Jesús Alfonso Mateo Díez (Madrid, 1969) — más conocido como Chus Mateo — ratifica que un entrenador sin equipo se convierte en un «animal de compañía difícil de soportar». Por eso, tras cerrar su etapa en el Real Madrid jalonada con seis títulos en tres temporadas como primer entrenador, apenas tardó unos meses en aceptar el reto de tomar el mando de la selección nacional. Tras casi un año en el cargo y seis partidos a sus espaldas, la ruta del técnico madrileño pasa ahora por Zaragoza, la misma plaza donde hace dos décadas debutó en categoría LEB como primer entrenador. De vuelta al lugar donde empezó todo, Mateo encara una nueva ventana clasificatoria con un objetivo grabado a fuego: sellar el billete para el Mundial de Catar 2027 . -Primeros días de concentración. ¿Qué sensaciones le transmite el grupo? -Muchas ganas, mucha ilusión por empezar juntos. Es un grupo medianamente nuevo, porque hay cuatro jugadores que nunca he tenido en las ventanas: Sergio de Larrea, Baba Miller, Aday Mara y... ¿quién me falta? ¡Juancho!; a Juancho tampoco lo había tenido. Los cuatro son nuevos, pero muy bien. Da gusto trabajar con gente que conoce el juego, que sabe jugar al baloncesto, a la que solo hace falta decirle las cosas una vez porque las cogen rápido. Contento, sobre todo, con las caras de ilusión que tienen por trabajar juntos y por pensar que esto es un proyecto que va hacia adelante, que necesita horas de trabajo para ponernos al día, para jugar juntos, para equivocarnos juntos y para aprender juntos. -Son apenas unos días de margen antes de medirse con Portugal. ¿Qué se alcanza a construir en tan poco tiempo? -Un estilo. Creo que se viene construyendo también en las ventanas anteriores: no perder la idea de tratar de jugar lo más rápido posible. Es un momento complicado, porque hay muchos jugadores que llevan mucho tiempo sin hacer cinco contra cinco: vienen de vacaciones, cada uno tiene unos objetivos individuales que en ocasiones no tienen nada que ver con los de los demás, unos han estado probando en la NBA, han salido elegidos y entrenan allí con sus preparadores, y otros ya están haciendo la pretemporada con sus equipos ACB. Hay diferentes condicionantes, pero eso no tiene que ser un problema para que los chicos entiendan que al final lo importante es conseguir una buena química, un buen ambiente de trabajo, disfrutar del esfuerzo y ser capaces de sacar la mejor versión posible en este momento, que, sin rodaje, obviamente no va a ser fácil. Pero vamos a hacer un buen trabajo, estoy convencido de ello. -¿Hasta qué punto puede ser complejo encajar en la selección esos 'nuevos roles' con respecto a los que cada jugador asume en su club? -Haciéndoles ver que es importante respetar. El respeto es algo importante, respetar al compañero es importante. Tenemos que entender que esto es un trabajo colectivo, donde todos tenemos que ser capaces en ocasiones de reducir un poco nuestro brillo individual para que sea el grupo el que luzca. Y entender que las cosas no se consiguen sin esfuerzo y sin trabajo colectivo. Esto es un deporte de equipo donde es muy importante que todo el mundo ponga su talento y su esfuerzo al servicio del colectivo. -En la última ventana encajó su primera derrota al frente de la selección. ¿Qué lecturas se extraen de aquel partido ante Georgia? -Es parte del camino, yo lo entiendo como tal. Tenemos que aprender juntos de muchas cosas, y para aprender no solo vale ganar, porque eso no nos daría la visión completa de lo que es este deporte. En el baloncesto muchas veces hay que superar adversidades y momentos en los que las cosas no van tan bien. Una derrota siempre está muy presente, y también lo está el cómo superar los momentos de adversidad y de derrota. Cuando la derrota se produce, enseguida hay que tratar de convertirla en victoria. Esto es parte del camino, como digo. Al final, lo más importante es que la suma de todas estas experiencias sume más victorias que derrotas y consigamos el objetivo, que es clasificarnos para el Mundial. -En ese partido, Shengelia y Reed se fueron a puntuaciones muy altas. ¿Cómo se defiende a jugadores de ese perfil? -Es cierto que en ese partido ellos dos fueron los protagonistas como anotadores. Era el segundo partido de Reed con la selección georgiana, creo recordar. Contra Ucrania había jugado solo diecisiete minutos porque fue expulsado y no pudo acabar el partido, que disputaron justo antes del nuestro. Aunque lo teníamos estudiado, sin duda ninguna, ese día cogió los galones: fue él quien llevó el mando del partido, junto con Shengelia. También es verdad que ellos jugaron francamente a muy buen nivel colectivo, pero esos dos lucieron especialmente. Shengelia tirando desde fuera con muchísimo acierto, algo que tampoco es tan habitual; creo recordar que metió seis triples, seguramente su mejor marca personal en lo que va de carrera. Y Reed hizo un grandísimo partido. A veces no es solo cuestión de fijarnos en los anotadores: hicieron un grandísimo trabajo defensivo en el último cuarto que nos obligó