Día de las Enfermeras 2026: celebrar, sí; conformarse, no
Hoy se celebra el Día Internacional de las Enfermeras y, como cada 12 de mayo, el reconocimiento a la profesión se multiplica dentro y fuera del ámbito sanitario. Es justo hacerlo: pocas profesiones sostienen con tanta constancia, cercanía y responsabilidad el sistema de salud durante los 365 días del año. Sin embargo, la celebración vuelve a convivir con una realidad incómoda: las enfermeras siguen enfrentándose a desigualdades estructurales que no terminan de corregirse.
En las últimas semanas, decisiones judiciales han vuelto a poner de manifiesto esta situación. La anulación del nombramiento de una enfermera como directora de zona básica de salud en Mallorca, o casos similares ocurridos en otras comunidades, evidencian un problema que no es puntual, sino sistémico. No se cuestiona la capacidad profesional, sino el encaje administrativo en una clasificación obsoleta.
El origen de esta anomalía está en una normativa que no ha cambiado con los avances de la profesión. La inclusión de las enfermeras en el grupo A2 de la función pública responde a una etapa en la que su formación era una diplomatura. Hoy, sin embargo, somos un grado universitario de cuatro años, y podemos ser especialistas y cursar másteres y doctorados. Sin embargo, ese cambio académico no ha tenido una traducción justa en su reconocimiento profesional. El resultado es una contradicción difícil de sostener: profesionales altamente cualificados limitados por un marco legal desfasado.
Esta situación no solo afecta a las oportunidades individuales, sino también a la eficiencia del sistema sanitario. Los puestos de gestión deberían estar ocupados por quienes reúnen competencias, liderazgo y conocimiento, independientemente de su categoría administrativa. De hecho, ya hay enfermeras desempeñando funciones de alta responsabilidad en hospitales, centros de salud, administraciones públicas e incluso en órganos legislativos. Como siempre, la realidad va por delante de la norma.
Desde el Consejo General de Enfermería insistimos en la necesidad de corregir esta injusticia. No se trata de una reivindicación corporativa, sino de una cuestión de coherencia y de modernización del sistema sanitario. En la misma línea, el reciente informe del Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) refuerza con datos el papel estratégico de la profesión a nivel mundial.
Bajo el lema “Nuestras enfermeras. Nuestro futuro”, el informe subraya que la enfermería es clave para mejorar resultados en salud, ampliar el acceso a la atención y garantizar la sostenibilidad de los sistemas sanitarios. Con cerca de 30 millones de profesionales en todo el mundo y una escasez estimada de 5,8 millones, el CIE lanza un mensaje claro con el que estamos plenamente de acuerdo: invertir en enfermería no es un gasto, sino una decisión estratégica.
El verdadero avance pasa por un empoderamiento real de la profesión. Eso implica mejorar condiciones laborales, reforzar la formación y, sobre todo, garantizar la presencia de enfermeras en donde se toman las decisiones. No basta con reconocer su labor un día al año si el resto del tiempo persisten barreras que limitan su desarrollo.
Por eso, este 2026 no debería ser un año más. Es el momento de transformar el reconocimiento en cambios concretos. Adaptar la legislación, actualizar la clasificación profesional y eliminar trabas injustificadas no es solo una deuda con la profesión, sino una inversión en el futuro del sistema sanitario.
Porque hay una idea que sigue plenamente vigente: sin enfermeras no hay salud, y sin salud no hay futuro.
*Montserrat Angulo es vicetesorera del Consejo General de Enfermería de España y presidenta del Colegio Oficial de Enfermería de Alicante
vicetesorera del Consejo General de Enfermería de España y presidenta del Colegio Oficial de Enfermería de Alicante