Tío Pepe: el gran ausente del 15-M
Repasando quince años después las fotos del 15-M, uno repara en quién fue el gran ausente entre los indignados que acamparon en la Puerta del Sol: se trata del Tío Pepe, cuyo emblemático cartel anunciador en la céntrica plaza madrileña fue retirado del tejado del antiguo Hotel París debido a la restauración del edificio, hoy una tienda Apple, apenas unas semanas antes de que los manifestantes se asentaran allí. El luminoso del vino fino de González-Byass fue instalado en 1936 coincidiendo con el centenario de la bodega jerezana. En sus noventa años de historia sólo se ausentó tres años de Sol, los que transcurren entre la primavera de 2011 y la de 2014, cuando fue reubicado en el número 11 de la misma, coincidiendo su retirada con el inicio de las protestas de los indignados.
Hoy, tres lustros después del 15-M, apenas queda nada de aquella utopía ibérica, de aquella primavera árabe madrileña: quizás solamente las malas formas populistas que introdujo Podemos –decantación política de los indignados–, y que otros actores adoptaron, en los parlamentos. Sin embargo, el símbolo de Tío Pepe, emblema de la cultura popular española junto al toro de Osborne –ay, «Jamón, jamón»–, persiste impertérrito –«viendo pasar el tiempo»– contemplándonos bajo el ala de su sombrero cordobés desde su lugar privilegiado en la plaza donde se cifra el kilómetro cero de España.
Del kilómetro cero al «Kilómetro Sur»
No precisamente desde el kilómetro cero, pero sí desde el [[LINK:INTERNO|||Article|||69f5d3209c451100074cccd3|||«Kilómetro Sur»]] –canción de «indie español» interpretada por [[LINK:TAG|||tag|||63361bac59a61a391e0a1b31|||Juanma Moreno]] en casi todos sus mítines– es desde donde empezó el presidente de la Junta de Andalucía la campaña electoral para las autonómicas andaluzas del próximo 17-M, una votación que vive su recta final en paralelo a la celebración de la Feria del Caballo de Jerez de la Frontera –de sábado 9 a sábado 16 de mayo– donde, cómo no, el protagonista es el vino fino y más concretamente el de Tío Pepe –cuidado con confundir por estas latitudes el fino con la manzanilla–.
Así, durante estos días casi todos –sino todos– los candidatos a la presidencia andaluza, de [[LINK:TAG|||tag|||6336176187d98e3342b26f8c|||María Jesús Montero]] a [[LINK:TAG|||tag|||63361a9aecd56e3616932717|||Antonio Maíllo]], se dejan ver por la feria jerezana y puede que más de uno se vaya de la lengua –se haga un «[[LINK:TAG|||tag|||63361b3659a61a391e0a1a31|||Florentino Pérez]]»– precisamente a cuenta del vino fino que riega esta fiesta bajoandaluza y suelta la «sinhueso».
«Sol de Andalucía embotellado», reza el luminoso de la Puerta del Sol, del que jamás podremos decir «Sol de Andalucía indignado» porque dio la casualidad de que por fortuna no sale en las fotos de aquel 15-M, a las que ya –dada a la velocidad que va todo (menos los trenes de alta velocidad)– le vemos una pátina sepia y un ligero olor a rancio de una política de «Que no nos representan» y «Sí se puede» que caducó en menos de una década; mientras, impasible, Tío Pepe sigue ahí a sus 90 años recolocándose la chaquetilla y ajustándose el sombrero cordobés: decantando elecciones. Representa así la persistencia de lo cultural frente a lo político. Lo eterno y lo efímero.