Durante años, el apellido Molina fue sinónimo de arte. Hijo del mítico Antonio Molina y hermano de Ángela Molina, Miki Molina creció ligado a una de las sagas más conocidas del panorama artístico español. Durante los años 80 y 90, logró convertirse en uno de esos rostros habituales de televisión, cine y prensa rosa. Series como 'Lleno, por favor', 'Ana y los siete' o 'Centro Médico' le llevaron a ser el actor de moda y a convertirse en todo un sex simbol, haciendo que su vida personal generara más titulares que trayectoria profesional. Si hubo una etapa especialmente mediática en su vida, fue la que protagonizó junto a Lydia Bosch. Se conocieron en los años 90, cuando ambos trabajaban en 'Lleno, por favor', y rápidamente se convirtieron en una de las parejas más fotografiadas del momento. Su romance fue muy sonado y copó muchos titulares del papel couché. Jóvenes, atractivos y famosos, eran la pareja de moda. En 1992 nació su hija Andrea y dos años después decidieron casarse. Pero aquel cuento de hadas apenas duró un año más. Su separación vino después cargada de polémica y de cruce de reproches. Antes y después de esta relación, su nombre también fue relacionado con otras mujeres muy conocidas, como Ana Obregón, con quien protagonizó uno de los episodios más recordados y polémicos de su vida. Corría diciembre de 2001 cuando unas imágenes de Ana Obregón y Miki Molina en actitud comprometida dentro de un coche desataron una auténtica tormenta mediática. En un arrebato de fogosidad, ambos se dejaron llevar en el interior de un vehículo aparcado cerca de la iglesia de La Moraleja y lo demás, ya es historia. «¡¡El mayor escándalo del año!! Ana Obregón y Micky Molina pillados en plena faena», decía la portada de la revista 'Sorpresa', con las imagenes del interior del coche. Aquella portada generó ríos de tinta. Las fotografías fueron la comidilla durante meses hasta que terminó en los tribunales. La actriz denunció a la publicación por vulneración de su intimidad e imagen, y la justicia le dio la razón, condenando a los responsables de la revista a pagar 30.000 euros. Con el tiempo, la propia Ana Obregón aseguró que «no pasó nada» en aquel coche, aunque las fotos hacían creer lo contrario. En el verano de 2019, el actor fue investigado por un atropello a una niña en un aparcamiento de un restaurante de Santa Eulària. Tras someterse al test de alcoholemia, el actor dio positivo en las dos pruebas que le realizó la Policía. Aunque la familia implicada llegó a defenderle públicamente, aquello supuso un golpe importante para él. Un episodio que, según comentó después, le afectó profundamente. En declaraciones posteriores insistió en que no estaba ebrio, pero siempre quedó la sombra de la duda. Poco a poco, el desgaste de años de exposición, titulares y polémicas fue pasandole factura. Y entonces llegó el cambio, Miki Molina decidió romper con todo y marcharse. «Tomé la decisión de irme al campo. Voy a cumplir 63 años y quiero disfrutar esta etapa», explicaba a 'El Mundo'. Según apunta 'OkDiario', hoy su realidad es radicalmente distinta. Vive en un pueblo de apenas seis habitantes, rodeado de vacas, gallinas, corzos y jabalíes. Una existencia silenciosa en la que el gran protagonismo lo tiene Alma, su border collie. Lo que para muchos podría parecer una retirada, para él es todo un mérito. «En este sentido he triunfado. Mi vida no es acelerada, tiene otro tempo», asegura. Y quizá ahí está la verdadera transformación de Miki Molina: pasar de una vida marcada por focos, romances y escándalos a otra donde los ritmos son diferentes.