«Las Malvinas se convirtieron en una señal de identidad para los argentinos. Tal vez la única que tenemos». Con esa contundente frase resume el escritor Eduardo Sacheri el peso tanto histórico como simbólico que tienen estas islas en el imaginario de su país de origen. El también historiador y guionista, que presenta en España su libro 'Demasiado lejos' , habla con ABC sobre la herida abierta que representa la guerra para sus compatriotas, a la vez que detecta puntos de encuentro entre el fervor de aquella época y aquel que caracteriza la manera de vivir el fútbol allí. En su nueva obra, el exitoso autor argentino, que ha sabido conquistar al mundo con 'La pregunta de sus ojos' –en su versión cinematográfica, 'El secreto de sus ojos', protagonizada nada menos que por su coterráneo Ricardo Darín -, ofrece una mirada distinta y prometedora tanto de la guerra de Malvinas como de sus implicancias para la cultura argentina. «Hay que hacer una diferencia entre la guerra de Malvinas y el tema Malvinas en sí», aclara Sacheri, quien explica a este medio que «la guerra, desatada en abril de 1982, se incorporó a los libros escolares como un capítulo más de la dictadura militar». En cambio, el «tema Malvinas», distingue, representa hasta el día de hoy «una cuestión de identidad para los argentinos». Y cita un ejemplo: «Si uno le consulta a un niño de 10 años o a una persona de 80, ambos responderán con seguridad que las islas son argentinas». Tan enraizada está la cuestión en la idiosincrasia del país suramericano que, según señala el escritor, la ausencia de las Malvinas tras perder la guerra, se encuentra –paradójicamente- presente en Argentina a diario. De hecho, «hay calles y pueblos que llevan el nombre de Malvinas e incluso hay mujeres que se llaman así», enumera el autor, que se refiere a estos homenajes como un modo de «honrar la ausencia». Puesto a comparar el sentimiento de la época y el baño de ciega euforia que inundaba las calles argentinas al inicio del conflicto armado -entre el 2 de abril y el mes de mayo de 1982- con algún otro episodio histórico, el autor no lo duda: «La restauración de la democracia en 1983». Según analiza, cuando la dictadura militar liberó finalmente la Casa Rosada , «este hecho celebró con la misma unanimidad que el inicio la guerra de Malvinas». No obstante, la 'fiebre' de Malvinas, cuenta el escritor, comienza a ceder lugar al realismo con el hundimiento del crucero ARA General Belgrano ocurrido el 2 de mayo, en el que murieron más de 300 argentinos, hecho que anticipaba el trágico desenlace de la guerra para la nación albiceleste. Sin embargo, la Argentina enfervorizada del comienzo del enfrentamiento con Gran Bretaña también le recuerda otro sentimiento: el de la pasión de este país por el fútbol . «El tema de Malvinas se vivió sin cuestionamientos, como el fútbol», apunta Sacheri en diálogo con ABC. Y describe el impacto inicial de la guerra en el pueblo argentino con una metáfora: una especie de «efecto Mundial». Este sentimiento, detalla, nace antes de que se produzca el conflicto bélico. «En los años '30 el tema aparece ya en la agenda cultural. Hay escritores que viajan y escriben libros desde las islas», relata, «luego, en los '40 el tema se da en las escuelas y los argentinos comienzan a aprender que las islas pertenecen a su país». Preguntado acerca del rol destacado de la guerra de Malvinas en el contexto de la última dictadura militar argentina –entre 1976 y 1983- y como desencadenante de un proceso que llevó al país de regreso a la democracia, Sacheri describe una evolución del espíritu de época «del oxígeno al derrumbe»: «Desde el 2 de abril de 1982, cuando comenzó la guerra, los militares vivían un extrañísimo boom de popularidad. Esta les dio oxígeno, ya que la gente olvidó otros reclamos». Sin embargo, la derrota y humillación de Argentina tuvieron un impacto inmediato en el régimen autoritario. «A los pocos días, renuncia el presidente (Leopoldo Fortunato) Galtieri y se encamina la democracia», recapitula el escritor. Apenas presentado en España, 'Demasiado lejos' recorre sus primeros pasos en la península ibérica y todo parece indicar que le espera un destino más que exitoso. Por el momento «ha tenido una muy buena recepción», asegura su autor. Y confiesa su deseo más íntimo: «Que los lectores de otros países se puedan adueñar del libro en sus propias vidas».