El viaje del Papa también lo organizaron ellas
El viaje de León XIV a España y, en concreto a las islas Canarias, ha dejado imágenes multitudinarias, discursos políticos, encuentros con migrantes y una primera visita histórica de un Papa a Canarias. Pero también ha dejado otra fotografía menos evidente: la de las mujeres que, desde dentro, han sostenido buena parte de la organización. Y es que en todas sus etapas muchas de las piezas clave de la visita han pasado por manos femeninas.
Una de ellas ha sido Enélida Hernández, vicecanciller de la diócesis de Canarias y responsable de coordinar la jornada del Papa en Gran Canaria. Su rostro apareció en el encuentro del Papa con los consagrados en la catedral de Santa Ana, pero su trabajo había empezado mucho antes, tal como ella misma relata, «entre planes alternativos, conversaciones con instituciones, coordinación con fuerzas de seguridad y una agenda marcada por la incertidumbre. Somos de esa generación que ha tenido la suerte de coordinar y vivir de cerca un acto histórico», resume. «Para todos los cristianos es lo máximo que podemos tener al lado. Es el sucesor de Pedro el que nos ha visitado», asevera, convencida de que esta visita «ha dejado una estela de trabajo coordinado», entre todos los implicados. «Todo el mundo aunó esfuerzos para lo que hiciese falta», subraya.
Sobre el hecho de que las mujeres hayan liderado esta visita, Hernández señala que «en primera fila es donde nos llama el Señor a ponernos». Pero esto tiene que ver poco con el poder y mucho con la disponibilidad: «Allí donde Él nos diga. Siempre he tenido clara la misión». Y es que su forma de entender ese lugar de la mujer en la Iglesia pasa, en palabras de Francisco, por la lógica del servicio: «Un día hace falta estar coordinando la pastoral, pero si también hace falta estar recogiendo un despacho o poniendo flores en una parroquia, también lo hacemos», explica. «Tenemos que estar dispuestos a esa misión y ponerla al servicio de los demás. Esto es la sinodalidad», asevera. «Francisco nos dejó ese legado: que entre todos, si todos ponemos nuestros dones al servicio de la misión, podemos llegar a más», señala. «La Iglesia necesita dar respuesta a tantas necesidades y se puede dar así, con esta respuesta de trabajo coordinado que hemos realizado».
Por eso la visita de León XIV ha sido «un auténtico revulsivo» después de años de trabajo en la pastoral diocesana. «Además, ha sido una confirmación en la fe», asegura. «Cuando estaba leyendo y dando mi testimonio tuve la suerte de ver esa mirada de ternura que le brillaba en los ojos. Era como si dijera: te estoy escuchando, estoy contigo, te entiendo». Una mirada, dice, que le confirmó que el camino que llevan años recorriendo en la diócesis, de trabajo común y responsabilidades compartidas, no era una intuición aislada, sino una senda que continúa. «Es el camino que el papa Francisco emprendió para la Iglesia del tercer milenio», explica.