¡Hasta Pronto Lic. Dardón!
A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de compartir con buenos amigos de mi papá que ya han trascendido este mundo. Entre ellos, Rodolfo Ulloa, a quien cariñosamente llamaba “Tío Rodolfo” y por quien llevo mi segundo nombre.También recuerdo a Mariano Chevez, un gran amigo de mi papá, quien siempre que tuvo la oportunidad me tendió la mano con mis emprendimientos. Platicar con él era fascinante por todas las historias y anécdotas que compartía.
Conocí al “Lic. Dardón” en los 80s, cuando aún era un niño. Era vecino, buen amigo y colega de mi papá en el edificio Géminis 10. Siempre educado, discreto y elegante; un buen amigo de mi padre, todo un gentleman y, también, un extraordinario profesional con quien mi papá compartió cafés casi todos los días por más de 25 años en la cafetería del Géminis. A mis 18 años tenía un emprendimiento de venta y mantenimiento de computadoras. “Dardón”, como le llamaba mi papá, todos los meses me confiaba su computadora para darle mantenimiento. Fue hasta años después que entendí que lo hacía únicamente por apoyarme y por el cariño que le tenía a mi papá, ya que no era necesario que a su computadora se le hiciera manteimientos tan seguido.
Marco Antonio Dardón Castillo nació en El Progreso el 20 de enero de 1943. Se graduó como Abogado y Notario de la Universidad Rafael Landívar en 1972 y fungió como Presidente del Congreso de la República en el período de 1990 a 1991. Ejerció la profesión de abogado por más de 50 años y siempre fue un profesional muy respetable y un hombre de familia.
En una ocasión, redacté un amparo en contra del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), ya que se le había negado un medicamento a mi hija mayor, Andrea, al ser diagnosticada con esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa, se le prescribió un medicamento que debe aplicarse por vía intravenosa cada seis meses de por vida. Al negarle el IGSS a mi hija el medicamento conocido comercialmente como Ocrevus, de la casa suiza Roche, procedí a redactar un amparo ante la Corte de Constitucionalidad para hacer valer su derecho a recibirlo. Llegué a la oficina del Lic. Dardón con mi amparo impreso y le pedí favor de firmarlo. Según yo, había redactado el mejor amparo jamás escrito. El Lic. Dardón leyó el documento y me dijo, “… a esto hay que hacerle unos pequeños cambios”. Y así pasamos cuatro días seguidos, de 9:00 de la mañana a 9:00 de la noche, mi papá, el Lic. Dardón y yo, trabajando en el documento. En realidad, el Lic. Dardón y mi papá prácticamente lo redactaron desde cero, y yo recibí una cátedra de derecho como nunca en la vida. Aprendí más en esos cuatro días que en años de universidad.
El Lic. Dardón terminó redactando un documento perfecto, sin descuidar una sola coma, estampó su firma y llevó todo el proceso hasta que la Corte de Constitucionalidad amparó a mi hija definitivamente y le garantizó su medicamento de por vida. Nunca pude demostrarle plenamente mi gratitud al Licenciado Dardón por lo que hizo por mi hija, ni tampoco la
vida me dio la oportunidad de corresponderle ese gran favor. Siempre le estuve profundamente agradecido.
Lamentablemente, el sábado 2 de mayo falleció, tras una dura lucha contra el cáncer. Sirva esta columna como un humilde homenaje al Licenciado Marco Antonio Dardón Castillo, deseándole eterno descanso y cristiana resignación a su familia. Hoy, más que recordarlo como político o abogado, lo recuerdo como un buen hombre y un gran amigo de mi papá. De esos que dejan huella sin decir nada, y que cambian vidas, como cambió la de Andrea, con un acto de generosidad que nunca podré olvidar. ¡Hasta Pronto Lic. Dardón!

