Vox pierde afiliados por el «descontento con decisiones políticas»
Vox quiere poner sordina a los líos con sus ex y actúa como si no pasara nada. Trata de convencer al personal de que las costuras andan sólidas dentro y que lo único que hay son ataques de naturaleza externa auspiciados por el PP.
La realidad, digan lo que digan, es que en los últimos meses el partido ha llevado a cabo una purga sin precedentes contra cargos en activo o retirados, bien por desacato, bien por criticar el rumbo ideológico o bien por cuestionar algunas decisiones de índole económica.
Santiago Abascal ha decidido enviar al cadalso incluso a aquellos que le ayudaron a fundar el partido. Antaño dos pesos pesados: Javier Ortega Smith, que fue secretario general, e Iván Espinosa de los Monteros, portavoz en el Congreso de los Diputados.
Unas cuitas que empiezan a pasar factura en el plano orgánico. Desde febrero, cuando Abascal le declaró la guerra a Ortega Smith con el intento fallido para relevarlo de portavoz del grupo en el Ayuntamiento de Madrid, la cifra de afiliados de Vox en la Comunidad madrileña ha iniciado un camino descendente, con dos meses consecutivos de bajas: 64 entre marzo y abril, tal y como viene reflejado en un informe interno elaborado el pasado 5 de mayo al que ha tenido acceso LA RAZÓN.
Lo destacado, sin embargo, es que la mayoría de los que deciden romper el carnet de militante (26) lo hacen por su «descontento con decisiones políticas». Otros tantos aducen (16) a «motivos personales» y, en concreto, dos achacan su decisión al «descontento con la organización». Fuentes de la formación explican que la cifra de 15.494 afiliados en la comunidad madrileña no es real.
Porque Vox no actualiza su base de datos y contabiliza como militantes «no activos» a los que han dejado de pagar. Por lo que, matizan las fuentes consultadas por este diario, las bajas, en realidad, son «muchas más».
¿Cuántos afiliados tiene Vox?
Las 64 personas que vienen catalogadas en el informe interno como «bajas» son las que han realizado todo el proceso para romper el carnet. Es decir: han cumplimentado el formulario en la página web.
En el balance, son más los que salen de los que entran. Una «tendencia» que, sostienen, se está dando no sólo en Madrid, sino en el resto de territorios. «Estamos a la baja en toda España», lamenta una persona del partido, que cifra en «unos 22.000» el número total de los afiliados que están «al corriente de pago».
En las últimas semanas, Vox ha conseguido desplazar el ruido interno y se ha centrado en la campaña andaluza. Aunque los críticos andan con la escopeta cargada. El resultado en Castilla y León, donde el partido apenas subió un punto y no logró la meta que se había fijado de superar la barrera del 20%, agitó las aguas internas.
La teoría de los fulminados es que, si sucede algo parecido el próximo domingo, «se abrirá una vía» para exigir responsabilidades a la cúpula. Las perspectivas son agridulces. La demoscopia apunta a una posible subida, que sería notable si Juanma Moreno pierde la mayoría absoluta y estéril si consigue revalidarla. En cualquiera de los dos escenarios, también es bastante palmario el retroceso en la intención de voto.
Hace dos meses, en Andalucía, Vox atravesaba una primavera política que no sólo lo consolidaba como tercera fuerza política, sino que lo proyectaba como un actor capaz de disputarle el segundo puesto al PSOE en algunas provincias clave. A escasos días de la cita con las urnas queda desdibujada cualquier posibilidad de sorpaso. Si acaso, en Almería.
El sondeo que publicó ayer este diario es de lo más ilustrativo: con respecto a Macarena Olona, que consiguió crecer dos diputados, pero pinchó en las expectativas con una campaña de lo más errática, Vox apenas mejoraría unas décimas. Repetiría con los trece puntos y, como mucho, subiría un escaño. De confirmarse el resultado, los críticos dispararían contra la cúpula. «¿No era el mejor momento de Vox? ¿Cuántos años vamos a esperar para ser primeros, 225?», ironiza uno de ellos.