Cien años del Trubia, el primer carro de combate español
Recientemente hemos podido saber que la empresa española Santa Bárbara Sistemas estaba de celebraciones por un aniversario muy especial. Este 2026 se cumple nada más y nada menos que un siglo desde la construcción del primer carro de combate cien por cien español. Nos referimos al modelo Trubia 1, inspirado en el Renault FT 17 francés de la Gran Guerra, y del que se construyeron cuatro unidades. Con motivo de ese centenario, Santa Bárbara ha abierto una exposición que está disponible hasta el 15 de agosto en Gijón, en el marco de la Feria Internacional de Muestras de Asturias.
La fabricación y producción del Trubia 1 es un buen ejemplo para hablar de la industria armamentística española y en concreto de Santa Bárbara.
Hace cien años esta firma demostró a Europa que un país como España, con una tímida revolución industrial muy focalizada en la periferia podía, sí quería, estar a la altura en materia de defensa, tanto en diseño como desarrollo. Debido a la posterior Guerra Civil, el Trubia 1 no pudo ser la base para futuros vehículos de estas características.
Sin embargo, la historia de Santa Bárbara ha continuado ligada muy estrechamente a las Fuerzas Armadas de España. Desde mediados del siglo XX, la compañía ha producido y se ha encargado de brindar al Ejército español sistemas y herramientas que son indispensables para que se le pueda considerar un contingente moderno.
Es verdad que, en la actualidad, España no dispone de una industria lo suficientemente expandida para diseñar y desarrollar, por ejemplo, carros de combate o aviones desde cero; aunque sí navíos y ahí están las fragatas que se venden a países aliados.
Ahora bien, y aquí es donde entra Santa Bárbara, el país se ha convertido en un campo de tecnología regional. Esto quiere decir que, pese a comprar diseños foráneos luego, gracias a la industria presente, pueden realizarse mejoras extras para adecuarlos al servicio dentro de la Península Ibérica. Un buen ejemplo es el Leopard 2 ES.
Santa Bárbara ha participado en multitud de trabajos de esta clase incluido el del carro de combate que ahora mismo equipa a las fuerzas acorazadas del Ejército español.
No obstante, ha habido y hay otros casos en los cuales se demuestra que la firma es un pilar imprescindible sin el cual nuestras Fuerzas Armadas no se entenderían. Santa Bárbara ha sido responsable del desarrollo de equipo que ha marcado una época, ya que, y aunque hemos dicho que hoy España «compra fuera», eso no quiere decir que aquí no se fabrique nada con sello de denominación de origen. Entre esa tecnología nacional y compartida hay programas como el del Cetme, la artillería 155/52, el vehículo Pizarro, el ahora conocido Dragón, trabajos de modernización y de colaboración (casos del Leopard o el fusil G36E).
Después de la contienda de 1936 a 1939, Santa Bárbara trabajó con el Gobierno español para fabricar un nuevo fusil de asalto con el que reequipar a la tropa y sustituir los viejos mosquetones de cerrojo. Aunque el desarrollo de Cetme fue realizado por el Centro de Estudios Técnicos de Materiales Especiales (de ahí su nombre), en 1984 ambas empresas se fusionaron.
Santa Bárbara contribuyó con la fabricación y, luego con el desarrollo del modelo L y sucesivos, los últimos de la familia antes de la adopción del G36E. Dentro de la nueva arma, la compañía también tuvo su contribución al poder fabricarlo y, una vez más, adaptarlo a las exigencias nacionales. El G36E está ensamblado con piezas producidas en España y, de acuerdo con los comentarios de los especialistas, tiene más calidad que el arma original fabricada por Alemania.
Santa Bárbara se ha atrevido a introducirse en el amplio mundo de los sistemas de artillería. Las investigaciones y labores por encontrar una pieza adecuada para los regimientos españoles de esta arma terminaron con la adopción del Santa Bárbara Sistemas 155/52 SIAC. Esta pieza de artillería convencional pesa trece toneladas, puede hacer diez disparos por minuto y tiene un rango de acción de entre treinta y cuarenta kilómetros. Para alcanzar esta última cifra el proyectil debe estar asistido por un cohete. Sin duda un desarrollo que muestra lo capaz que es España de encontrar soluciones para sus Fuerzas Armadas.
En cuanto a los vehículos, ya se ha hecho mención del programa del Leopard 2E, pero la firma tiene otra serie de activos que no tienen nada que ver con tanques. Específicamente me refiero a los programas del Pizarro y el Dragón. El primero de ellos se llevó a cabo a principios de los años 2000 con la ayuda de la firma austriaca Steyr-Daimler-Puch. De ahí surgió el vehículo con designación oficial de Ascod (Austrian Spanish Cooperation Development). En Austria su denominación es «Ulan» (lancero). Por supuesto continúa siendo utilizado por el Ejército español y ha recibido desde entonces diversas mejoras para incrementar su poder de fuego y defensas contra amenazas, ya sean artefactos explosivos o los peligrosos drones.
Respecto al Dragón, es un proyecto que está dando mucho de qué hablar debido a los retrasos en sus entregas. No obstante, sigue adelante. En este programa Santa Bárbara colabora mano a mano con otras firmas españolas como Indra, Sapa Placencia y Escribano Mechanical & Engineering. Aunque el desarrollo sea extranjero es importante destacar que Santa Bárbara posee el software de diseño de la empresa Mowag sin limitaciones.
El Dragón supone un importante avance en la modernización del Ejército de Tierra, y una mejora sensible en sus capacidades, porque ve mejorada la protección, seguridad, y potencia de combate de las unidades receptoras. Evoca además las virtudes militares de las antiguas unidades de dragones, mezcla de Infantería y Caballería, de las cuales son herederas las unidades actuales.
Por último, y aunque no sea quizá uno de los temas más tratados por la prensa especializada, se encuentran los programas de modernización. Hoy España solo emplea los carros de combate Leopard 2E, pero durante un periodo de transición continuaron al lado de los M60 Patton de origen estadounidense y los AMX-30 de procedencia francesa.