El sobregiro de la Tierra , por José De Echave C.
He recibido varios mensajes sobre el último artículo que publiqué en La República (“Economía, a 40 grados y más a la sombra”). El artículo fue consecuencia de experimentar, por primera vez en mi vida, una semana completa a más de 40 grados de temperatura, con picos de 45 grados.
Desde entonces, las canículas (olas de calor extremo) se han seguido repitiendo en buena parte de Europa, América del Norte, Asia, con una serie de secuelas: sequías generalizadas, incendios forestales que se siguen multiplicando, flora, fauna y sectores productivos devastados, como el agro, poblaciones confinadas, un número creciente de personas fallecidas como consecuencia de las altas temperaturas. Según la prestigiosa revista científica The Lancet, las olas de calor extremo matan en todo el planeta 490 mil personas al año, convirtiéndose en el evento climático más letal, incluso más que los huracanes y las inundaciones.
Los científicos y expertos en los temas del clima, que hasta hace muy poco eran llamados despectivamente por los grandes medios y los grupos de poder económico y político como “ecologistas alarmistas”, han recordado que todo lo que está pasando en Europa y en buena parte del planeta ha sido anunciado con detalle y rigor hace décadas en decenas de reportes publicados, ampliamente difundidos en foros y cumbres mundiales del clima.
No olvidemos que, hasta hace algunos años, el actual presidente de los Estados Unidos afirmaba, sin ningún empacho, que: “El concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos para que la manufactura de los Estados Unidos no sea competitiva” y que la narrativa de la crisis climática era la “mayor estafa de la historia”. Líderes empresariales de industrias cuestionadas, como las de hidrocarburos, minería, automotriz, etc., y gobernantes, sobre todo de extrema derecha, le han dado cuerda a este tipo de afirmaciones, pese a todo lo que viene pasando.
Lo cierto es que las evidencias son cada vez más contundentes. El director del prestigioso Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, Carlo Buontempo, señala que las temperaturas que estamos alcanzando son las más cálidas de los últimos 100,000 años, lo que significa que ya hemos entrado a territorio desconocido.
Las proyecciones de los grupos de científicos que alertaron lo que ahora estamos viviendo anuncian un calentamiento de 2 °C en 2035 y de 3 °C en el 2050. Si se cumple esta proyección, tendremos temperaturas de 50 °C en el 2035 y hasta 60 °C en el 2050, lo que significa que, en el 2050, el 60% del planeta sería inhabitable para los seres humanos.
El sobregiro de la Tierra
Sin embargo, nada serio se está haciendo para enfrentar el sobreconsumo ecológico, ni a nivel global ni en los países. Siete de los nueve límites planetarios ya han sido sobrepasados: cambio climático, integridad de la biósfera, flujos biogeoquímicos, cambio en el uso de suelos, uso de agua dulce, acidificación de los océanos y la introducción de nuevas entidades, como la acumulación de sustancias químicas sintéticas y plásticos.
Un reciente informe publicado por Global Footprint Network y Greenings señala que se viene registrando “el mayor exceso de emisiones jamás producido, y aun así la mayoría de países siguen sin estar preparados”. Estas instituciones denominan el Día del Sobregiro de la Tierra al momento “en el que la demanda de la humanidad sobre la naturaleza supera la capacidad de regeneración de los ecosistemas terrestres en ese año”. En el informe de este año, el día del sobregiro ocurrió el pasado 30 de julio, lo que significa que estamos “utilizando” la naturaleza “un 73% más rápido de lo que los ecosistemas pueden regenerarse, lo que equivale a vivir de 1.73 planetas Tierra”.
La base de datos de Global Footprint Network nos muestra la evolución del sobregiro desde 1972 a 2026. Lo que aparece sombreado de color naranja en la figura que acompaña este artículo es el momento en que el consumo supera la capacidad de regeneración del planeta. Como se puede apreciar, 1973 fue el primer año en el que se registró un sobregiro en el mes de diciembre; 20 años más tarde, el sobregiro comenzó a ocurrir a partir del mes de octubre, luego en agosto y, este año 2026, por primera vez ha sido en julio.
El análisis también se hace por país, bajo el siguiente concepto: el día del sobregiro de un país muestra la fecha en la que se produciría el sobregiro de todo el planeta si todos viviéramos como la población de ese país. En el informe por país de Global Footprint Network, Qatar encabeza la lista, marcando el 4 de febrero como el día de sobregiro, seguido de Luxemburgo (17 de febrero), Singapur (23 de febrero), Kuwait (3 de marzo). En el otro extremo se ubican Honduras (27 de noviembre), Camboya (25 de noviembre), Ecuador (12 de noviembre), Nicaragua (6 de noviembre) y Túnez (5 de noviembre). En el Perú, el día del sobregiro ocurrió el pasado 12 de agosto.
A estas alturas queda claro que ya hemos perdido el clima que conocíamos hasta hace poco y lo que se está viviendo en buena parte del planeta en estos últimos años es una suerte de adelanto de lo que pasará en el futuro, aunque cada vez con mayor dureza. Como señala Jean Marc Jancovici, experto francés en temas de calentamiento global, el dióxido de carbono, que es el principal gas de efecto invernadero (GEI), es químicamente estable una vez que se instala en la atmósfera, lo que significa que no se va fácilmente. Y al dióxido de carbono hay que sumarle otros gases de efecto invernadero, como el metano y el dióxido nitroso.
Por lo tanto, si quisiéramos parar el calentamiento del planeta tendríamos que detener las emisiones de GEI y eso no está pasando. Basta constatar que las emisiones del año pasado han sido las más altas de toda la historia: según la propia Agencia Internacional de la Energía, el sector energético es el principal emisor (73%), con la quema de combustibles fósiles para industrias, transporte, etc. Solo un ejemplo a propósito del transporte: el pasado 23 de julio ha sido el día de mayor número de vuelos en toda la historia, con un registro de 153,359 despegues y se proyecta que al 2050 la cifra se duplicará. ¿Hay algún ánimo de cambiar esta tendencia?
Como señala Global Footprint y Greenings, a pesar de “este exceso de consumo, casi ningún gobierno nacional considera la seguridad de los recursos como una parte central de su planificación económica, incluso cuando el exceso de consumo ecológico alimenta la estanflación, la inseguridad alimentaria, las crisis sanitarias y los conflictos”.
¿Alguien se anima a decir o a reconocer que hay trayectorias económicas, productivas, que seguíamos hasta hace poco y que ya no podremos seguir en el futuro? ¿Qué economistas, políticos, líderes empresariales y hasta miembros de la academia se animan a colocar estos temas en el debate público de nuestro país? La naturaleza no está separada de la economía, es su fundamento.
¿Qué lecciones sacamos de las olas de calor? ¿Qué lecciones de los Niños, costeros y no costeros? ¿Qué lecciones de lo que acaba de ocurrir en Nepal? Dejemos de llamarlos fenómenos naturales. Son eventos climáticos extremos, para nada naturales. Como alguien ha dicho: “el clima no está loco, lo hemos vuelto loco”.