Romerías, ferias y cruces: la «no» campaña andaluza
Recuerda un destacado dirigente del PSOE un dicho que suele repetirse en Andalucía por estas fechas: «En el mes de mayo, con flores a María». Después de la Semana Santa, que paraliza al unísono a las ocho provincias de toda la región, este periodo, marcado por las devociones marianas, es sin duda el más festivo, con un carrusel de celebraciones en los distintos pueblos andaluces que se echan a la calle con las sucesivas ferias, cruces y romerías.
Juanma Moreno decidió apretar el botón electoral en una época en la que el tiempo cobra otra intensidad. Pasa la vida a un ritmo acelerado por la intensidad del momento. Preferiblemente alegre.
Desde la Cuaresma hasta hoy, los andaluces andan entregados en sus ratos libres al disfrute de las tradiciones, pura vida a pie de calle. En San Telmo reconocen cierta intencionalidad en un adelanto «táctico» que pilló desprevenido al personal: cuando el presidente andaluz y candidato a la reelección pensó en el 17 de mayo para ir a las urnas lo hizo a sabiendas de que podía pasar exactamente lo que está pasando: que la campaña electoral se ha situado, más bien, en un segundo plano.
Desde entonces hasta hoy, la contienda se ha desarrollado sin sobresaltos. Ni fu, ni fa. La precampaña estuvo marcada primero por las cofradías. Los candidatos se recorrieron cada una de las ciudades andaluzas para hacer acto de presencia y fotografiarse entre devotos, pasos y tronos, con el hándicap de que no hay quien compita por el protagonismo del Cristo o la Virgen de turno. Por mucha sonrisa que se ponga. O por muy conocido que uno sea.
Resucitado el Señor, llegó la Pascua con su Feria de Abril en Sevilla, escenario concurrido donde los haya y al que cada año acude una buena representación de políticos con la clara finalidad de dejarse ver. Con mayor intensidad esta vez, pero con la misma problemática de siempre para los dirigentes: cualquiera intenta colocar un mensaje entre los careos de unas sevillanas.
A los fuegos artificiales en el real hispalense les sucedieron las salidas de las primeras hermandades de Gloria. Hasta la localidad de Andújar, en Jaén, se desplazó el candidato del PP para ser un costalero más debajo de las andas del paso de la Virgen de la Cabeza, que atesora una historia de siglos.
Entre abril y mayo, los meses del amante andaluz según las coplas y versos de Rafael de León, no hay semana en la que no caiga una romería, una cruz de mayo o una feria en algún rincón andaluz. Un contexto idóneo para reclamar el voto con más «age». Será lo mismo buscar apoyos en una caseta adornada por los farolillos y ambientada con rebujito que en mítines que, tradicionalmente, se llenan con los militantes de los partidos.
Sabe el PP que las campañas las carga el diablo y que quien parte como favorito es quien más tiene que perder. Además, que el objetivo de Moreno desde el principio ha sido espantar las temáticas nacionales que más puedan movilizar el voto de sus contrarios. Salvo los agravios a Andalucía por la financiación catalana, el presidente andaluz apenas ha mentado alguna polémica que tenga lugar de Despeñaperros para arriba.
El caso más paradigmático es la regularización masiva de inmigrantes, comodín preferido de Santiago Abascal, que cabalga a lomos de su «prioridad nacional». También es cierto que el candidato popular cuenta con una ventaja: la dirección nacional de su partido le brinda una cobertura para todo lo que tiene que ver con Madrid. Le ocurre lo mismo a la aspirante socialista: María Jesús Montero.
Aun así, la intención del PP en Andalucía era bajar los decibelios de la política y subir los de las rumbas, para llegar de puntillas hasta el «día D». Moreno ha diseñado una campaña muy similar a la de las anteriores autonómicas, con la salvedad de la fecha, que le obliga a trastocar el calendario, con paradas adicionales.
Teniendo por delante el reto de revalidar nada menos que una mayoría absoluta por delante, el que más puede perder es el líder popular. Así se explica que no quiera jugársela más de la cuenta. En este caso, ocurre lo contrario: pierde quien arriesga. Las fiestas de primavera, pues, representan para Moreno un capote con el que torea los días que restan hasta la noche decisiva.
¿Para qué debatir?
Tan pocas ganas tiene Juanma Moreno de celebrar una campaña de altos vuelos que ha terminado por repudiar los debates electorales. Superado el primero de ellos, en Televisión Española, el candidato popular comentó que se le dan «mucha importancia» cuando, en realidad, a la ciudadanía tampoco parecen despertarle «interés» en demasía.
De hecho, él compartió cómo los percibe desde el ruedo: «Al final uno cuenta una milonga, el otro no sé qué... Yo no lo veo ordenado». Este lunes, turno para el desempate en Canal Sur después de un primer asalto que no cambió en nada la carrera electoral.