Juanma Moreno: «Me quita el sueño perder la libertad y la independencia que tenemos»
«Presidente, vamos 20 minutos tarde». Mira el reloj. «No jodas. Me cago en la… esto sí que me da ansiedad, ¿ves tú?». Córdoba. Jueves. A las diez y veinte de la mañana, Juanma Moreno tacha de la agenda el tercer compromiso.
Quedan trece horas de jornada y: la visita a una ganadería en el Valle de los Pedroches, para reunirse con mujeres ganaderas y fotografiarse con Blanca, nieta de la difunta Fadie, vaca talismán que, en realidad, sí estaba muerta; tres entrevistas seguidas, un paseo por los patios floridos, saludar a un señor cuyo hijo murió por la enfermedad piel de mariposa y al que ha conocido por una llamada del call center de su equipo; un encuentro con jóvenes universitarios y, finalmente, una última entrevista en los estudios de Canal Sur, en Sevilla.
Bañada de primavera, la ciudad se despereza con las claritas del alba, y al cuerno con los prejuicios. Después de un buen desayuno en el hotel donde hace noche, el presidente de Andalucía y candidato del PP en las elecciones del próximo domingo pone rumbo a la delegación de la radio pública española. Llega diez minutos antes de las nueve para conversar, seguidamente, con Juanra Lucas y Àngels Barceló. Las únicas citas que han sido puntuales.
Finiquitados los interrogatorios sucede una cosa curiosa: Moreno se cruza con el secretario general de su partido, Antonio Repullo, oriundo de Córdoba, que también ha tenido entrevista con la delegación cordobesa de Radio Nacional. Después de darle un abrazo, bromea: «Quillo, ¿cómo ha ido la cosa? No habrás metido la pata, ¿no? ¡A ver si ahora se nos va a ir esto al traste!».
Baja un primer piso por las escaleras. En el descansillo hay una limpiadora, a la que saluda con efusividad. A dos policías nacionales que aguardan a pie de calle les estrecha la mano. Y pone rumbo al Círculo de la Amistad, club señero.
¡Quién lo diría! A escasos metros, hace más de una década, La Sexta hizo un experimento con Moreno: le puso a un doble para testar su popularidad. Los dos pasaron igual de desapercibidos. Ahora, no hay trayecto que no interrumpan los viandantes. Una foto, y otra.
En el jardín del Círculo, donde los limoneros trepan por las paredes encaladas y los pájaros corretean por los magnolios, se produce el momento de más calma: un café debajo de un azulejo que conmemora que fue ahí donde un grupo de andaluces, participantes de la Asamblea de Córdoba del 33, redactaron el primer anteproyecto de bases para el estatuto de la región.
Relajado, Moreno reconoce que las campañas son un poco el día de la marmota: «Una parte, sí. Al final, tendemos muchas veces a hacer lo mismo y a repetir los mismos mensajes». De todos modos, él cree que su campaña es distinta. «Hemos sido más innovadores. Hemos utilizado quizás mucho más las redes sociales, cosas nuevas… para ser más eficaces».
Es el caso de «Kilómetro Sur», la canción que tiene su propio videoclip. «Un tributo», explica. «Nosotros siempre tenemos una melodía de campaña y es difícil elegir entre tantos buenos artistas cuál poner. Porque siempre tienes que optar por uno. Así que decidimos hacer nuestra propia canción. Fue una decisión mía… yo le pongo voz al tema. Quedó muy bonito y he de reconocer que, para mí, ha sido lo más divertido».
–No se ha enfadado entonces Manuel Carrasco.
–No, no, no. ¡No ve competencia ninguna! (Risas).
Cuando quedan ya solo escasas horas para el día de reflexión admite que lo más importante es «trasladar a los ciudadanos la importancia de retener la mayoría de estabilidad». El «gran objetivo» pasa por «ilusionar a una mayoría de andaluces, independientemente de su orientación ideológica, para que antepongan la confianza y la estabilidad a otro interés».
Sabe que su perfil ha trascendido a las siglas y que los ciudadanos que le respaldan lo hacen por «una mezcla» de talante, gestión y propuestas. «Al final, cada uno vota por una razón. Hay una conjunción. Lo que sí llevamos observando desde hace algún tiempo es que cada vez cobra más peso el voto al candidato. Es como si se hubiera municipalizado, por lo menos en el ámbito autonómico. Cada vez la confianza se deposita más en la persona que en las siglas».
