Astudillo, comprándose el Ministerio, por Mirko Lauer
Como un recurso para salvarse de la censura, el ministro César Astudillo ha entrado en una estrategia de plata como cancha: US$1.300 millones (soles en otra versión) para combatir a la delincuencia. ¿De dónde salió esta brillante idea? Que se sepa, el problema de la PNP no es falta de dinero, sino la falta de planes efectivos frente a las bandas criminales.
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¿Qué destino podemos imaginar para esa suma? Lo primero que viene a la mente es la compra de armamento, pertrechos, vehículos, sueldos y cosas similares que la PNP ya tiene, y que no le han servido de mucho en estos años, a juzgar por las cifras. La institución ya tiene un presupuesto de, digamos, US$4.000 millones para el 2026.
Las respuestas a la interpelación de Astudillo no convencieron, pero a la vez, ni el Gobierno ni la oposición se han tomado la molestia de revelar el contenido de ese interrogatorio. Solo sabemos que la guerra al crimen fue el centro del discurso de Keiko Fujimori en la ONU, pero Astudillo, extrañamente, no fue incluido en la delegación.
Quizás fue por su declaración según la cual Óscar Arriola no podía ser retirado de la jefatura de la PNP antes de dos años. El hombre salió en pocos días, dejando en su reemplazo a un oficial cercano. A la luz de eso, su negación de que el relevo de Víctor Revoredo y el asesinato de la candidata Polo son casi una acusación.
Astudillo es un hombre de declaraciones que se mueven entre lo banal y lo infeliz.