La historia de un farsante: “Carlos” de Olivier Assayas
En los años 70, el mundo estaba como lo vemos hoy: al borde de la autodestrucción. La Guerra Fría estaba en su punto más controversial; la posibilidad de un tercer conflicto mundial era verosímil. En ese contexto, muchos países se alinearon con las potencias que más les convenían. Y, tal como lo vemos hoy, la atención estaba puesta en Oriente Medio, en especial en Palestina e Israel. Las figuras de la política se llevaban toda la atención mediática y, en ese espectro, también surgió la del revolucionario a favor de los menos protegidos, como es el caso del venezolano Ilich Ramírez Sánchez, conocido mundialmente como Carlos el Chacal.
Carlos el Chacal es responsable de no pocos atentados llevados a cabo en las décadas de los 70 y 80. Su apodo, el Chacal, lo puso el diario británico The Guardian en 1975. Tras una redada a su casa después de un ataque, se había encontrado entre las pertenencias de Carlos la novela Chacal de Frederick Forsyth. Para ese entonces, Carlos era miembro del Frente Popular para la Liberación de Palestina. Era un personaje conocido, pero con el apodo su figura se potenció más y en ese propósito fue clave la prensa, que encontró en él cómo llenar titulares. ¿Quién era en realidad este venezolano de familia acaudalada que estaba de guerrillero?, era la pregunta que inquietaba a los servicios secretos europeos. Entre sus atentados más conocidos está el que hizo a la sede de la Organización de Países Exportadores de Petróleo en Viena en 1975, y Francia fue el país que sufrió más sus embestidas. Todas sus acciones, decía, las hacía por la causa palestina. Pero a medida que pasaban los años, Carlos el Chacal empezaba a dar muestras de que sus intereses eran más materiales, lo cual terminó generándole conflictos con los propios palestinos y sus aliados en Europa. Tenía un ego colosal, era mujeriego y sabía escabullirse de las persecuciones debido al apoyo que recibía de la Stasi y la KGB. Años atrás, a finales de los 60, Carlos estuvo en la Unión Soviética, en donde reforzó sus conceptos de marxismo recibidos de su familia acaudalada. A Carlos le gustaba mucho contar sobre la situación económica de su familia para subrayar que su marxismo era genuino. En 1994 fue capturado por los servicios secretos franceses en Sudán, en donde estaba viviendo. En Francia ha sido condenado a tres cadenas perpetuas. En la actualidad, tiene 76 años.
El director
El francés Olivier Assayas es uno de los cineastas a los que sí debemos seguirle la ruta. Es dueño de una versatilidad temática reconocida; puede ir de murales de época como Los destinos sentimentales del 2000 a las intrigas corporativas como Boarding Gate del 2007. La sensibilidad de su poética es pop; esa quizá sea una de las razones por las que sus películas proyectan una frescura discursiva que agrada sin depender de la dimensión formal y del impacto temático.
Olivier Assayas vivió su adolescencia y juventud en los 70. Esa época siempre estuvo en su radar como creador y una manera de contarla era a través de una vida intensa, como la de Carlos el Chacal. Por cierto, en dos novelas del famoso escritor estadounidense Robert Ludlum (El caso Bourne de 1980 y El ultimátum de Bourne de 1990), Carlos el Chacal es el principal antagonista del agente Jason Bourne. Es decir, había llegado incluso a convertirse en un personaje de novelas de espionaje.
Carlos se estrenó en el 2010. Se presentó primero como miniserie (más de cinco horas en tres capítulos) y luego como película (casi tres horas). El rol principal recayó en el actor venezolano Edgar Ramírez. Con este papel, la carrera de Ramírez se disparó. Assayas nos presenta el ascenso y la caída de Carlos. Vemos, a saber, cómo establece su red de contactos, tanto con los palestinos como con la Fracción del Ejército Rojo de Alemania. Assayas, además, usa una atractiva banda sonora en la que hallamos canciones de New Order, The Feelies, Pablo Milanés, Wire, entre otros. La banda sonora es clave para esta historia extensa que suscitó cuestionamientos, y no por su calidad, que estaba blindada, sino debido a que se estaba romantizando la figura de un criminal. Esta controversia se fue apagando sola y en ello tuvo mucho que ver el verdadero Carlos, Ilich Ramírez, quien intentó parar la película mediante acciones legales porque se sentía difamado.
Como serie y película, Carlos mantiene su vigencia a razón de la época convulsionada que vivimos. Carlos ayuda a ver mejor nuestro presente global desde un pasado no muy lejano. Es un proyecto de entretenimiento con contadas cuotas de densidad a favor de su solidez y agilidad discursiva (un trabajo así no puede ir rápido ni lento). Carlos es la historia de un hombre que nunca fue lo que dijo que era. La plata sobre la revolución/los principios/la ideología. Un farsante. Carlos, la serie, en Prime Time Video.