Roca Rey se asoma al abismo y Diego Urdiales a lo eterno en la tarde del "No hay billetes" (15 años después)
Desde aquella tarde de 2010 con El Juli, Ponce y Manzanares en el cartel, la plaza de toros de Vista Alegre no había vuelto a colgar el ansiado cartel de «No hay billetes». Ha llovido y ha tronado. Muchas cosas han ocurrido desde entonces. La expectación por la corrida era un clamor. Locura entrar en la plaza. Preciosa Bilbao así, a pesar del vendaval que, de vez en cuando, arreciaba como enfurecido. Qué cosas. Luego la tarde dio para muchas y variadas lecturas. Roca Rey se asomó al abismo y al triunfo. Se quedó al filo de la Puerta Grande. Dos orejas de un toro tienen que ser aquí. Matías, el presidente, tiene que asomar los dos pañuelos blancos en un toro y eso no ocurrió.
La tarde fue por otros derroteros. Además del «No hay billetes», a Diego Urdiales le sacaron a saludar por las emociones vividas hace un año ya. Hay cosas que no se olvidan. De ellas vivimos, soñamos y morimos cada invierno, cuando las luces de las plazas se apagan.
El toreo a veces se escribe con letras imposibles o con embestidas imposibles. Eso le pasó ayer a Diego Urdiales. Montado arriba el toro. Muy alto y flojo, rozando la invalidez el cuarto, aunque con toda la calidad del mundo. Era casi imposible. No había oportunidad en esas arrancadas para arrebatar la gloria del gran público, pero sí para gozar la plenitud, la gracia. En el embrujo delicadísimo con el toro, en la forma de amarrarse a la arena negra de Bilbao para ser torero. En las ganas de sostener al toro para torearlo con las yemas y querer rematar el muletazo por debajo de la pala del pitón y más allá de la cadera.
No siempre pudo ser. Pero a veces ocurrió el milagro. Y que Diego firmó los mejores naturales de la tarde no tengo dudas. Y de que en cada embroque caben muchos misterios aún por resolver de la tauromaquia, tampoco.
Exquisito
Diego anduvo exquisito con un toro que no valió nada. Y no fue faena de grandes olés ni de Puertas Grandes, pero olía a torero bueno en cada gesto. La manera de volcarse en la suerte suprema fue de órdago a la grande. En lo alto la espada. Generosidad con su propio compromiso con la profesión. Luego hay otra cosa, que son los éxitos y las orejas. Pero el toreo que deambula por los caminos del alma lleva su propio camino. Y su destino. Son la otra versión de una misma cosa y no atienden a las mismas reglas.
El primero fue una faena de a pocos, de medir los tiempos. Al natural, el deleite de mirar de frente al toro, de encontrarse con su ritmo, de pulsear la embestida, de esquivar el miedo y también el viento. El toro se descomponía de mitad de embestida hacia delante. El embroque de Diego, una maravilla. Y así, Diego fue metiendo al toro y a nosotros dentro de la faena. No quería música porque hay faenas que llevan su banda sonora intrínseca y se paladean mejor a través de sus silencios. Después, por la derecha, se encajó, se perdía el animal y quedaba el torero, empeñado en alargar las cosas buenas de la tauromaquia.
Lote de Roca
Dos orejas paseó Roca. La primera de una ejemplar de buena condición al que sopló un expuesto quite por saltilleras. La faena la hizo después en el centro, a pesar del viento. Dos tandas diestras de muleta baja fueron lo mejor. Después descompuso al natural y aseguró con arrimón y circulares (con el toro de Bilbao y el viento). El público estaba con él. El toreo fundamental no lo vimos. El sexto, con el que se desmonteró Agustín de Espartinas, descolgaba la cara. Lástima que se rajó muy pronto y muy a las claras. La faena fue de explosionar, de pasárselo por la espalda incontables veces, en ocasiones con sensación de improvisación, de descontrol. El corazón se nos puso en la boca cuando al entrar a matar tiró la muleta y se echó para los pitones. Roca Rey, figura y en Bilbao. Hay que ser capaz de hacerlo. Visitó los abismos teniéndolo todo.
Muy suavón y al paso embistió el tercero de Talavante y esperamos verle torearlo con los vuelos, pero nunca ocurrió. El quinto, falto de fuerzas no dio para más. Una tarde que se recordará por varios motivos.
Ficha del festejo
Bilbao. Cuarta de las Corridas Generales. Se lidiaron toros de Victoriano del Río. Se lidiaron toros de Victoriano del Río. 1º, va y viene sin clase; 2º, noble, suavón y al paso; 3º, de noble y buena condición; 4º, inválido; 5º, muy flojo; 6º, de buena condición pero muy rajado. Lleno de «No hay billetes»
Diego Urdiales, de turquesa y oro, nazareno y oro, estocada contraria (saludos); estocada arriba (saludos).
Alejandro Talavante, de de rioja y oro, pinchazo, estocada (silencio); estocada (silencio).
Roca Rey, de tabaco y oro, estocada (oreja); estocada, aviso, descabello (oreja); estocada (oreja).