Entrégueme las llaves de su casa
“Cuidado, hay niños”. Esta señal, junto al camino de la capilla, saluda al visitante a la entrada de la Colonia de Camorritos. Es un remanso de paz en plena naturaleza a las afueras de Cercedilla donde a partir de 1920 se empezaron a levantar chalets. En total, 78, cada uno con su estilo, su arquitectura y una época plasmada en sus muros. Pero no hay rastro de menores en más de dos horas de paseo por estas calles, en realidad caminos sin asfaltar con algún recuerdo de las últimas nevadas. Apenas tres vehículos y un par de vecinos. Enrique Castells, 60 años, anda por allí como si fuera una enciclopedia sobre la colonia. Se lo conoce al dedillo. Sus padres, sus abuelos y su bisabuela disfrutaron del lugar en su momento, y él ha recorrido esos caminos desde que era un crío y jugaba con la pandilla a coger murciélagos en una cueva o a correr frente a la “casa de la bruja”, la que tiene una forma similar a la del cuento infantil de Hansel y Getrel. Camorritos es singular. Por lo hermoso del lugar y porque los vecinos llevan tiempo algo más que inquietos por una concesión que les ha caducado ahora. Ellos insisten en que no es una concesión. Que son propietarios. Que son sus casas y sus terrenos. Y que es su historia.