Carmen Thyssen-Bornemisza Cervera ha comenzado a dar los pasos que podrían marcar su futuro. A sus 20 años, la hija de la baronesa Thyssen empieza a perfilar el papel que le gustaría desempeñar en la conservación de uno de los legados artísticos más importantes del país. Lo hace sin prisas, mientras estudia Derecho y descubre cómo transformar lo aprendido desde niña en una responsabilidad que, llegado el momento, le gustaría asumir. Su aparición en la portada del número de noviembre de 'Harper's Bazaar España' supone, además, una oportunidad para conocer a la joven que hay detrás de uno de los apellidos más reconocidos del mundo del arte. En una entrevista con la revista, Carmen habla de su infancia, de la estrecha relación que mantiene con su madre y de las expectativas que acompañan a una herencia que va mucho más allá de lo económico. «Es una responsabilidad que me gustaría asumir en el futuro», reconoce al referirse a la posibilidad de implicarse en la gestión de la colección familiar. Una declaración que llega en un momento especialmente significativo, con Tita Cervera alejada de los compromisos públicos mientras continúa recuperándose de la neumonía que sufrió el pasado mayo. Carmen ha crecido rodeada de obras de arte y con una maestra en casa. Su madre le ha transmitido desde pequeña la pasión por la pintura y la importancia de desarrollar una mirada propia. Entre los recuerdos que comparte con Harper's Bazaar destaca una subasta en la que la baronesa la felicitó por su buen ojo al identificar una pieza. Aquel comentario le hizo tomar conciencia de cuánto había aprendido a su lado. Ahora, mientras continúa su formación académica, empieza a plantearse qué supondría asumir un papel activo en la conservación y gestión de la colección. Para ella, heredar no significa limitarse a custodiar lo recibido, sino comprender el valor cultural de ese patrimonio y la responsabilidad que implica mantenerlo vivo. «Recibes algo sabiendo que, en realidad, no te pertenece únicamente a ti», explica en la revista. Y añade una reflexión que resume su manera de entender el legado: «Cada generación debe poder aportar algo propio y dejar también su huella». No se trata, por tanto, de reproducir exactamente el camino de su madre, sino de encontrar la forma de contribuir a una historia que comenzó mucho antes de su nacimiento. La joven tampoco reniega de su apellido. «Me han enseñado a llevarlo con orgullo, pero también con responsabilidad y respeto», reconoce en Harper's Bazaar. Sin embargo, tiene claro que la historia familiar no debe convertirse en un molde. «Lo importante es valorar esa historia sin sentirme condicionada por ella y encontrar mi propia manera de darle continuidad». Detrás de la futura heredera hay también una joven que conserva recuerdos domésticos de su infancia. Carmen recuerda cuando se escondía en el armario de Tita Cervera para probarse sus zapatos, una escena que hoy contrasta con la complicidad entre ambas a la hora de compartir prendas y construir su estilo personal. De su madre admira «su firmeza, su capacidad de superación y, sobre todo, haberme enseñado a defender mi propio criterio», confiesa en la entrevista. Una enseñanza especialmente valiosa para alguien que ha crecido bajo la mirada pública y que ahora comienza a definir su propia identidad. Cuando habla de sus prioridades, Carmen también se aleja de los tópicos asociados a su posición. Preguntada por el verdadero lujo, responde: «El tiempo, sin duda». Poder despertarse sin prisas, disfrutar de los suyos y preservar algunos momentos de la exposición pública son privilegios que valora especialmente. La aparición de Carmen coincide con una etapa delicada para su madre. El pasado 6 de mayo, Tita Cervera fue trasladada a la clínica Teknon de Barcelona por una neumonía, que la mantuvo ingresada cerca de dos semanas. Tras recibir el alta, la baronesa quiso tranquilizar sobre su estado y aseguró: «Nada de lo que dicen es cierto», antes de precisar que seguía «con la recuperación de la neumonía». En junio, Evelio Acevedo, director gerente del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, confirmó que «se está recuperando», aunque matizó que «necesita tiempo y necesita descanso». Desde entonces, la baronesa ha mantenido un perfil discreto, pasando el verano en su residencia de Sant Feliu de Guíxols. En este contexto, las declaraciones de su hija adquieren una dimensión especial, aunque no apuntan a un relevo inmediato. Carmen sigue estudiando y reconoce que todavía se pregunta qué camino quiere seguir. Lo que sí parece tener claro es que su formación y el conocimiento adquirido junto a su madre serán fundamentales si algún día decide asumir mayores responsabilidades.