Giro de Italia: Vingegaard no tiene oposición en la cima de Carì
En este Giro de Italia manda Jonas Vingegaard y no hay nadie que se atreva a discutir lo contrario. El danés consiguió ayer en la cima de Carì su cuarta victoria de etapa en la presente edición de la carrera y, con cinco jornadas por delante, aseguró prácticamente ya el que será el primer Giro de su carrera deportiva y, con él, su presencia en el club de ganadores de la Triple Corona.
Básicamente, Jonas hizo lo que quiso. Su equipo -incomprensiblemente ayudado por el Decathlon de Felix Gall y, a ratos, también por el RedBull-Bora de un Pellizari que acabó explotando nada más arrancar la ascensión hacia meta-, no dejó más de un minuto a la escapada del día y preparó perfectamente el terreno para el ataque definitivo del ‘capo’.
Primero Campenaerts, luego Kuss y, por último, Piganzoli. El tren de lujo que dejó el grupo de favoritos en apenas seis integrantes, todos ya retorciéndose. Con más de seis kilómetros de subida aún por delante, Vingegaard solo tuvo que levantarse y bailar un poco sobre la bici para quedarse solo. El único que le duró unos segundos a rueda fue Felix Gall, que después no tuvo más remedio que levantar el pie, completamente fuera de punto. Y así hasta la cima.
Ahora, Jonas ya le saca más de cuatro minutos a Gall en la clasificación general, donde la principal pelea ya es quiénes serán los dos que acompañen al campeón nórdico en el podio de Roma. Gall, si no se tuerce nada, acabará la carrera como segundo aunque no tiene demasiada renta sobre Arensman, que ahora mismo es tercero. Y el que va ganando enteros para subirse al ‘cajón’ es Jay Hindley, que está a cinco minutos exactos de Vingegaard y a 33 segundos de Arensman. Habrá batalla, al menos en eso, hasta el final. El que se aleja definitivamente de dar la sorpresa en el ‘cajón’ es Afonso Eulálio, que se dejó mucho tiempo en el día de ayer.
Lo que está claro es que el camino triunfal de Vingegaard hacia Roma ya solo puede estropearlo algún incidente indeseado en forma de caída. Está siendo el más fuerte con diferencia y demostrando que, a día de hoy, tanto él como Pogacar están infinitamente por encima del resto de los mortales del pelotón profesional.