La cuenta atrás para una de las ediciones más controvertidas de Eurovisión ha comenzado. Este martes arranca la primera semifinal de un festival marcado por la polémica. Primero, por la ausencia de España, que finalmente no acudirá tras cumplir su amenaza de no participar si Israel estaba presente. La Unión Europea de Radiodifusión, esto es, los organizadores del concurso, plantearon en diciembre un debate sobre la posibilidad de modificar las bases y expulsar a Israel. La medida no prosperó y España, junto a otros cuatro países —Países Bajos, Irlanda, Eslovenia e Islandia— decidieron retirarse en esta edición. Es una situación sin precedentes para España, que además forma parte del Big Five , es decir, los cinco países que más aportan económicamente al festival y que tienen pase directo a la final. También es histórico porque será la primera vez que España no participe desde su debut en 1961. La decisión fue firme y tajante incluso antes de celebrarse la votación de la UER. Meses atrás, el presidente de RTVE, José Pablo López, había comunicado formalmente la decisión de no participar en caso de que Israel asistiera. «Mantenemos la misma posición por dos motivos: por el genocidio perpetrado en Gaza y que el festival es un concurso pero los derechos humanos no», reconocía el pasado noviembre López. La ausencia de la delegación española va más allá de una posición en un ranking o incluso su aportación económica. Su no participación también podría impactar sobre la distribución de puntos y estrategia de otros países ya que en este caso, nuestro país es uno de los que más aportación realiza a través del televoto, de modo que su ausencia podría desnivelar los resultados habituales. A pesar de que la UER ha tratado de aportar normalidad al asunto, la alfombra turquesa que marca el inicio del festival no ha estado exenta de polémica. La seguridad, reforzada con los años, cobra especial relevancia este año . Aun así, esta protección no ha impedido que espontáneos aparezcan con banderas palestinas entre el público que daba la bienvenida a los artistas en las calles de Viena. Aunque nada que ver con el desfile del año pasado en Basilea, donde los manifestantes interrumpieron el camino del representante Yuval Raphael. En esta edición las manifestaciones han sido prácticamente nulas hasta ahora, más allá de algún espontáneo. La polémica también ha rodeado al representante israelí, Noam Bettan, quien publicó un vídeo solicitando el voto para su país en múltiples idiomas: italiano, maltés, ucraniano, azerbaiyano, neerlandés, inglés, francés, portugués, sueco, alemán, español y griego. Animaba a los seguidores a otorgar diez puntos a Israel en la primera semifinal. La UER tomó medidas: Martin Green, director ejecutivo, aseguró que contactaron de inmediato con la delegación de Israel para pedir que « pararan la distribución de los vídeos y los eliminaran de todas las plataformas ». Y así lo hicieron. La actuación tan rápida de la UER tiene un motivo y es que tras la polémica del año pasado, algunas delegaciones, incluida España, señalaron posibles desequilibrios o manipulación del voto. Israel quedó en segunda posición en 2025 con 357 puntos, 297 de ellos provenientes del televoto, y España otorgó sus 12 puntos de televoto a Israel. «Quiero poner encima de la mesa el incumplimiento de Israel de las normas del concurso. Ha tratado de influir en el resultado al menos en los dos últimos años y no se ha penalizado. Cualquier otros país que hubiera hecho eso hubiera estado suspendido y sancionado. Las medidas son necesarias pero insuficientes », confesaba el presidente de RTVE pidiendo una revisión del reglamento en noviembre en la Comisión de Control. Tras quejas de varios países y una reflexión de la organización, la UER decidió endurecer las reglas sobre promoción para evitar que factores externos alteren el resultado final. El uso de redes sociales para promover el voto ha generado un seguimiento más riguroso de la UER, que teme que estas iniciativas puedan influir de forma desproporcionada en los resultados. Ahora tratan de limitar campañas masivas que influyan directamente en el voto del público. Las delegaciones y artistas, por ejemplo, tienen prohibido participar en iniciativas que promuevan el voto a través de terceros, pudiendo ser sancionados en caso de incumplimiento. « Este comportamiento no se ajusta a las reglas ni al espíritu del concurso», reconoció Green, quien aseguró que se había enviado una advertencia formal a Kan y que continuarán «vigilando de cerca las actividades promocionales», incluso considerando medidas adicionales si fuera necesario. Por su parte, la cadena israelí reafirmó a la noruega TV2 que la iniciativa del artista cumplía con todas las normas exigidas y que la relación con la organización es «estrecha». «El incidente en cuestión surge de una iniciativa propia del artista y su equipo, sin ningún tipo de financiación ilegal, y es similar a la publicidad realizada por otros artistas en el concurso. Atendiendo al deseo de la UER, el artista ha dejado de utilizar los vídeos». La primera semifinal ya está aquí, y con ella, todas las miradas se dirigen a Viena. Como en los últimos años, el martes y el jueves serán las dos semifinales y el sábado, la final. Una final que no se podrá ver en España. RTVE ha programado para esa noche en La 1 su nuevo programa 'La casa de la música'. Queda por ver si la música conseguirá imponerse y devolver a Eurovisión al terreno musical que siempre ha defendido, o si estas polémicas marcarán el futuro tras una edición que ya promete hacer historia.