Pablo Madrid (enfermero): «El talento enfermero existe; lo que falta es un sistema que permita su desarrollo»
Todos recordamos la cara o el nombre de esa enfermera que nos tranquilizó en una sala de urgencias cuando pensábamos que algo iba mal, que nos distrajo con una historia divertida mientras nos ponía la vía o que cuidó con cariño de un familiar durante su estancia en el hospital. Ellas son profesionales imprescindibles y de las más valoradas por la sociedad. Sin embargo, la profesión continúa enfrentándose a importantes injusticias dentro del sistema sanitario: desde una clasificación profesional que no reconoce plenamente su formación universitaria y limita su acceso a puestos de responsabilidad, hasta la falta de desarrollo de especialidades, el déficit crónico de profesionales, el impulso pendiente de la investigación enfermera o el debate abierto sobre la prescripción en la futura reforma de la Ley del Medicamento.
Para analizar el presente y el futuro de la profesión, conversamos con una de las voces clave de la enfermería española: Pablo Madrid, uno de los referentes colegiales más valorados por su cercanía a la realidad diaria de las profesionales. Madrid es presidente del Colegio Oficial de Enfermería de Ciudad Real.
Hablamos de plantillas tensionadas por dificultad para cubrir puestos y profesionales que se marchan buscando mejores condiciones. ¿Este déficit está comprometiendo la calidad asistencial?
En España, existe un déficit estructural de enfermeras que está comprometiendo directamente la calidad y la seguridad asistencial. Actualmente, la ratio media en España es de 6,36 enfermeras por cada 1.000 habitantes, claramente por debajo de la media europea, que ronda las 8,5. Para alcanzar ese nivel necesitaríamos entre 100.000 y 130.000 enfermeras más y, al ritmo actual, podríamos tardar más de veinte años en equipararnos. Todo esto tiene un impacto directo en la calidad de los cuidados, en la seguridad de los pacientes y en el funcionamiento del sistema sanitario. Estamos trabajando con márgenes de seguridad mucho más reducidos que otros países europeos y eso también provoca que muchas compañeras decidan emigrar buscando mejores condiciones laborales y profesionales.
La reforma de la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS) vuelve al debate porque muchos consideran que se ha quedado obsoleta frente a la evolución académica y competencial de la enfermería.
¿Qué cambios serían prioritarios?
Desde el Consejo General de Enfermería de España no pedimos una reforma genérica, sino cambios muy concretos para que la ley refleje la realidad actual de la profesión. Lo primero es reconocer, sin ambigüedades, las competencias reales que las enfermeras ya ejercemos en la práctica diaria. También es fundamental incorporar plenamente nuestra capacidad prescriptora dentro del ámbito competencial enfermero, algo que ya ocurre en muchos casos, pero que todavía no está bien integrado en las grandes leyes sanitarias. Además, debe producirse un reconocimiento profesional acorde al nivel académico. Las enfermeras somos graduadas universitarias, tenemos másteres, doctorados, investigamos, damos clase y contamos con especialidades que añaden dos años más de formación. Sin embargo, seguimos encuadradas en el grupo A2. Por eso reclamamos pasar al A1 y que existan puestos acordes a nuestras competencias reales. Y, por supuesto, hay que desbloquear las especialidades enfermeras, muchas de ellas paralizadas desde hace años. El sistema sanitario no ha evolucionado al mismo ritmo que la profesión y eso está suponiendo desaprovechar gran parte del potencial enfermero.
Se habla de liderazgo e investigación enfermera, pero muchas profesionales sienten que su trabajo sigue siendo invisible. ¿Qué debería cambiar?
El problema no es la falta de capacidad de las enfermeras, sino que el sistema no nos permite ejercer plenamente todo ese potencial. Las enfermeras debemos estar presentes en los espacios donde se toman las decisiones estratégicas del sistema sanitario. Tenemos formación, experiencia y capacidad para liderar en el ámbito clínico, gestor, docente e investigador. Sin embargo, seguimos encontrando barreras estructurales y un techo de cristal evidente. Ahí están las recientes sentencias de Extremadura y Baleares, que impiden a una enfermera coordinar un centro de salud, algo completamente anacrónico. Históricamente, además, la enfermería ha sido una profesión feminizada y menos valorada, y eso también influye. Pero esta evolución ya es imparable. El talento enfermero existe; lo único que falta es un sistema que le permita desarrollarse plenamente.