilla, lo que le sitúa en una delicada situación. De ahí que haya decidido
ahora decir adiós definitivamente y volver a Madrid.
El colaborador y su marido, Fran Antón, han vivido con dolor
el cierre de su restaurante ‘El Cielo de Melilla’. Cuentan con todos los
permisos, los papeles están en regla y tienen la razón, pero aun así la policía
ha precintado el local y les impide el acceso. Les están obligando a hacer las
maletas y abandonar su inversión, en la que pusieron 500.000 euros y todas sus
ilusiones. Más de un año de éxito que se ha saldado con un revés inesperado.
Así iniciaron una batalla para que se escuche su caso, aunque para ello
tuvieran que poner su salud en peligro con una huelga de hambre. Pero la
agresión que sufrieron la otra noche les ha hecho replantearse el panorama y
han optado por volver a la capital y comenzar de nuevo aquí.
La despedida de Kiko Hernández de Melilla
La ciudad de Melilla recibió hace tres años a Kiko Hernández con los brazos abiertos. Aquí se casó con Fran Antón, pero también comenzó a estrechar lazos con los dirigentes que le abrieron muchas puertas. Unas a la televisión local, otras a ser empresario en la región. Pero la simpatía hacia ellos se perdió y les declararon la guerra. El colaborador y el actor se han convertido en personas incómodas para las altas esferas y ante el miedo que han experimentado estos días, han decidido hacer las maletas y decir adiós.
Dejan en Melilla muchos recuerdos, algunos buenísimos, otros
amargos. Pero ahora Kiko Hernández y Fran Antón miran de nuevo al futuro con
optimismo y ya no con miedo. “Melilla, gracias. Gracias por estos tres años
intensos y maravillosos que se quedarán para siempre en mi corazón. Gracias a
tu gente, por su cercanía, su generosidad y su forma de acoger, por hacerme
sentir parte de esta tierra desde el primer día”, comienza a despedirse Kiko.
Lo hace mediante una sentida carta en la que plasma lo que
siente por la ciudad a la que debe decir adiós a la fuerza: “Aquí he aprendido,
he crecido y he comprendido la riqueza inmensa de todas las culturas que
conviven y dan vida a esta ciudad única. Me llevo lecciones que no se olvida y
vivencias que me han marcado para siempre”. Pone algunos ejemplos en los que
sus niñas son protagonistas, como cuando “pasaron aquí una parte de su
infancia, creciendo, riendo y aprendiendo en una tierra maravillosa que siempre
formará parte de nuestra historia”.

