Después de la Segunda Guerra Mundial, la recién ONU proclamó la Declaración de los Derechos Humanos (1948) y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Ambos documentos garantizaban la libertad de expresión y opinión. Pero también el artículo diecinueve del Pacto Internacional recogía algunas restricciones. Los soviéticos querían una censura más amplia basándose en el discurso del odio. Los EE.UU. apoyaban una libertad radical. La URSS y satélites afirmaban que el capitalismo y la democracia eran una manifestación del fascismo y, por tanto, debería prohibirse su difusión. Sin embargo, los soviéticos no hacían referencia a su persecución ideológica. Lenin , Stalin y Hitler habían perseguido a los judíos y a los anticomunistas. Eran los enemigos del pueblo. Las democracias occidentales defendían la libertad de expresión con algún límite. La versión final de ese artículo diecinueve respaldaba la Libertad de Expresión sin limitación. Pero las disputas continuaron, por ejemplo, con relación a las religiones. La época de McCarthy y el Movimiento por los derechos Civiles marcaron la segunda mitad del siglo pasado. Durante ese tiempo surgió Martin Luther King. Para el historiador y ensayista danés Jacob Mchangama, el verdadero avance en materia de Derechos Humanos se produjo en la década de los setenta. La descolonización, el Movimiento por Derechos Civiles en los EEUU, la defensa de los Derechos Humanos impulsada por Carter, el desarrollo de las ONG y las nuevas tecnologías, añadieron más elementos a la Declaración Universal. En el año 1975 se firmó el Acta Final de Helsinki . Su principal cometido fue suavizar las tensiones de la Guerra Fría. Los soviéticos propusieron la inviolabilidad de fronteras, así como la no injerencia en los asuntos internos. Occidente volvió a insistir en los Derechos Humanos y las Libertades de pensamiento, conciencia, opinión, expresión, religión, ideas y creencias. Solzhenitsyn dijo que si se aprobaba la no injerencia «sería el funeral de la Europa del Este». Como hoy en día Rusia, la antigua URSS hizo todo lo posible por incumplir los acuerdos. La censura en estos países fue cada vez más férrea. Durante este tiempo surgieron Havel, Walesa, el futuro Papa Juan Pablo II, Sajárov, Brodsky , el propio Solzhenitsyn, o Gorbachov. Helsinki fue el principio de la caída del comunismo, así como el caos económico en que vivían los soviéticos. El último cuarto del siglo XX fue una época dorada de la Libertad de Expresión en las democracias occidentales y los recién llegados países del este integrados ya de nuevo en Europa. Pero las dictaduras iberoamericanas y el racismo aún en el mundo, crearon grandes nubarrones. Mandela es otro personaje fundamental. La mezcla de lo religioso con lo político nos ha traído el fanatismo islámico terrorista . La prensa está amenazada si hacen algunas menciones a sus principios fundamentales. El asunto está en que si la Libertad de Expresión debe excluir la burla y el insulto a la religión. Y no solo los países islámicos apuestan por la censura total en estos asuntos, sino que también los apoyan (y no precisamente por cuestiones religiosas) los estados dictatoriales como Rusia, China, Cuba, Corea del Norte y otros, para así debilitar lo que ellos consideran nefastas: las democracias. Mao, durante la Revolución Cultural, se jactó de haber enterrado vivos a cuarenta y seis mil intelectuales. En la actualidad China (el gran referente de nuestro presidente) utiliza el sistema de censura más sofisticado del mundo. China bate permanentemente el récord de periodistas encarcelados. Pero México sigue siendo el más violento contra su prensa. Y Trump, a su manera, es otro de los grandes enemigos de la Prensa Libre. Y qué decir de Putin. Internet debería haber sido la panacea de la Libertad de Expresión. Pero está llena de insultos, amenazas, bulos, mentiras y desinformación. A las democracias les queda un largo camino para poner orden en este descomunal desorden. La IA no da la sensación que pueda mejorar esto. Esta tecnología ayudará a mantener a los autócratas porque son quienes tienen los medios económicos y laborales para mantener su censura y propaganda contra los opositores. Sin embargo Navalni criticó la purga de Trump a Twitter como un acto de «censura inaceptable que sería explotado por los enemigos de la Libertad de Expresión en todo el mundo». Los Códigos de Buenas Prácticas empiezan a abundar, pero por ahora son poco efectivos como las advertencias de las federaciones de periodistas. El autor de este magnífico libro que abarca desde los orígenes de la Libertad de Expresión hasta nuestros días, de lectura casi obligatoria para periodistas, profesores, juristas y demás, no es muy optimista. Finaliza con esta reflexión: «Los Estados autoritarios son muy conscientes del poder emancipador de la Libertad de Expresión y de la necesidad de la censura para mantener a las masas bajo control . Irán, Rusia y China son los países más peligrosos. En las democracias los ciudadanos, las instituciones y los políticos liberales deben defenderla».