Un alegato en favor de los migrantes que enriquecen la sociedad
La visita del Papa León XIV al Centro Raíces de Tenerife dejó una de las imágenes más significativas de su viaje a España. Nada más aterrizar procedente de Gran Canaria, se trasladó hasta Las Raíces. Se trata del centro con mayor capacidad de la isla de Tenerife y cuenta con 600 trabajadores cuya principal labor es cubrir las necesidades básicas de manutención y alojamiento de las personas que llegan, así como hacer acompañamiento profesional durante todo el proceso de estancia. Desde su creación en 2021, ha acogido a más de 54.000 personas.
El Pontífice fue recibido por el director del centro y escuchó unas palabras del obispo de San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, Eloy Santiago; de la ministra de la Inclusión, de la Seguridad Social y de las Migraciones, Elma Saiz Delgado, y finalmente el testimonio de dos migrantes. La llegada del Papa al centro fue recibida con una mezcla de emoción y expectación. Decenas de jóvenes, educadores, voluntarios y responsables de la institución aguardaban desde primera hora de la mañana la llegada de León XIV. A su entrada, fue recibido con aplausos.
Recorrió las instalaciones, interesándose por los distintos programas educativos y de integración social que desarrolla el centro. Se dirigió al campamento levantado en el interior de un antiguo cuartel rural y después escuchó algunos testimonios. Navarro Atiénzar, director regional del Accem, la ONG que gestiona Las Raíces explicó que su trabajo «consiste en ofrecerles una primera acogida digna, humana y organizada en un momento especialmente difícil, inmediatamente a su llegada por mar».
Bousso Diouf, una mujer emigrante de Senegal que llegó a España en cayuco atravesando el Atlántico, recordó que «nadie abandona su tierra, su familia y sus raíces por voluntad propia cuando puede vivir en paz». Por su parte, Theodor dio las gracias al Papa por «recordar al mundo que todos somos personas. Hoy queremos decirle, con mucho respeto, que rezamos por usted y que agradecemos su corazón cercano».
El Pontífice habló en francés, la lengua materna de muchos de los presentes y recordó el deseo de Francisco de visitar Canarias precisamente para encontrarse con ellos.
León XIV comenzó su intervención mostrando cercanía hacia quienes han atravesado situaciones de sufrimiento y desarraigo. Sobre los migrantes que acababan de hablar, aseguró que veía en ellos «corazones heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos».
Además, relacionó esa experiencia con el propio sufrimiento de Cristo. «El Corazón de Cristo sufrió y fue traspasado por amor, y también fue confortado por personas compasivas que se acercaron a aliviar su dolor», señaló.
Durante su discurso destacó el valor de la acogida y recordó la parábola evangélica del buen samaritano como ejemplo de una caridad que no entiende de nacionalidades ni diferencias religiosas. «Jesús, para explicar la universalidad del amor, puso como ejemplo el acto de servicio de un hombre de otro pueblo y de otra religión que se compadeció del herido y maltratado», explicó.
El Papa aprovechó además su estancia en Canarias para recordar la figura de dos grandes santos vinculados al archipiélago, el santo Hermano Pedro y san José de Anchieta. Ambos, señaló, fueron «migrantes» que partieron desde las islas hacia América impulsados por la fe.
Equipaje de la fe
«Ellos también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido, llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad», afirmó. Según explicó, aquellos misioneros supieron ofrecer lo que tenían y, al mismo tiempo, acoger las riquezas de los pueblos con los que se encontraron.
En este sentido, animó a las personas acogidas en Las Raíces a aportar a la sociedad canaria y española sus propias capacidades. Les invito también a ustedes a ofrecer el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas, y a estar abiertos a recibir aquello que se les brinda, manifestó.
Citando uno de los documentos de su Pontificado, destacó que estas pueden convertirse en «una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos».
Uno de los mensajes centrales de la intervención fue la afirmación de que la experiencia migratoria forma parte, en cierto modo, de la condición humana. A partir de esta reflexión, León XIV llamó a trabajar por una sociedad más humana y fraterna: "Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno», pidió.
El Papa quiso también reconocer públicamente la labor que realizan las administraciones y entidades implicadas en la atención a las personas migrantes. En particular, agradeció «la colaboración por parte del Gobierno, de las diversas instituciones y de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que hacen posible esta ayuda humanitaria concreta, que devuelve la esperanza y dignifica a tantas personas».
Tampoco quiso dejar pasar la ocasión de invitar a los residentes a mantener vivas esas raíces espirituales y humanas incluso en medio de las dificultades. «Que esta imagen de las raíces también les ayude a ustedes a estar firmemente arraigados en el Señor, para que ninguna tormenta pueda alejarlos de su presencia, que fortalece y da vida», expresó.
Antes de concluir, León XIV quiso transmitir un mensaje de cercanía personal a todos: «Los llevo en mi corazón y en el recuerdo de mis oraciones», afirmó. Asimismo, pidió la protección de la Virgen María sobre quienes han tenido que abandonar sus hogares en busca de un futuro mejor.
La visita al Centro Las Raíces se convirtió así en uno de los actos con mayor contenido social del viaje del Papa a España, reforzando un mensaje que León XIV ha repetido desde el inicio de su pontificado: la necesidad de colocar a la persona en el centro y de construir puentes de encuentro frente a la indiferencia y la exclusión.