Las sombras iluminadas de Viviane Sassen aterrizan por primera vez en España
Tenía sólo veintidós años cuando el detonante de su vínculo con la muerte se consolidó de manera inesperada. "Mi padre se suicidó y pasé por una fase creativa fuertemente relacionada con el sentido de la pérdida, el duelo y la ausencia. La parte expositiva de ‘‘Umbra’’ es un claro reflejo de esto", reconocía la talentosísima fotógrafa neerlandesa Viviane Sassen durante la presentación de su muestra "Lux & Umbra", que tuvo lugar ayer en el corazón de la sala de exposiciones del Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa dentro del marco de PhotoEspaña. Aunque nació en Ámsterdam, ciudad donde reside actualmente, y estudió diseño de moda y posteriormente fotografía en la Escuela de Artes de Utrecht (colaborando para marcas como Dior, Miu Miu, Stella McCarthy y Louis Vuitton), su infancia se desarrolló en los límites geográficos del continente africano, concretamente en Kenia.
Esta circunstancia marcó de forma significativa su relación con las formas, las luces, la visión topográfica del arte y también con el tipo de representación de la comunidad africana en la cultura visual contemporánea. En sus fotografías de cuerpos entrelazados, de personas estáticas en espacios abiertos, se aprecia un potente desafío estético que lejos de acercarse a la fetichización de la cultura capturada o a la ejemplificación visual de un retrato misericorde o emocionalmente pornográfico de la misma, propone un acercamiento a la temblorosa belleza del misterio, a la captura ritualística de lo que está oculto, aquello que es metafóricamente indescifrable y al mismo tiempo profundamente vanguardista y plástico y lírico y sensorial. "En esta muestra quería introducir los recuerdos de mi infancia en África y explorar la incidencia de las sombras en mi propia visión del mundo. Esta etapa fotográfica explora el cuerpo pero también tiene un componente muy espiritual y abstracto que vino posteriormente con mi maternidad", explicó. "Lux & Umbra" no constituye una retrospectiva del trabajo de Sassen, sino una revisión de su forma de trabajar que se sintetiza en la compilación de más de tres décadas de creación.
Ritmo y abstracción
Después de atravesar las primeras salas de esta soberbia muestra (la primera que hace en España) y dejar instalada en la retina la excepcional y taladrante fotografía que inicia el recorrido protagonizada por dos jóvenes africanos jugando en la playa cuyas caras se ocultan naturalmente por el movimiento de los brazos para privilegiar la energía anatómica de sus fibrosas y atléticas piernas en una suerte de reinterpretación no pretendida del "Duelo a garrotazos" de Goya, nos sumergimos de lleno en "Synthesis". En este apartado expositivo la fotógrafa explora la frontera porosa entre la muerte que anteriormente mencionábamos y la naturaleza, es decir entre la abstracción y lo orgánico. A través de obras videográficas meditativas, en su mayoría monocromas, la abstracción y el ritmo se convierten en una forma de mirar más que de evadirse. La sensación trasladada es de atmósfera suspendida, de materia intervenida por la geometría del sueño. Completaba la fotógrafa sobre esta etapa artística que "quería expandir mi visión, liberarla fuera de los convencionalismos del marco".
Tanto, que la también galardonada con el premio PhotoEspaña 2026, empieza a partir de ahí a jugar con las texturas, con las herramientas y materiales empleados para la composición, a introducir pintura, poemas, collages, movimiento, instalación y aunque se permite investigar canales diferentes de expresión, hay un gusto estructural y una sofisticada conceptualización detrás de la imagen que se mantienen presentes a lo largo de toda su producción, con independencia de la línea cronológica en la que nos encontremos. Una muestra de ello son los grandes ensamblajes de gran formato en solitario que conectan fragmentos del cuerpo con diversos objetos (recipientes de agua, cuerdas, plantas y camaleones) y se despliegan sobre los muros de una de las últimas salas de la exposición emulando la técnica popularizada por André Breton del "Cadravre Exquis" ("cadáver exquisito"), un juego colectivo practicado por los surrealistas en donde varias personas componen una frase o un dibujo doblando el papel de su parte alterada para que nadie pueda ver la colaboración o colaboraciones anteriores.
También hay una parte íntimamente disfrutable salpicada de referencias estéticamente cotidianas inspiradas en la obra de mujeres como Nan Goldin o Corinne Day compuesta por fotografías que la artista tomó en la década de los noventa de su círculo más cercano y en las que trabaja con sus cuerpos como si se tratara de material escultórico. En esta época Sassen presenta además una serie de autorretratos tomados durante sus años de formación, un periodo en el que trabajó con frecuencia como modelo para fotógrafos de moda. Sin embargo, no tardó en sentirse atrapada por los códigos de erotismo favorecidos por la imaginación masculina y comenzó a retratarse a sí misma con el fin de resignificar la mirada externa sobre su propio cuerpo. En estas imágenes hay sensualidad, fragmentación, humor, búsqueda, identidad.
Completan la exposición dos apartados temáticos: uno dedicado a los seis meses que la artista tuvo acceso directo al Palacio de Versalles para la exposición "Visible Invisible" para sumergirse en los archivos, los objetos y la arquitectura creando fotografías, collages y una instalación de vídeo altamente eróticos y sugerentes, y otro, el último, centrado en su colaboración con la artista Emmeline de Mooij, amiga con la que inició un diálogo creativo hace veinticinco años y ahora retoma para ofrecer una reflexión sobre el envejecimiento, el placer y la reapropiación de la visibilidad femenina. "Las imágenes se expresan a través de mí mucho mejor que las palabras", compartía la artista. Bendita tartamudez y bendito descubrimiento el de Viviane Sassen. Hay tiempo hasta el 26 de julio para unirse a la euforia y comprobar de primera mano la revelación.