Vingegaard se adueña del Giro 2026 en la cima donde nació el mito de Merckx
Llegó la montaña con mayúsculas y nombre propio en el Giro 2026, y ya quedó claro que esta edición tiene un patrón. El que todo el mundo esperaba. Jonas Vingegaard añadió ayer su nombre al palmarés de vencedores en una cima como el Blockhaus, que se ha subido pocas veces en la historia de la «Corsa Rosa», pero ya encierra algunos hitos importantes de la historia del ciclismo.
El más relevante coincide, precisamente, con la primera vez que se ascendió esta peculiar cima. Corría el año 1967, es decir, están a punto de cumplirse seis décadas desde aquel día que supondría –entonces nadie lo sospechaba– un punto de inflexión para el ciclismo. Era el debut de este puerto en un contexto en el que se empezaba a introducir en el ciclismo el concepto de «final en alto». Algo que hoy parece tan asumido, en aquellas fechas resultó ser toda una innovación. La ocurrencia de unos pioneros que acabarían cambiando el formato de las grandes vueltas en este deporte.
Una de las montañas elegidas por aquella organización fue precisamente este Blockhaus. Un antiguo fortín de las tropas austríacas construido allí arriba a mediados del siglo XIX para dominar la zona desde las alturas. Los gallos de aquel Giro eran nada menos que Jacques Anquetil y Felice Gimondi. El uno, dominador absoluto del panorama mundial. El otro, ídolo nacional al que los italianos que se agolpaban en las carreteras llevaban en volandas y que terminaría ganando la carrera.
Pero ninguno de los dos triunfó aquel día. Para las crónicas de la época, había ganado un Don Nadie al que calificaban como esprinter. No llegaba a los 22 años de edad, y para sorpresa de todo el mundo se impuso en solitario por delante de Italo Zioli y del español José Pérez Francés, que aquel día salió de rosa. ¿Su nombre? Eddy Merckx. Un «esprinter» que aquel día dejó de serlo para dar paso a una bestia sobre ruedas.
Hasta entonces, el belga era un ciclista de pruebas de un día. Su nombre ya sonaba entre los corredores a tener en cuenta para ganar las grandes clásicas. Pero allí, en el Blockhaus, nació la leyenda del «Caníbal», que se hizo con la primera etapa de su vida en una gran vuelta. Acabaría ganando otras 64 más a lo largo de su trayectoria, que a día de hoy sigue siendo la más laureada en la historia del ciclismo. Nada menos que cinco Tours, otros tantos Giros y una Vuelta a España.
Otras seis veces más se había ascendido este coloso de 16 kilómetros que lleva a los ciclistas casi hasta los 2.000 metros de altura, y la nómina de ganadores no puede ser más lujosa para un gran puerto: Moreno Argentin, Nairo Quintana y, el último, Jay Hindley, que terminaría también la carrera vestido de rosa. Y, desde ayer, Jonas Vingegaard. También hubo un hombre capaz de clavar la bandera española en la cumbre de los Apeninos, nada menos que José Manuel Fuentes, el siempre añorado «Tarangu».
En 1967, la etapa duró más de siete horas. Ayer, con 224 kilómetros de recorrido, también hubo más de seis horas y cuarto de ciclismo. Vingegaard, que ya está al mando del Giro aunque todavía no vaya vestido con la «maglia rosa» de líder, batió el récord de la subida con 38 minutos y 25 segundos, superando a Nairo Quintana por más de un minuto.
Si hace seis décadas se forjó una leyenda como la de Eddy Merckx, el Blockhaus de ayer pudo ser el primer gran paso de Vingegaard para convertirse en el octavo ciclista en más de un siglo que se proclama campeón de la «Triple Corona».
En aquella ocasión, el campeón belga empezó aquí su camino. Esta vez, Jonas ha puesto la primera piedra para inscribir su nombre en el Olimpo ciclista.
Mal día para el ciclismo español en el Blockhaus
Hay dos leyes no escritas sobre la primera gran etapa de montaña de una vuelta de tres semanas: la primera, que sirve para medir quién no va a ganar la carrera. Y la segunda, pero no menos importante: que siempre hay un favorito al que se le cruza de tal manera que se deja todas sus opciones. Y eso le pasó ayer al Movistar Team y, sobre todo, a Enric Mas. El mallorquín, que ha venido a probar al Giro este año, empezó a sufrir cuando todavía faltaban nueve kilómetros para la cima y entregó casi seis minutos en la línea de meta, por lo que la pelea por la general ya no tiene ningún sentido para él. Tocará replantear objetivos para buscar victorias parciales. Markel Beloki, el mejor de los nuestros, entró 18º a casi tres minutos de Vingegaard.