–¿Y eso por qué ocurre?
–Porque los partidos se han deteriorado mucho. Se han desgastado. PSOE, PP, no digamos Sumar, incluso Vox, que es un partido joven, empieza a erosionarse.
Lleva Moreno en el anular de la mano derecha un anillo negro y grueso que, en realidad, es una unidad de sueño. Echa un vistazo al móvil y le marca en rojo desde hace días. «En campaña, tengo un déficit… No duermo ni un día más de cuatro horas y media o cinco. Me ha regañado ya un par de veces. Pero no puedo hacer otra cosa».
–¿Le quita el sueño no sacar la mayoría absoluta?
–Me quita el sueño perder la libertad y la independencia que tenemos. Y la capacidad de gestionar los intereses públicos de una manera organizada y programada. El tener cuatro años para hacer un proyecto. Al final, perder la mayoría es introducir un elemento de inestabilidad en Andalucía y eso va a repercutir en esa marca de confianza que con tanto esfuerzo nos hemos ganado.
Mucho antes de pulsar el botón nuclear de las urnas, el barón popular publicó un libro en el que reconocía que el poder llega a embriagar. A las puertas de la reválida, confiesa que la campaña le vuelve abstemio. «¡Sí, absolutamente! En todos los sentidos. Es como un deportista de élite. No pruebo alcohol. Te tiras semanas sin tomarte una copita de vino o una cerveza, el único alcohol que bebo… Pero es verdad que te vuelves mucho más abstemio en todo: te das cuenta de que eres vulnerable, de que te están examinando y de que las cosas te pueden salir bien, te pueden salir mal y son así».
El tiempo apremia. Hay que levantar el vuelo. Le hacen señas dos personas de su equipo: Rosa y Xavi, malagueño con rasgos fenicios. A ellos, y otros tantos que hoy no le acompañan físicamente, les debe «una parte muy importante» del éxito. «Sin equipos no puedes hacer nada. De manera individual no puedes llegar a ningún lado. La mitad de todo lo que consigo es gracias a mi equipo».
El trayecto hasta la localidad de Añora es una comarcal de doble sentido, veredita alegre de sol, que atraviesa Sierra Morena. Media hora más tarde de lo previsto, una señora de anciana edad y de nombre Isidora recibe al candidato popular. Hace más de medio siglo fundó junto a su marido la ganadería de El Cruce, que ahora regentan sus cuatro hijos con sus respectivas mujeres.
Es ahí donde se crio Fadie, aquella vaca talismán a la que en 2018 el líder popular casi le mendigó el voto, consciente de que no tornaba muy allá el resultado. Contra todo pronóstico, perdió y gobernó. Por si las moscas, repitió en 2022 y sacó mayoría absoluta. Y como no hay dos sin tres: obligada la parada.
La «matriarca» de la ganadería, como llaman las nueras a Isidora, está entusiasmada con la presencia de Moreno en sus instalaciones. Porque «es muy humilde y buena persona». Y, además, le concede un cambio fundamental para su sector: desde que llegó a la Junta hay menos burocracia. «Y si no fuera por el Pedrito Sánchez, llegaría más lejos...».
En El Cruce hay un centenar de personas. Algunos vecinos de las localidades aledañas, amigos de los ganaderos, alcaldes de la zona. Uno a uno, Moreno saluda a todos. Metros atrás, el dos del PP andaluz, Repullo, desvela el único secreto de la campaña: «La cercanía».
Lo corrobora Jota Carmona, estratega del partido, que pasa los días en la sala de máquinas. El candidato, explica, cuenta «con un enorme apoyo, muy transversal». Consigue «más votos de nuevos votantes, abstencionistas o de partidos distintos». El objetivo fijado es que los andaluces entiendan la disyuntiva: «Entre un gobierno fuerte, gobernado por una buena persona, o el lío y las peleas y la inestabilidad que nos quieren importar desde fuera».
José María Bellido, alcalde de Córdoba, hace de anfitrión en un acto con jóvenes universitarios que tiene lugar en un conocido local de copas. Mientras espera la llegada de Moreno, concluye que para el domingo el PP ofrece ponerle sordina al ruido de «la corrupción y los escándalos». Frente al «hastío» la oferta es que Andalucía sea «un oasis». De esto hablarán las urnas.