La banca del futuro cabe en el celular, pero debe caber también la seguridad
Así como resulta inverosímil concebir una sociedad sin escuelas, hospitales o un sistema judicial, también es difícil imaginar una economía moderna sin un sistema bancario sólido y eficiente. La banca cumple funciones esenciales: resguarda los depósitos de los ciudadanos, distribuye recursos mediante el crédito y la inversión, facilita los medios de pago y contribuye a la estabilidad monetaria y financiera.
El mercado financiero costarricense posee una característica particular: conviven bancos estatales y privados, cooperativas de ahorro y crédito, mutuales y otras instituciones financieras. Esta diversidad genera competencia, pero también exige una supervisión especializada que preserve la estabilidad, eficiencia y confianza del sistema.
Uno de los principales retos de la banca moderna es la acelerada digitalización de la economía. El aumento de las transacciones electrónicas, las compras por Internet y el uso de teléfonos inteligentes está transformando la manera en que los ciudadanos se relacionan con las instituciones financieras.
La banca tradicional, caracterizada por numerosas sucursales, atención presencial, uso intensivo de documentos impresos y procesos físicos, está dando paso a un modelo híbrido y digital. Actualmente, los clientes demandan acceso a servicios financieros las 24 horas mediante computadoras, teléfonos celulares y otros canales electrónicos.
Esta transformación permite realizar cada vez más operaciones sin acudir físicamente a una sucursal: apertura de cuentas, transferencias nacionales e internacionales, pago de servicios, depósitos, contratación de seguros, gestión de tarjetas y presentación de reclamos, entre otras.
Costa Rica ha avanzado en esta transición. En 2024, el 73% de los costarricenses utilizaba tarjetas de débito, frente a un 69% que todavía recurría al efectivo. Sin embargo, el proceso de digitalización también plantea nuevos desafíos.
El segundo gran reto es la ciberseguridad. La expansión de los servicios digitales ha venido acompañada de un aumento de los fraudes y las estafas informáticas. Según los datos citados del Organismo de Investigación Judicial, en 2025 se registraron 33.153 denuncias por fraude, un 9% más que el año anterior. De estas, 10.059 correspondieron a estafas informáticas.
Estos datos muestran que modernizar la banca no significa únicamente trasladar los servicios físicos a plataformas digitales. También implica fortalecer los sistemas de seguridad, proteger las bases de datos, evaluar permanentemente los riesgos y mejorar la educación financiera de los consumidores.
El desafío para los bancos costarricenses es, por tanto, construir una banca digital que sea simultáneamente eficiente, accesible y segura. La tecnología puede reducir costos, facilitar el acceso a los servicios financieros y mejorar la experiencia del cliente, pero sus beneficios pueden verse disminuidos si no se acompaña de mecanismos eficaces contra el fraude y de una mayor educación financiera.
Costa Rica necesita continuar avanzando hacia una banca moderna e híbrida, capaz de combinar la innovación tecnológica con la confianza y protección que los ciudadanos esperan del sistema financiero.
El futuro de la banca no será únicamente digital. Será digital, seguro, eficiente y centrado en las necesidades de las personas.
Viviana Machado Barquero es economista y asesora de seguros.