La isla española que va a pasar a manos de Francia pese al resultado contra España en el Mundial
España y Francia se juegan el pase a la final del Mundial en una semifinal igualada. Es el gran partido del torneo, entre dos rivales históricos dentro y fuera del campo. Sobre el césped, los futbolistas pelearán durante noventa minutos, o ciento veinte si el encuentro llega a la prórroga, antes de estrecharse la mano al terminar. En el palco ocurrirá lo mismo. La rivalidad deportiva no altera la relación de amistad que mantienen ambos países, una convivencia que encuentra uno de sus mejores ejemplos en la Isla de los Faisanes.
Un acuerdo que perdura desde el siglo XIX
La convivencia entre ambos países también se refleja en un pequeño islote del río Bidasoa, situado entre Irún y Hendaya. Allí se aplica desde hace más de siglo y medio un sistema de administración compartida que nació con el Tratado de Bayona de 1856. El acuerdo estableció que la Isla de los Faisanes pertenecería por indiviso a España y Francia, una fórmula que dio origen al que suele considerarse el condominio más pequeño del mundo. España gestiona el territorio entre el 1 de febrero y el 31 de julio, mientras que Francia lo hace entre el 1 de agosto y el 31 de enero. Cada relevo se formaliza mediante una ceremonia oficial, una tradición que se ha mantenido sin interrupciones durante más de 160 años.
La próxima alternancia llegará precisamente el 1 de agosto, cuando Francia vuelva a asumir la administración del islote. El cambio no modifica la soberanía ni la nacionalidad del territorio, ya que únicamente pasa de un país al otro la responsabilidad de su gestión durante los seis meses siguientes.
Un lugar pequeño con un gran peso histórico
Las reducidas dimensiones de la isla contrastan con la relevancia que ha tenido a lo largo de los siglos. Su longitud oscila entre 130 y 200 metros y la superficie cambia según el cauce del Bidasoa, con una extensión situada entre unos 2.000 y 6.800 metros cuadrados. El islote permanece deshabitado y cerrado al público durante casi todo el año, aunque su importancia trasciende con mucho su tamaño.
Antes de convertirse en un territorio administrado conjuntamente, la Isla de los Faisanes ya había adquirido un papel destacado en las relaciones entre las coronas española y francesa. Allí se desarrollaron algunos de los principales encuentros diplomáticos entre ambos reinos hasta que, en 1659, representantes de los dos países negociaron y firmaron el Tratado de los Pirineos. Aquel acuerdo puso fin al enfrentamiento que mantenían las dos monarquías y fijó buena parte de la frontera que todavía hoy comparten.
Mucho más que una frontera
La historia de la isla explica el valor que mantiene en la actualidad. Un territorio nacido de las negociaciones entre dos potencias europeas continúa funcionando gracias a un sistema de cooperación que se renueva dos veces al año sin conflictos ni interrupciones. Mientras sobre el césped España y Francia buscan un billete para la final del Mundial, a orillas del Bidasoa ambos países mantienen un modelo de colaboración que ha resistido el paso del tiempo y que convierte a la Isla de los Faisanes en uno de los ejemplos más singulares de entendimiento entre dos Estados vecinos.