a atacar de una manera diferente a como veníamos haciéndolo. Ese partido lo empezamos muy bien, pero luego se nos apagaron un poco las luces con su agresividad y su dureza, a la que en un momento determinado no supimos dar solución. Lucieron a nivel individual en la faceta anotadora, pero creo que su aumento del nivel defensivo también fue un factor. -Respecto a esa última lista, Paco Redondo ya trabaja para el Real Madrid y no estará con la selección. A nivel personal, ¿cómo le ha afectado su ausencia? -Creo que también hay que alegrarse de que, en un momento determinado, alguien piense que es una muy buena opción para él a nivel profesional volver a formar parte del staff del Real Madrid. Para mí era alguien que siempre me ha acompañado en los últimos años, en el Madrid y aquí en la selección; obviamente es una persona a la que tengo cariño y a la que valoro mucho profesionalmente. Pero estoy muy bien rodeado. Tengo gente a la que también valoro muchísimo, que me ayuda mucho en la preparación de los partidos, en el trabajo diario y a la hora de sentirnos un equipo unido. En estas ventanas Paco no va a estar, pero tengo otros tres ayudantes que van a estar a mi lado y que me van a dar toda la información necesaria para estar bien preparados. -Hablando de nombres propios, Willy llega a Unicaja tras unos años irregulares en el Barcelona, pero con la selección su rendimiento apenas ha bajado. ¿Qué cree que influye en esa diferencia de nivel? -A veces, las expectativas que se generan en torno a un jugador, también por sus contratos —por el contrato que tuvo en el Barcelona—, seguramente no le beneficiaron mucho. No siempre salen las cosas como uno desea. La voluntad de que le salieran bien las cosas y el trabajo de Willy son innegables, pero no funcionaba en un entorno de tanta exigencia como el Barcelona. Sabiéndose responsable de que el funcionamiento fuera bien porque le habían hecho un buen contrato, no tuvo el rendimiento que él hubiera querido. Pero eso no significa que Willy no vaya a rendir a un grandísimo nivel. Con la selección lo ha hecho, y estoy seguro de que también con Unicaja lo hará. Tengo mucha confianza en que lo va a hacer bien. Lo importante es que tenga las cosas claras y que no deje de trabajar y de disfrutar del baloncesto, pero, por supuesto, sin dar un paso atrás en el trabajo y en el esfuerzo. -El propio Willy, junto con Juancho, son los jugadores con más internacionalidades de la lista. Por lo visto estos días, ¿son referentes para el grupo? -Creo que son capitales, muy importantes a la hora de aportar su experiencia. Y no hablo solo del juego en sí, sino de transmitir a los compañeros que vienen nuevos, e incluso a sus entrenadores, a mí, lo que es la selección. Nosotros muchas veces podemos tener una idea de lo que se ve desde fuera, pero la gente que ha estado dentro te da una visión que complementa un poco la que tú tienes. Están supercomprometidos con que todo salga bien. Van a echar una mano a todos los compañeros para que conozcan la importancia que tiene la selección, si es que no lo saben, y en algún momento indicarles también por dónde ir. No creo que ellos sean responsables únicamente de esto; hay mucha otra gente —Alberto y Darío, en este caso—, e incluso los jóvenes, que tienen personalidad y capacidad de liderar. Pero la experiencia, el hecho de las internacionalidades, es una ayuda sin duda alguna. -En el otro extremo están Aday (Mara) y Baba (Miller), que debutan en la lista. ¿Qué le pueden aportar al equipo? -Los dos tienen un conocimiento del juego extraordinario y una gran capacidad física, cada uno a su manera. Aday es un jugador enorme de tamaño, con una gran capacidad para entender el juego, pasar el balón, hacer mejores a sus compañeros y hacer muchas cosas bien. Estoy muy ilusionado con su participación en esta ventana. Y Baba es un jugador muy atlético, al que seguramente le queden muchas cosas por aprender porque es muy joven, pero creo que ambos nos van a dar un salto, sobre todo a nivel físico y de conocimiento del juego. Son muy jóvenes, pero son muy buenos jugadores; y si tienen la ambición de llegar lejos, el sacrificio, el trabajo y las ganas de exigirse un poco más cada día y de poner ese talento, como decía antes, al servicio del colectivo, creo que nos van a dar un empujón claro para lograr los objetivos que tenemos en mente. -Por esa capacidad de abarcar varias posiciones, Baba comparte cierto perfil con Aldama. ¿En qué posición le encaja más y hasta qué punto ve similitudes en ambos? -Creo que tendrá matices por momentos y podrá hacer en algún momento el tres, o puntualmente el cinco, como es posible que en algún momento juegue también en los Clippers, no lo sé. Nosotros vamos a hacerle jugar de cuatro, y además va a ser una posición fija para él. Quiero que esa posición la puedan cubrir varios jugadores, y vamos a ir viendo también qué nos dicen estos primeros días de entrenamiento. Pero tengo en mi cabeza hacerle jugar de cuatro. Santi Aldama es un jugador diferente, algo menos explosivo, pero