Apuesta por una Ruta de la Seda con menos impactos
En el tablero geopolítico contemporáneo, Kazajistán ha asumido un papel cada vez más estratégico como puente entre Oriente y Occidente, especialmente en el marco de la iniciativa china de la Nueva Ruta de la Seda, conocida como Belt and Road Initiative (BRI) y lanzada justamente en este país centroasiático por el presidente chino Xi Jinping en 2013.
Sin embargo, lejos de limitarse a ser un mero corredor logístico, Kazajistán busca redefinir su papel incorporando criterios de sostenibilidad y desarrollo equilibrado, una visión que externó en la Cumbre Ecológica Regional 2026 (RES 2026) celebrada esta semana en Astaná.
La presencia de seis jefes de Estado en Astaná elevó el peso estratégico del encuentro. El anfitrión, Kassym-Jomart Tokayev, compartió con sus homólogos Shavkat Mirziyoyev (Uzbekistán), Emomali Rahmon (Tayikistán), Vahagn Khachaturyan (Armenia), Ukhnaagiin Khürelsükh (Mongolia) y Mikheil Kavelashvili (Georgia), configurando una fotografía política que refuerza la idea de Asia Central –y su entorno ampliado– como un bloque dispuesto a coordinar su respuesta ante los desafíos comunes.
La posición del Gobierno kazajo frente a la Ruta de la Seda se caracteriza por un delicado equilibrio entre oportunidad económica y responsabilidad ambiental. Por un lado, la iniciativa liderada por China ha permitido modernizar infraestructuras, dinamizar el comercio y consolidar a Kazajistán como un nodo esencial en las cadenas de suministro entre Asia y Europa. Por otro, el creciente impacto ambiental asociado a grandes proyectos de transporte, energía e industria ha obligado a replantear los modelos de desarrollo.
En este contexto, la RES 2026, impulsada por el propio Ejecutivo kazajo en colaboración con Naciones Unidas, se presenta como una plataforma estratégica para alinear la expansión de la Ruta de la Seda con los principios del desarrollo sostenible.
Para Kazajistán, esta convergencia es clave. El país no solo es la mayor economía de Asia Central, sino también uno de los territorios más extensos del mundo, con una geografía que lo convierte en paso obligado para los corredores terrestres que conectan China con Europa. Esta posición le otorga una ventaja competitiva evidente, pero también una responsabilidad creciente en la gestión de los impactos derivados del tránsito de mercancías, la construcción de infraestructuras y la explotación de recursos.
La participación en Astaná de estos seis presidentes y representantes de alto nivel de otros países vecinos, subraya que los desafíos vinculados a la Ruta de la Seda –desde la gestión del agua hasta la seguridad energética–, no pueden resolverse de forma unilateral.
La cooperación regional se convierte así en un requisito indispensable para garantizar la viabilidad a largo plazo de los grandes corredores económicos. «La naturaleza puede existir sin geopolítica, pero la Tierra no puede existir sin la naturaleza. Nuestros países comparten ecosistemas, ríos, paisajes y riesgos climáticos. Y, lo más importante, compartimos responsabilidad. Asia Central y las regiones vecinas enfrentan desafíos ecológicos comunes», dijo Tokajev durante el discurso inaugural de la cumbre.
Puente con China
Uno de los aspectos más relevantes en este debate es la transición energética. Kazajistán, tradicionalmente dependiente de los combustibles fósiles, ha comenzado a impulsar proyectos de energías renovables, especialmente en los sectores eólico y solar. Esta apuesta no solo responde a compromisos climáticos internacionales, sino también a la necesidad de garantizar la sostenibilidad de los corredores energéticos vinculados a la Ruta de la Seda.
Integrar fuentes limpias en estas infraestructuras es visto como un paso imprescindible para reducir la huella de carbono del comercio intercontinental. La dimensión hídrica es otro factor crítico. Muchos de los corredores de la Ruta de la Seda atraviesan regiones con recursos hídricos limitados o compartidos entre varios países. La gestión eficiente del agua, uno de los ejes centrales de la RES 2026, se convierte así en un elemento clave para evitar tensiones y asegurar la viabilidad a largo plazo de los proyectos.
La RES 2026 también ofrece una oportunidad para reforzar el papel de Kazajistán como interlocutor entre China, Europa y los países de Asia Central. En un momento en que la sostenibilidad se ha convertido en un criterio central para las inversiones internacionales, el país busca diferenciarse promoviendo una Ruta de la Seda más verde, capaz de integrar crecimiento económico y protección ambiental. La magnitud de los proyectos asociados a la iniciativa china implica riesgos y la clave estará en la capacidad de los países de la región para establecer estándares comunes, supervisar su cumplimiento y garantizar que los beneficios económicos no se produzcan a costa del medio ambiente.