Alcaraz se une al show de la noche neoyorquina, derrota a Faria y se cuela en la tercera ronda del US Open
El turno de noche del US Open es puro espectáculo: luces, el DJ pinchando clásicos a todo trapo, los cocktails o la señora que atrapa una bola que va a la grada y se pone como loca de contenta porque se la puede llevar a casa. Hay ruido, mucho ruido, demasiado para un deporte que se suele jugar en silencio. Es como un concierto de rock, pero los protagonistas de verdad llevan raquetas en lugar de guitarras, y pocos solistas encajan tan bien en este show como Carlos Alcaraz, triunfal en su partido de segunda ronda contra el meritorio portugués Jaime Faria (4-6, 6-0, 6-3 y 6-2). "Las condiciones cambian mucho aquí del día a la noche. También la grada, es pura electricidad y me encanta", dijo después el número tres del mundo.
La mejor noticia para el tenista español es que cada vez se habla menos de su muñeca derecha, que le ha tenido los cuatro últimos meses y medio fuera de las pistas por una lesión delicada. Pese a que todavía luce protección en la zona, Carlos ya es Carlos sin más, no el Carlos que está recuperando el ritmo tras el parón. Se nota que echaba de menos estar ahí.
Faria llegaba al encuentro en un buen momento e intentó creer en sus posibilidades. “Personalidad”, le decía su entrenador. Y él se mostraba muy activo, con la intención de enseñar al defensor del título que no le tenía miedo. Estaba suelto con la raqueta y apoyado en su primer servicio se llevó un primer set muy igualado, con opciones para ambos. Alcaraz comenzó bien, pero todavía tenía que ajustarse. Empezó su rival pillándole en un par de subidas, pero el español terminó con un porcentaje altísimo de puntos ganados en la zona de ataque: 24/30. También falló la primera dejada y repitió el gesto ya sin bola. Después vendrían algunos de esos tiros exitosos.
Si en su estreno ante Safiullin todo fue rodado, verse con el marcador en contra fue tener por primera vez dificultades desde su regreso. También sufrió en el primer juego del segundo set, pero después el murciano se convirtió en el solista del concierto. Encadenó ocho juegos consecutivos para endosar un cero en el casillero de su rival en ese segundo parcial y arrancar con un break el tercero. Faria todavía tenía destellos, pero cada vez le costaba más, especialmente cuando no jugaba con primer servicio. El español castigaba su segundo saque y ganaba confianza desde el fondo. En ocasiones se olvida que Carlos tiene un revés muy bueno y muy sólido, pero es porque lo nubla su imponente derecha. Este es el golpe clave de su tenis y durante la lesión de muñeca le dolía cuando lo ejecutaba, pero tiene fe en lo que le dice su equipo. Y su equipo le dice que todo va bien, que vaya con todo sin miedo, por eso el “drive” coge velocidades de locura otra vez. Finalizado el tercer set, también preguntó a los suyos si tenía que comer o no y después tuvieron una charla larga porque Faria había ido a cambiarse. La humedad empezaba a ser insoportable, con los dos tenistas con las camisetas empapadas.
El paso por el vestuario no mejoró el panorama del portugués. Los gestos de confianza con los que había empezado el choque los fue cambiando por otros más melancólicos, con la cabeza agachada y resoplando. Mientras, Alcaraz sacaba el puño o mostraba los dientes con cada derecha ganadora, con cada globo o cada volea imposible de esas en las que incluso le felicita el oponente.
Alcaraz ya está en la tercera ronda, donde le espera el chino Yibing Wu.