El tiempo se agota
Estas elecciones autonómicas en Extremadura nos dejan varios mensajes a la izquierda y al centro derecha que no podemos eludir. Es incuestionable que el PP ha ganado las elecciones, pero si solo nos remitimos a eso haríamos una lectura demasiado parcial. La indignación social ha sido capitalizada por Vox que a partir de este domingo es más decisivo en la política extremeña y marca el camino que ya transita la derecha europea. La estrategia que podía interesar a Génova mete más presión y hace rehenes a sus presidentes de un Vox más fortalecido electoralmente.
La izquierda y especialmente el PSOE no han sido alternativa en estos comicios. El miedo a la extrema derecha se ha mostrado como una estrategia estéril e infructuosa. Las dificultades de las familias para llegar a fin de mes debido al incremento del coste de la vida o la dificultad para acceder a una vivienda no han motivado al electorado por optar a un cambio de gobierno, sino más bien por un castigo al sistema. El 15-M llevó a los electores a abrazar a una fuerza política como Podemos. Hoy la contradicción entre los datos macroeconómicos y la realidad de las familias trabajadoras les ha llevado a la abstención y en demasiados casos a la extrema derecha, y ha permitido romper el eje izquierda-derecha. Extremadura no es una comunidad con presión migratoria y, por tanto, es en el coste de la vida donde encontraremos parte de ese trasvase.
Estas lecciones demuestran que España no está aislada de una ola mundial donde el discurso ultra se está haciendo fuerte y cada vez encontramos más similitudes entre nuestros barrios obreros con la periferia de París o con zonas rurales donde previsiblemente resultaban más difícil ciertos discursos por la memoria reciente.
Todos tenemos parte de responsabilidad. No resulta creíble que la extrema derecha haya alcanzado estas cotas de respaldo social sin la cesión de los partidos mayoritarios en este país. No era una moda pasajera y ha sido un tremendo error pensar que en el corto plazo bien podía servir de muleta y blanquearlos o apoyarse en el relato del miedo para conseguir debilitar al adversario.
El recurso de votar para evitar que gobierne la ultraderecha está agotado. La gente vota con la esperanza de que la política transforme su vida a mejor. Su voto es su fuerza y no podemos vaciar el sentido de lo que significa para los ciudadanos. Nos iguala vengamos de la cuna que vengamos y al mismo tiempo nos hace más fuertes. Querer usar exclusivamente el miedo como dique de contención ante la extrema derecha ha provocado que la abstención y la indignación salte por encima del relato.
Una vez más han sabido transmitir soluciones simples, e imposibles de llevar a cabo, que van directas al corazón de los problemas de la gente. La precariedad laboral, la falta de vivienda o el encarecimiento del día a día les ha llevado a resultados extraordinarios en las grandes ciudades y en zonas rurales que tradicionalmente han sido feudos socialistas. La gente no se ha vuelto de derechas de la noche a la mañana, pero han mostrado su enfado a un sistema que siente que no les escucha ni les atiende como necesitan.
La ilusión vence al miedo
La ilusión vence al miedo y situar en el centro del tablero político a quien pretende mutar el sistema y mostrar como ineficaz a los instrumentos de nuestra democracia no ayuda a ganar la confianza de quien siente que lo está pasando mal a pesar de su esfuerzo y su trabajo.
Combatir la abstención y volver a ser alternativa de gobierno con unas elecciones municipales a la vuelta de la esquina y un carrusel de elecciones autonómicas, que el tiempo dirá cómo puede atragantarse al partido de Feijóo, requiere poner en el centro de la política los problemas reales y tangibles de la gente. Con humildad y sinceridad, reconociendo errores, escuchando a quien piensa diferente y poniendo los intereses de los españoles por encima de los nuestros, partidarios o propios.
Movilicemos a los ciudadanos en favor de la búsqueda de una España mejor para todos y todas, con más igualdad y lejos de privilegios. Los socialistas siempre hemos buscado gobernar en favor de todos, nos votaran o no. Jamás debemos hacerlo en contra de nadie, algo que además se ha demostrado infructuoso.
El PSOE donde se hace más fuerte es en cada barrio, en la calle, junto a la gente que lo pasa mal, que necesita nuestro apoyo. Eso es lo que nos fortalece y nos lleva a las instituciones y no a la inversa.
Esto exige escuchar de manera activa dentro y fuera de nuestras filas. Escuchar dentro del partido a quien tiene una opinión distinta a la tuya, pero los mismos valores y principios socialistas. Y del mismo modo, escuchar a quien crees que se sitúa en posiciones ideológicas distintas porque aspiramos a gobernar desde la mayoría para poder proteger a las minorías.
Esta ola que sigue avanzado de manera cada vez menos silenciosa solo se frena ofreciendo una alternativa creíble para construir un horizonte compartido, sin resentimientos y sin prejuicios. Necesitamos persuadir desde la razón y los derechos, que diría el fundador del PSOE, Pablo Iglesias Posse. Solo así se convence, mi militancia la entiendo así convencer más allá del resultado en el corto plazo, es lo único duradero.