tiene un tiro extraordinario, una mano muy buena y una experiencia a nivel de NBA que obviamente nos hubiera gustado tener en esta ventana, y también a nivel de selección. Pero no ha podido ser, y nada, estamos encantados con los que están aquí. -Ya que hemos tocado los nombres de Santi, Aday o Baba... ¿qué visión tiene sobre esta fuga constante de talentos jóvenes hacia universidades americanas? -Para las canteras, obviamente, formar a un jugador y que en el último momento, cuando puede dar el salto al primer equipo, tome la decisión de marcharse es algo que, lógicamente, a los clubes no les gusta. Sin embargo, si pensamos en el jugador y en que allí, en Estados Unidos, también puede hacer una buena carrera o una buena formación, la distancia no hará que caigan en el olvido; al menos, ese compromiso lo tenemos nosotros. Que se formen en otro sitio no significa, en muchas ocasiones, que se formen peor. La base del baloncesto nacional, los conceptos que se les enseñan aquí, es buena, porque los entrenadores españoles de formación son muy buenos, siempre lo digo. Pero esa posibilidad, en un momento determinado, de darles recursos, medios de entrenamiento, horas de trabajo —porque allí viven un poco para ello y emplean muchísimos recursos, aparte del dinero que puedan llegar a ganar—, ¿qué vamos a hacer? No podemos poner puertas al campo. Creo que es difícil pensar que podemos retener ese talento. Lo importante para mí, personalmente, es que se formen, que se formen bien y que jueguen. Si es aquí, fantástico: los tendremos cerca, disfrutaremos de ellos y veremos cómo crecen en sus clubes; y si no es aquí, que decidan lo mejor para ellos y para su formación. Al fin y al cabo, no es en absoluto malo que se formen en otros lugares por el hecho de practicar un baloncesto un poquito diferente. -Hace poco más de un año de su salida del Real Madrid y de su llegada al banquillo nacional. ¿Cuánto cambia en el día a día el trabajo de un técnico de club al de un seleccionador? -Te diría que casi ciento ochenta grados. Hay que tener capacidad de adaptación a una manera de trabajar diferente. Hay un trabajo de seguimiento durante todo el año, y unas ventanas en las que, en principio, no puedes contar con ciertos jugadores porque están en mitad de su liga, en la NBA o en la NCAA... Una posibilidad como la de ahora, en la que puedo elegir a jugadores de otras ligas, te abre un poco el abanico. Pero, hasta ahora, yo llevo seis partidos internacionales; el año pasado, cuando acabó la temporada con el Madrid, eran noventa. Y eso significa un trabajo diario, una dedicación de mañana, tarde y noche, una cantidad de viajes... Si hablamos de noventa partidos, estoy hablando por lo menos de cuarenta y cinco viajes o más, en los que no paras de estar fuera de casa, trabajas el prepartido, el postpartido y no tienes absolutamente ni un momento para disfrutar de la familia; ahora tengo un poquito más. Eso, en muchas ocasiones, nos hace ser animales de compañía difíciles de soportar, porque tenemos un deseo y unas ganas de volver a entrenar y de pisar la cancha que hacen que se nos haga difícil ese tiempo de espera hasta que llega el momento de coger el equipo, en este caso el de la selección. Pero realmente estoy disfrutando muchísimo. Creo que hay que saber adaptarse a las situaciones. Hay un proyecto muy bonito por delante en el que estamos trabajando para que funcione, para que salga bien. El primer objetivo es la clasificación para el Mundial, que ansiamos y deseamos conseguir cuanto antes; ojalá salgamos bien de esta ventana y podamos estar ya tocando esa clasificación. Hay que trabajar mucho todavía, pero también hay un proyecto muy bonito de cara al futuro: que los jugadores de talento español sean capaces de hacer un buen trabajo juntos, que aprendan juntos, que sigan creciendo juntos, que tengan experiencias que les hagan mejores y que nos hagan mejores a todos —a sus entrenadores, pero también al baloncesto español— y que el aficionado pueda disfrutar de la selección. -¿Es un trabajo más solitario? -No. Tengo una visión muy positiva de lo que me está pasando como seleccionador. Hay mucha gente que quiere que esto vaya bien, y los clubes están colaborando muchísimo. Los jugadores han mostrado desde el primer momento, te diría que prácticamente el cien por cien, una predisposición enorme a formar parte de la selección. He estado viéndoles en sus entornos, he ido a ver a muchos a Estados Unidos, pero también por muchas canchas de España donde normalmente no se solía ver a un seleccionador. Creo que es mi trabajo estar pendiente de su evolución, estar en contacto con ellos, preguntarles cómo van, cómo se sienten, cómo van creciendo, cómo están de sus lesiones, cómo se encuentran en su equipo... Ahora hablo muchísimo más que nunca en mi vida con los jugadores, más incluso de lo que a veces hablas con los de tu propio club, porque ahora mismo se trata también de generar una química, una atmósfera que ayude a que todo esto congenie, a buscar un buen engranaje de todas las piezas.