Leo Rizzi, cuando el fulgor de las flores es lo más viral
Con «Amapolas» logró eso con lo que sueña todo artista joven, especialmente hoy en día: un tema viral (acumula más de 300 millones de reproducciones en Spotify) que sirva de atajo hacia la fama. Bueno, pero no todos los jóvenes ambicionan lo mismo, o al menos ese no fue el caso de Leo Rizzi (1998), músico nacido en Ibiza y criado a medio camino entre Uruguay y Valencia, que lanza este viernes su nuevo trabajo, «La belleza de las flores» (Warner), un disco largo y conceptual que da la espalda a los mandamientos de la época. «Este disco está teñido del aprendizaje de atravesar una viralidad, sin duda. Porque después de eso te sucede, te preguntas qué hacer. Es una situación muy golosa, porque tienes la sensación de que si haces según qué fórmulas, puedes conseguir dinero infinito. Y en esa lógica puedes ser usado por otros para sus intereses, o, peor tú mismo convertirte en un empresario que busca desesperadamente ese éxito. En mi caso, decidí refugiarme en ser lo más honesto posible conmigo mismo, porque, si quieres encajar con el sistema te vas a convertir en una tuerca sin alma», dice como si tuviera veinte años más de los que atestigua.
Su nuevo trabajo está inspirado por el pensamiento de Byun Chul Han (filósofo que recibió el año pasado el Premio Princesa de Asturias): «Encuentro en esa lectura un refugio, una tradición que hay que recuperar. Su pensamiento crea un manifiesto que es valioso, que defiende refugiarse en la belleza, en lo genuino y lo natural, en lo que nos permite estar en paz con nosotros. Recomiendo su lectura porque defiende que el ser humano se debe a lo sagrado. Poder festejar, celebrar, vivir y cantar sin depender solo del trabajo», explica Rizzi, que se revuelve contra la imposición social de encontrar la felicidad en el rendimiento, incluso en el tiempo libre. «El disco habla del momento de mi vida en los últimos años. De dejar de ser niño para ser adulto. Habla de cómo quiero ser y quién quiero ser. Y también, sí, lanzo palabras al aire que van dirigidas a personas concretas y que necesitaba pronunciar. Tenía que hacerlo para poder liberarme. Para deshacer nudos», explica el artista, que apenas arranca, como si fuera Siddharta («su lectura me ha influido mucho»), un camino largo y tortuoso en la industria musical.
En el álbum destaca «Aquí nadie se puede morir», en la que colabora con Santi Balmes (Love Of Lesbian). Ojalá fuera eso verdad. «Para mí lo es. Si algo me ha hecho darme cuenta de este camino, como Sidharta, que he recorrido, es que, cuando dejas tu huella como persona en el mundo, te quedas en él durante mucho tiempo. Creo de verdad que no desapareces cuando alguien se acuerda de ti. Y que, aunque nos quieran matar, nuestra voz seguirá viviendo mucho tiempo. Cuando nos vamos, dejamos en otras personas».

