El icono por excelencia del fabricante británico diversifica su propuesta para responder a las exigencias del mercado actual. En su modelo más reconocible, el Mini de tres puertas, la marca ofrece dos alternativas mecánicas bien diferenciadas: por un lado, la receta tradicional con motor de gasolina y, por otro, una variante 100% eléctrica concebida para la era de la movilidad cero emisiones. Dos caminos distintos que comparten el mismo ADN de diseño y espíritu dinámico. El Mini Cooper de gasolina esconde bajo el capó un bloque de cuatro cilindros y 2.0 litros sobrealimentado. Entrega una potencia de 204 CV que se transmiten a las ruedas delanteras mediante una caja de cambios de doble embrague con siete marchas. Marca en la báscula un peso en orden de marcha de 1.360 kg e incorpora un depósito de 44 litros. En cuanto a consumo, registra cifras muy ajustadas, con 5,4 l/100 km en trayectos interurbanos y 7,2 l/100 km en ciudad. En aceleración desde parado, completa los 1.000 metros en 26,62 segundos. Por su parte, la variante 100% eléctrica se levanta sobre una arquitectura concebida específicamente para coches eléctricos. Equipa un motor de 218 CV alimentado por una batería de 54,2 kWh de capacidad. Su peso se eleva hasta los 1.600 kg por la presencia de las baterías en el suelo del vehículo. Admite recargas en corriente continua hasta 95 kW (11 kW en alterna) y declara una autonomía teórica de 391 km (aproximadamente 350 km reales), destacando por un consumo muy contenido de 13,9 kWh/100 km en carretera y 9,8 kWh/100 km en ciclo urbano. Al acelerar en el sprint de los 1.000 metros hace un tiempo de 27,90 segundos, condicionado por su tope de velocidad ajustado a 170 km/h (registro que alcanza en apenas 15,0 segundos al cruzar los primeros 400 metros). A nivel de bastidor, ambos cuentan con esquemas de suspensión independiente en los dos ejes. En pista, la entrega de par inmediato de la versión eléctrica compensa el lastre de las baterías, mientras que la versión de gasolina resulta más ágil de dirección y entrega la potencia de forma más progresiva. Junto a las versiones estándar, la gama incorpora diferentes acabados y series limitadas que ponen el foco en el legado de la marca: Paul Smith : paquete de diseño creado en colaboración con el modista británico. Suma colores específicos de carrocería (Statement Grey, Inspired White y Midnight Black Metallic), junto con detalles decorativos en llantas, zaga y pasos de puerta inspirados en sus habituales patrones de color. Serie Oxford: edición conmemorativa limitada a 150 unidades para el mercado español. Celebra el cuarto de siglo de producción de la era moderna de la firma bajo la tutela del Grupo BMW en la fábrica británica de Oxford, e incluye motivos gráficos de la bandera británica, franjas exclusivas y llantas de diseño propio. Victory Edition (1965): serie de perfil deportivo limitada a solo 65 ejemplares en España, asociada a la variante de 231 CV. Es un tributo al triunfo de la marca en el Rallye de Montecarlo de 1965 portando el dorsal 52. Luce el tono Chili Red en combinación con franjas blancas, vinilos con el número de competición y la inscripción del código de la matrícula del coche de carreras original (AJB44B). Con un diferencia económica en torno a los 1.000 euros entre la versión de gasolina de 204 CV y la variante eléctrica de 218 CV, la elección depende del patrón de uso. El modelo eléctrico destaca como un vehículo idóneo para entornos urbanos y de extrarradio por la inmediatez de su respuesta y el bajo coste por kilómetro, mientras que la versión térmica sigue siendo la referencia para quienes primen la contención de peso, las tiradas largas por carretera sin paradas de recarga y un tacto de conducción tradicional.