Crítica de «Toy Story 5»: Contra las pantallas, el triunfo de la imaginación ★★★
Direccción y guion: Andrew Stanton y McKenna Harris. Voces originales: Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack, Greta Lee, Conan O’Brien, Tony Hale, Craig Robinson... Estados Unidos, 2026. Duración: 102 minutos. Animación.
Huelga decir que el paso del tiempo, el gran tema de la saga, sigue siendo relevante en esta quinta entrega de “Toy Story”, esta vez en forma de esa obsolescencia a la que están condenados los juguetes tradicionales cuando la tecnología trastoca la percepción del mundo en la infancia. No se trata, pues, de abundar en el discurso melancólico de “Toy Story 3”, en la que quien crecía convertía a sus amigos inanimados en recuerdos de una felicidad archivada en la memoria, en tener conciencia de que el verbo “jugar”, que se cultiva desde la fuerza centrípeta de la imaginación, ya no sabe conjugarse sin la adicción a una pantalla que anula voluntades y virtualiza la amistad verdadera.
Así las cosas, “Toy Story” se erige en elegía del control parental de la era digital y reivindica lo ‘vintage’ como necesario nexo de unión entre almas infantiles aisladas por la tecnología. Lo hace simultaneando, en conexión con otras entregas con similares estructuras narrativas, tres subtramas que separan a los juguetes de un par de niñas que están predestinadas a compartir sueños y fantasías de bodas truncadas. La primera, protagonizada por una horda de Buzz Lightyears en busca de la estrella polar, es más bien prescindible; la segunda, troncal, convierte a Jessie, la aguerrida cowboy, y su entrañable percherón, en los auténticos héroes de la película, empecinada ella en recuperar su espacio como juguete preferente en su lucha contra una Tablet siempre portadora de malas noticias. La tercera transforma a Woody en un actor secundario de su propia saga, obedeciendo las fórmulas políticamente correctas de una Pixar sensible al protagonismo femenino.
El caso es que, más allá de una cierta eficacia narrativa a la hora de cruzar esas tres subtramas, y de la simpatía que puedan despertar unos personajes a los que conocemos desde hace treinta años, “Toy Story 5” no tiene ni una secuencia ni un personaje memorables. Hubo un tiempo en que todas las películas de la Pixar sabían crear poéticas singularísimas a partir de los detalles más nimios. Ahora parece que ni los alumnos más aventajados de la factoría (Stanton, el director de la fundacional “Buscando a Nemo”) pasan de una mera corrección. Ni siquiera ellos saben declinar el verbo “jugar” en presente.
- Lo mejor: Más vale tarde que nunca, pero nos sirve su reivindicación de los juegos tradicionales frente a la cultura de pantallas.
- Lo peor: No hay ni secundarios ni secuencias concebidas para permanecer en la memoria.