Macron anuncia una inversión millonaria en África para recuperar la presencia francesa
La misión no era fácil. Emmanuel Macron aterrizó en Nairobi para asistir a la Cumbre "Africa Forward" y tratar de reconstruir una relación que se ha erosionado durante años entre un país que antes fue dominante y un continente que sigue sufriendo el peso de la colonización.
Para ello, Macron llegó a Kenia con las manos llenas: 23.000 millones de euros. Pero sobre todo, con una palabra cuidadosamente repetida a lo largo de todo el evento: inversión. Y aquí la semántica resulta crucial. Emmanuel Macron evitó emplear la palabra "ayuda", cargada de un inevitable matiz paternalista, y tomó distancia de las viejas recetas heredadas de la "Françafrique". Esta vez, el presidente francés prefirió hablar de inversión y de asociación, en un intento por redefinir la relación entre Francia y África como un vínculo entre socios en pie de igualdad.
Macron sabe que su presencia en Nairobi se produce en un momento delicado. Francia ha perdido en los últimos años buena parte de su influencia en varias excolonias del Sahel, especialmente tras las rupturas con Mali, Burkina Faso y Níger, después de los golpes de Estado que precipitaron la salida de tropas francesas y alimentaron un fuerte sentimiento antifrancés. En paralelo, China, Rusia, Turquía y los países del Golfo han ampliado su presencia económica, militar y diplomática en el continente.
Marcas distancias
Por ello, el jefe del Estado francés intentó marcar distancia con el pasado. Criticó abiertamente las antiguas cumbres franco-africanas en las que -según sus propias palabras- Francia llegaba a explicarles a los africanos "lo que era bueno para ellos". "Eso ya no es lo que África quiere escuchar", afirmó. A su lado, el presidente keniano, William Ruto, reforzaba el mensaje. Macron insistió en que África ya no busca ayudas ni préstamos, sino inversiones en infraestructura, educación y tecnología. Ya no necesita que la salven pero sí que crean en ella.
La puesta en escena estuvo también cuidadosamente calibrada. Macron no quiso aparecer rodeado únicamente de presidentes africanos, sino también de jóvenes empresarios, deportistas, artistas y representantes del sector tecnológico. La intención era clara: hablarle a la nueva África urbana, conectada y ambiciosa que Francia teme haber dejado de comprender.
El anuncio estrella llegó al final de la jornada del lunes: 23 mil millones de euros en inversiones para África, repartidos entre capital público y privado francés y africano. Los sectores elegidos tampoco fueron casuales: transición energética, inteligencia artificial, agricultura, salud y la llamada "economía azul" relacionada con aguas, ríos y mares.
Pero detrás de los discursos optimistas aparece también una forma de pragmatismo. Macron reconoció, incluso con ironía, que Europa tampoco tiene los medios financieros de antes. La ayuda pública al desarrollo, por ende, disminuye. En otras palabras: África necesita inversiones y Francia necesita que África prospere y camine por sí sola. Si África fracasa económicamente -advierte Macron- Europa enfrentará mayores tensiones migratorias y de seguridad. Una visión que combina realismo económico y preocupación geopolítica en un contexto de competencia global cada vez más intensa.
Los "depredadores" de este siglo
El mandatario también aprovechó para defender a Europa frente a las acusaciones de neocolonialismo. En entrevistas concedidas antes de la cumbre, aseguró que los "depredadores" de este siglo no son los europeos, sino las grandes potencias atrapadas en guerras comerciales y lógicas de confrontación. Un mensaje dirigido veladamente a China y Estados Unidos.
Sin embargo, más allá de las declaraciones, la pregunta sigue abierta: ¿puede Francia realmente recuperar influencia en África? El desafío para Macron no es solamente económico. Es también simbólico y político. El resentimiento contra París sigue siendo fuerte en parte del continente y la nueva generación africana exige relaciones menos desiguales y más transparentes. En Nairobi, Emmanuel Macron intentó convencer a los asistentes de que Francia ha entendido finalmente ese cambio de época. Queda por ver si África también está dispuesta a creerlo.