El blanco perfecto, por Mirko Lauer
Para su buena suerte, Donald Trump vive rodeado de malos tiradores. El primero no fue tan malo, puesto que le dio en la oreja, en plena campaña electoral. Este segundo ni siquiera pudo poner en marcha el magnicidio. En ambas ocasiones Trump salió rodeado de una aureola heroica. Aquella le sirvió en el camino a la presidencia; esta lo ayudará a ganar en noviembre.
¿Es que él mismo arma estos complots terroristas? No necesariamente. Pero el republicano es un violentista que atrae la violencia, en un país donde disparar contra el presidente es casi una tradición. El balance es cuatro presidentes asesinados en 100 años, y muchos intentos, por los más variados motivos.
Quizás una tradición, pero no un récord. El propio Perú tuvo cuatro presidentes asesinados en algo menos de 100 años. Desde la muerte de Luis Sánchez Cerro, en 1931, la cosa se ha calmado, en cierto modo reemplazada por gran cantidad de autoridades menores ejecutadas por bandas del crimen organizado por todo el país.
Trump no necesita armar terroristas, pues su personalidad y forma de actuar los atrae, sobre todo a los sospechosos de desequilibrio mental. Un mandatario tan desafiante a escala mundial ha dicho cosas y realizado actos que lo ubican en la mira de millones de personas. Más todavía en un país y época donde hasta los colegiales son blanco de tantos locos.
¿Qué va a hacer Trump con su seguridad a partir de aquí? ¿Seguir confiando en su buena suerte y en la eficiencia del Servicio Secreto que lo cuida? Alguna vez advirtió que los atentados se volverían más violentos, pero eso no lo llevó a cuidarse más. Sobre todo porque en su caso particular el peligro viene desde todas partes.
Solo la conducta de Trump en el Medio Oriente debería bastar para movilizar a numerosos fanáticos buscando al mandatario con una mezcla de lo religioso, lo político y lo nacionalista. A eso se puede sumar el predicamento de los deportados a la mala desde los EE. UU. Todo esto hace pensar que este presidente está pedido por más de un asesino.
¿Cuántos atentados puede vivir, y sobrevivir, un presidente tan polémico? Es posible que a partir del tercer conato la gente empiece a dejar de creer en ellos, y los vea como parte de una máquina publicitaria.

