La reprimenda de Raphael a la población
El primero en divertirse en «El Hormiguero» fue Raphael. El estallido del Coronavirus le pilló en Latinoamérica. «Salí sin ser consciente de nada hacia Colombia. En el aeropuerto, nos recibieron señalándome con el termómetro, y no sabía para qué era. Me desperté a la mañana siguiente y me enteré de que el concierto estaba cancelado así que no tuvimos más remedio que volver a casa. Desde entonces no he salido», contó.
El hormiguero 3.0
«Estoy muy triste hoy. La gente no quiere darse cuenta, no va con ellos. Tampoco es tan difícil guardar una distancia. Mételo en la cabeza, por favor. Estoy triste porque además le veo un remedio muy a largo plazo. Como la gente no se de cuenta del problemón que tenemos, no vamos a poder hacer nada», reflexionó. «Cuando me trasplantaron, cuando abrí los ojos, fui consciente de mi nueva realidad. Llevo 18 años cantando por todo el mundo y no me ha vuelto a pasar nada. Hago lo que tengo que hacer, lo que debo hacer. Si le dicen que vaya a dos metros, ve a dos metros. Ojalá me equivoque», añadió.
El cantante aseguró que «no sabemos qué es el coronavirus ni nos lo cuentan». Además, Raphael bromeó sobre la oleada de nuevos runners que hemos visto. «Está todo el mundo corriendo. ¿Hay algún premio importantísimo al final? ¿Aquí hemos hecho tanto deporte siempre?», dijo con sarcasmo. «Me río por no llorar», añadió.
Sobre el futuro, Raphael tiene claro que no importa si los auditorios pueden abrir al 100% o al 30%. «Nací para ser artista. Que sea para 10 personas o para 10.000, yo estaré. Estoy grabando en mi propia casa el disco y te lo iré a presentar por noviembre. Lo estoy preparando para la celebración de los 60 años en el escenario», comentó antes de despedirse.
Más música
La segunda invitada de la noche fue Chenoa. La cantante habló de su boda, la cual ha tenido que retrasarse. «La íbamos a celebrar en junio, pero vamos a tener que aplazarla», aseguró. Pero también quiso secundar a Raphael y no dudó en recordar su pasado para ejemplificar lo consciente que debe ser la población ahora mismo. «Yo nací en Argentina. Estaba la dictadura y pasé las Guerras de las Malvinas. Salimos con una mano delante y otra detrás, hasta que llegamos a Mallorca. Allí vi como mis padres trabajaban día y noche para poder pagarlo todo. El espíritu de lucha se mama en casa. Es un muy buen momento para ver que podemos hacerlo. Esta generación lo va a tener muy presente», aseguró.