Jeff Mills: el alienígena que fundó el techno
Ya ha soplado 63 velas, pero nadie en la música electrónica tiene más aura que Jeff Mills. Pionero indiscutible del techno, marcó el máximo de intensidad con las tormentas sonoras de Underground Resistance y luego se convirtió en un maestro experimental cuyo pulso no decae cuando acaricia la edad de jubilación. "Todavía hay trabajo que hacer", declaró hace unas semanas, aludiendo a su propia trayectoria y también a la tarea de preservar el género musical que ayudó a construir. "El escapismo está bien", explica, pero lamenta que el techno se haya vuelto previsible, "demasiado introvertido", con DJs jóvenes que mezclan "un sonido muy parecido durante toda la noche". Eso es todo lo contrario de su estilo, que construye con máxima precisión, sobre una habilidad de ambidiestro que le permitió entregar sesiones sobre fragmentos de 30 segundos y manejando hasta cinco platos, como muestra el hipnótico DVD "Exhibitionist" (2004), que publicó Advanced Music, sello del festival Sónar de Barcelona.
Mills nació en Detroit, Michigan, Estados Unidos, en 1963. Su padre era ingeniero civil y su madre modelo y ama de casa. A los diecinueve años consiguió trabajo en una radio de la ciudad y se dio a conocer como The Wizard ("El mago"). Pinchaba sobre todo hip-hop y música de baile, pero los directivos de la emisora le dieron presupuesto para moverse por toda la ciudad e informarles de qué nuevos sonidos se cocían entre el público más joven. Mills comenzó a pinchar en clubes antes de tener la edad legal para entrar. "Me metían a escondidas, ponía mi música y me sacaban por la puerta de atrás", recuerda.
Comenzó a hacerse un nombre con Underground Resistance, una guerrilla de techno extremo y firme estrategia anticomercial. Vestían ropa militar oscura, con los rostros tapados y creían en la brutalidad sonora como escape a la opresión. Estaban influidos por las ideas de libros como "El shock del futuro" (1970), de Alvin Toffler. En su manifiesto fundacional se describían como "un movimiento que busca el cambio a través de la revolución sónica", atacando a la industria “como ciertas frecuencias sonoras rompen el cristal". También advertían de su plan de ataque: "El techno es una música basada en la experimentación; es la música para el futuro de la raza humana. ¡Los llamados animales primitivos y las tribus humanas conocen esto desde hace miles de años! Urgimos a todos los hermanos y hermanas del underground a crear y trasmitir los tonos y las frecuencias sin importar cuan primitivos son sus medios. ¡Transmite este sonido y causa estragos en los programadores! Larga vida al underground ", proclamaban.
Se ha convertido ya en un tópico decir que la música de Jeff Mills sería perfecta para comunicarse con extraterrestres (incluso tiene cara de marciano). Lo mismo escribe una pieza inspirada en los anillos de saturno que inventa nuevas bandas sonoras para "Metropólis" (1927) o "La mujer en la luna" (1929), obras maestras mudas de Fritz Lang. Este año Mills está celebrando el 30 aniversario de "Live at the Liquid Room" (1996), su memorable sesión en Tokio, considerada una de las más perfectas de la historia. Mítica también fue su gira "Medium" (2003), donde reivindicaba las frecuencias y ritmos templados, proyectando frases de artistas e intelectuales en defensa de los matices y del color gris. Su himno más conocido, la adictiva "The bells" (1997), ayuda a comprender que su trabajo siempre ha sido transportarnos a otras dimensiones espacio-temporales (así en la tierra como en el Cosmos).
Hubo acontecimiento de su infancia que marcó su forma de mirar el mundo. Era el verano de 1963 y estallaron unos sangrientos disturbios raciales en Detroit. La ciudad se convirtió en un campo de batalla, hasta el punto de que los patios de los colegios eran utilizados como helipuertos para las fuerzas del orden. “Además era verano y costaba mantener a seis chicos encerrados en casa”, recuerda. Entonces su padre decidió llevarse a todos a ver la exposición universal de Montreal, dedicada al futurismo. El contraste entre la violencia de unos Estados Unidos todavía racistas y las posibilidades de la tecnología -viajar en monorraíl, las instalaciones multimedia interactivas, los edificios de vanguardia…-, quedó grabado a fuego para siempre en su cerebro infantil. Y así se forjó su visión de artista.