Las joyas de Studio Ghibli, Premio Princesa de Asturias 2026
El universo de Studio Ghibli ya forma parte del patrimonio sentimental de varias generaciones. La concesión del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026 reconoce no sólo la excelencia artística de la mítica productora japonesa, sino también su capacidad para convertir la animación en un lenguaje profundamente humano, poético y universal. Fundado en 1985 por Hayao Miyazaki, Isao Takahata y el productor Toshio Suzuki, el estudio ha construido una filmografía donde conviven la fantasía, la melancolía, el ecologismo y la memoria histórica.
Hablar de Ghibli es hacerlo inevitablemente de "Mi vecino Totoro" (1988), probablemente su obra más icónica y el filme que convirtió a Totoro en símbolo cultural global. La historia de las dos hermanas que descubren criaturas mágicas en el bosque sigue conservando intacta su mezcla de inocencia y asombro. Muy distinta, aunque igual de influyente, es "La tumba de las luciérnagas", dirigida por Takahata ese mismo año. Pocas películas animadas han retratado con tanta dureza las heridas de la guerra y la fragilidad de la infancia.
La consolidación internacional del estudio llegó con títulos como "La princesa Mononoke" (1997), una ambiciosa fábula ecológica sobre el choque entre naturaleza y progreso, y sobre todo con "El viaje de Chihiro" (2001), la obra maestra de Miyazaki que ganó el Óscar a mejor película de animación y se convirtió en un fenómeno mundial. La aventura de la niña atrapada en un balneario de espíritus resume muchas de las constantes del estudio: protagonistas femeninas complejas, mundos fantásticos y una mirada profundamente humanista.
A partir de ahí, Ghibli encadenó películas convertidas hoy en clásicos contemporáneos. "El castillo ambulante" mezcló pacifismo y fantasía "steampunk"; "Ponyo en el acantilado" reinventó el cuento infantil desde una sensibilidad acuática y luminosa; y "El viento se levanta" ofreció uno de los relatos más maduros y melancólicos de Miyazaki, inspirado en el diseñador de aviones Jirō Horikoshi.
El estudio también ha dejado joyas menos mediáticas pero fundamentales, como "Susurros del corazón", "Nausicaä del Valle del Viento" -considerada por muchos el germen espiritual de Ghibli- o "El cuento de la princesa Kaguya", la delicadísima despedida artística de Takahata.
En los últimos años, cuando parecía imposible volver a sorprender, Miyazaki regresó con "El chico y la garza", una obra tan enigmática como autobiográfica que confirmó que Ghibli sigue siendo un territorio aparte dentro del audiovisual contemporáneo. Más que una productora, el estudio japonés se ha convertido en una manera de mirar el mundo: con imaginación, tristeza, ternura y esperanza a partes iguales.