Los chavales que correteábamos por Carabanchel en los ochenta , concretamente por la margen derecha de la parte alta de General Ricardos, solíamos detenernos en seco al pasar por delante de un grafiti en la calle Ramón Serrano que mostraba el contorno silueteado, hueco y sin rostro de un melenudo tocando la guitarra. No era nada más que eso, no había ninguna palabra pintada a su lado, pero tenía un halo de misterio que nos hizo estar preguntándonos durante años qué sería aquello, quién sería ese tipo. El enigma se resolvió tiempo después, en el patio del cole, cuando el chaval más chuleta de la clase se acercó al ver que andábamos intercambiando casetes de AC/DC: «Eso está muy bien, pero coño, ¿no escucháis a Leño?». Ese nombre llevó al de Rosendo , y al descubrimiento de que era el personaje del grafiti y de que vivía muy cerca de donde estaba pintado, en la Avenida de Fátima. Instantáneamente pasó a ser un mito, nuestro mito. Aunque ahora reside la mayor parte del año en el pueblecito burgalés de Montorio, el autor de 'Este Madrid' sigue dejándose caer por el barrio que lo vio crecer, y que sin ninguna duda es un personaje más de la biografía del músico más trascendental del rock español. Así es como se ha plasmado en la reedición ampliada de 'Rosendo. Quiero que sueñes conmigo' , un libro que recorre su vida a través de una recopilación de fragmentos de entrevistas que realizó a lo largo de más de dos décadas para libros, documentales y entrevistas en radio, prensa y televisión, reorganizadas en un único diálogo interesantísimo y tremendamente revelador que disecciona al personaje con una precisión y profundidad inéditas y ya seguramente insuperables. Los periodistas Kike Babas y Kike Turrón son los autores de esta obra que salpica el texto con multitud de material gráfico de extraordinario interés, que en esta edición ampliada cuenta con 32 páginas extras de cómics (a cargo de Marta Yuls, Nando, Azagra y muchos otros ilustradores...), además de 400 fotografías (de maestros como Domingo J. Casas , Ramón del Precinto, Lucía de Andrés, Jesús Ordovás o Mikel Masa, entre otros), y material promocional de todas las épocas de su carrera. Que arranca, por supuesto, en las calles de Carabanchel. El pequeño Rosen vivió en Lavapiés hasta los cuatro años, y al llegar a su nuevo hogar le pareció que era «todo campo», como describe en el comienzo del libro. «Allí terminaba todo. Decíamos, «vamos a Madrid». Y al cruzar el Manzanares ya era Madrid. Detrás de mi casa solo divisaba tierra, una vasta extensión de campo, justo hasta que llegabas a Carabanchel Alto. La cárcel se veía desde mi casa . Aquello era un pueblo». No es descabellado afirmar que aquellas vistas debieron dejar huella en su forma de ver el mundo, igual que su curiosa afición a contemplar cómo su padre trabajaba en su piso de Fátima. «Era zapatero y me molaba verle currar. Yo estuve unos cuantos meses en casa porque tenía un desarreglo en el corazón (...) Resultó ser una especie de soplo y me prohibieron correr y jugar, y estuve unos meses de reposo. Mi padre tenía el taller en el comedor, y los vecinos subían a darle los zapatos. Él en realidad trabajaba en la limpieza del metro por las noches. Por el día hacía chapucillas a los vecinos y a mí me molaba ese rollo artesano que tenía la reparación del calzado. Mi padre me decía que ni le mirara, que no aprendiera aquella para nada, que me buscase la vida con cualquier otra cosa menos con los zapatos». Lo de acabar cumpliendo el deseo de su padre empezó a gestarse muy poco tiempo después, antes de cumplir los diez años. Por entonces cantaba en el coro del colegio Salesianos y se pasaba el día fabricándose guitarras de cartón . Su abuelo Rosendo, de quien le viene el nombre, vio que le gustaba la música y decidió regalarle una de verdad que, a pesar de estar hecha una pena, le enganchó lo suficiente como para comprarse una decente con la primera paga de su primer trabajo. Con catorce años formó su primer grupo con colegas del barrio, Yesca, y luego vino Patata Química y después Fresa, que le permitió dejar de trabajar un tiempo y dedicarse en exclusiva al rock, un cambio que se consolidó cuando la formación evolucionó en 1974 al convertirse en Ñu, cuyo primer trabajo fue, ojo a este dato, ser la banda de acompañamiento de Jeanette en su fulgurante etapa gloriosa de 'Porque te vas'. Dos años después Rosendo formó Leño , que es donde empieza la historia supuestamente conocida por todos, pero que siempre ha encerrado asombrosos secretos y apasionantes anécdotas que, en este libro, se desmenuzan de la forma más auténtica y fidedigna posible: de boca de su protagonista, el músico que sentó las bases del rock español más genuino, el más respetado de todo el género en su lengua, el vecino de Carabanchel que se convirtió en el héroe de barrio que inmortalizó aquel grafiti. Prólogos de Moncho Alpuente, Nancho Novo, Josele Santiago (Los Enemigos) y Kutxi Romero (Marea) culminan el arsenal de atractivos de esta edición de lujo de tapa dura con más de 300 páginas a color dedicado a Rosendo, un volumen tan entretenido como esclarecedor, y que desde luego no puede faltarle a nadie que admire las maneras de vivir del mito del rock 'madri-leño'.