Paco Roncero: «Cuando empecé a correr pesaba 120 kilos»
«Hacer deporte es mi liberación total. Y hacer deporte de larga distancia a mí me ha ayudado muchísimo, tanto en mi vida personal como en el trabajo», confiesa el cocinero Paco Roncero en uno de los campamentos de la Titan Desert Marruecos. La de este año ha sido su primera participación en la carrera, aunque antes ya había competido un par de veces en bicis eléctricas, con menos días de competición y etapas más cortas
«La disciplina, el sufrir, el ser fuerte y poder con cada etapa me hace tener la cabeza bien amueblada. Y por eso hago maratones o hago Iron Man. A mí me ayuda muchísimo», asegura. Aunque su carrera deportiva ha sido tardía. «Cuando empecé a correr pesaba 120 kilos», recuerda. «Un día corrí ocho minutos, otro 12. Y sentí tanta liberación que empecé a correr maratones. De hecho, a los nueve meses corrí el primer maratón. Y llevo casi diez», recuerda.
Pesaba 100 kilos cuando corrió ese primer maratón. «Una burrada». Ese camino que va de pesar 120 kilos al Iron Man no lo ha recorrido solo. «Una burrada». Y a partir de ahí empecé a hacer larga distancia. «Hay otra parte importante que es mi mujer. Ella fue atleta profesional y cuando tengo ese día que me cuesta, ella me anima a salir. Entrenamos juntos, y hacemos todo juntos. De hecho, ella no ha venido aquí porque se ha hecho Chicago, Tokio y Boston, así del tirón los tres maratones. Y lo va a dejar para el próximo año», cuenta Roncero.
A él también le costó llegar a la Titan Desert. «Me operé del menisco en septiembre. No se me recupera, no me deja correr. Y de eso que te desmotivas un poco. He estado ahí que hasta última hora no sabía qué hacer. Y no he entrenado mucho», explica. Pero en el deporte de larga distancia encuentra un terreno que le permite limpiar su cabeza. Y a veces, hasta la inspiración. «Cuando entreno, sobre todo cuando nado, ahí es donde desconecto al ciento por ciento. Y donde muchas veces se me ocurren un montón de ideas. Corriendo no, al final siempre corres con gente. O aquí también estás con gente. Y aquí tienes que tener la cabeza puesta en las bajadas esas que han sido mortales. Pero sí es verdad que entrenando se te ocurren mil ideas porque tienes mucho tiempo. Imagínate cuando me pego 400 largos en una piscina de 20 metros. Imagínate el tiempo que hay ahí para pensar. Pero aquí creo que es mejor tener la cabeza en lo que ocurre en la carretera», reconoce.
Roncero, como los cocineros de su generación, se encontró con la fama sin necesidad de buscarla. «Nos ha venido solo y lo hemos lidiado cada uno a nuestra manera», reconoce. Las nuevas generaciones son diferentes. «Buscan ser mediáticos. Nosotros fuimos los primeros y las marcas nos venían, la tele nos venía y nos fuimos haciendo según venían. Nosotros no sabíamos cómo funcionaban estas historias y quizás nos costó mucho más que a los que vienen ahora. Pero se nota muchísimo que la gente joven ahora está deseando ser mediática y antepone ser mediático a ser cocinero. Y para mí eso es un gran problema, sobre todo para el futuro», lamenta el chef.
Con el tiempo, Roncero y sus compañeros de generación han ido cambiando su manera de ver la cocina. «El problema del menú degustación no es que tengas 25, 30 o 35 platos. El problema del menú degustación es lo que tardes en comerte esos 35 platos. Yo odio estar sentado tres horas comiendo. Y me he metido en restaurantes y me he tirado, no tres, me he tirado cinco, seis, siete y ocho horas comiendo. O sea, yo he llegado a entrar a un restaurante a las 3 de la tarde y me he ido a la 1 de la mañana. Y eso sí que no, yo eso no lo concibo», argumenta. «Yo tengo un menú de 25 platos, pero mis clientes comen en 1 hora 45 minutos. La historia es llevar un buen ritmo y servir varias cosas de vez en cuando a la vez, pero sobre todo llevar ritmo. Si tú comes en 1 hora 45, te da igual que te den 25 platos, que te den tres. Porque peor es que te den tres platos y tardes dos horas en comer. Porque haces la digestión entre plato y plato», dice.
Roncero no es un apellido demasiado común y la coincidencia hace que a veces le confundan con el periodista Tomás Roncero. «Sobre todo en Twitter, de vez en cuando me llega un mensaje «¡Hijo de puta, no sé qué! Y ya le tengo que escribir, que te estás confundiendo, que no soy yo. Y entonces dicen ‘‘joder, perdona, que creía que eras Tomás’’. De eso me ha pasado así de veces, pero no te imaginas cuántas», afirma.
Y antes de despedirse para descansar antes de la próxima etapa, sólo queda una duda. «¿Cuánto aceite hay que echar a un bocadillo?». «Litros. Litros. Mira, yo tengo un lema, y es que cuando tú creas que le has echado ya suficiente al bocata, échale un poco más que no le va a ir mal».